4 Estrellitas. Pues sí, me gustó bastante como broche de serie, y digo broche porque es el último que escribió del mundo Malloren. Si Jo Beverley no hubiese fallecido, quizás habría seguido publicando la serie.
Llegamos a éste libro final siendo su protagonista Peregrine Perrian, el hijo menor del conde de Hernestcroff y hermano de Georgia, la protagonista del anterior libro.
Siglos atrás la rama de los Perrian se dividió en dos hermanas, en una derivó el condado, y en la otra una próspera propiedad del campo, que pasaría al condado si no quedaba ningún heredero varón con vida. Perrian Manor es ésta casa de campo y su propietario está muriendo sin descendencia. Sobre él pesa una maldición que no procurará heredero hasta que un descendiente varón se case con Claris Marrow.
Al principio de la novela, Peregrine acude a Perrian Manor por petición del primo Giles. Éste hizo infeliz a todo el que lo conoció, enfermo y a punto de morirse, aún puede urdir planes para atormentar a los vivos. En su testamento y para que Perrian Manor no pase al condado, Giles lega la propiedad a Peregrine, a cambio de que éste pase allí treinta días al año y se case con Claris Marrow para romper la maldición.
Peregrine piensa que lo de la maldición es una sarta de tonterías, y su vida en la ciudad, trabajando para el rey y el marqués de Rothgar le da el dinero y la vida que necesita. Pero siente curiosidad por la tal Claris Marrow, y como no tiene intención de casarse, no tiene problemas en proponérselo y darle a ella la casa.
Claris Marrow vive en la más absoluta miseria desde que su padre, párroco, regaló todo su dinero a la beneficencia y sin dejar nada a Claris y sus hermanos gemelos. Ahora, Claris intenta sacar adelante su casa y su pequeño huerto y a sus hermanos gemelos. Además, desde la muerte de su padre se instalaron con ella su abuela y una amiga de ésta.
Un día, acude a su pequeño pueblo el señor Peregrine Perrian y le hace una oferta escandalosa, a la cual Claris no desea aceptar. Claris no quiere casarse, no conoce a ése hombre y no quiere saber nada de él. Pero Peregrine le habla de ciertos recuerdos referente a la madre de Claris y su tía, Clarrie. Nora, su madre, le echó una maldición a Giles Perrian, debido a lo que éste le hizo a su hermana Clarrie, y esa maldición se romperá cuando un Perrian se case con su hija Claris.
Por supuesto es una serie de bobadas y ninguno cree en ellas, pero a Peregrine el trato no le disgusta y ve un deber el que Perrian Manor vuelva a la familia, así que durante unos cuántos días persuadirá a Claris para que acepte su oferta de matrimonio, ella podrá tener la casa, las tierras y el dinero que produzca y podrá darles una buena educación a los gemelos y comodidad para las dos ancianas que viven con ella. A cambio, su matrimonio será de nombre y ella sólo tendrá que soportar a Perry treinta días al año.
Claris acaba aceptando por el bien de su familia, pero una vez casados, ambos verán lo difícil que es mantener el trato que han hecho, cuando poco a poco empiecen a conocerse e intimar.
La verdad es que el libro no es corto pero pienso que lo he leído en un suspiro, me enganchó desde el principio y sus personajes principales me han gustado mucho, sobre todo Ellie, la acompañante de la abuela, y los gemelos, que me han ganado por lo que reverencian a Perry.
El romance se cuece a fuego lento y por eso creo que me ha gustado más. Cuando se conocen los protagonistas, no se gustan, Perry es un caballero de ciudad, casi un lechuguino elegante y Claris es vulgar y viste con harapos. Pero su nueva situación hará que empiecen a verse de otra manera, hasta el punto de que ambos desean consumar su matrimonio y de ahí crear un amor para el que ninguno de los dos estaba preparado.
El libro la verdad que me ha convencido. No es de los mejores de Jo Beverley y la verdad que lo de la maldición es una chorrada. Pero lo he leído rápido y lo he disfrutado, sólo me apena saber que he llegado al final, y ver a los Malloren de nuevo le ha dado un plus a la historia.