Un serie de cuentos, magistralmente escritos, haciendo énfasis en el detalle y en la sorpresa. Una muestra de la capacidad narrativa de este gran escritor . Un hombre gordo y mugriento camina por una carretera pedregosa, quiere envenenar a un perro que lo mordió; una mujer viaja a Nueva York para conocer la ciudad y visitar a su hermana, quien termina cayendo al vacío en una fiesta; una niña campesina sigue los pasos de su padre y desnuda su inocencia desde el relato violento y cotidiano; una familia recrea los delirios de un hombre viejo para viajar en su memoria. ¿Qué nos mueve? ¿Qué nos impresiona?
Tomás González nació en Medellín, en 1950, y comenzó a escribir a principios de la década de los setenta, poco después de empezar a estudiar filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. A partir de entonces no ha parado de escribir, publicando sus libros en Colombia y México. Aparte de algunos poemas y cuentos que se sitúan en Nueva York, el resto de su obra se centra en Colombia. Ha publicado las novelas Primero estaba el mar y Para antes del olvido, esta última ganadora del V Premio Nacional de Novela Plaza & Janés de 1987; la colección de cuentos El Rey del Honka-Monka; y la colección de poemas Manglares.
Me gustaron mucho dos de estos diez cuentos: “Más allá”, en el que una niña relata desde su inocencia la decadencia de su familia, y “El Expreso del Sol”, una historia tierna sobre una memoria hecha jirones y la recreación de un tren del pasado.
Los demás me parecieron neutros, nada memorables. No están mal escritos, pero tampoco tienen nada que se destaque. Quizás su problema sea un exceso de sutileza, a tal punto que parece que no pasara nada en ellos, e incluso cuando ocurren cosas (una muerte, por ejemplo) da la impresión de que no importaran mucho. Tampoco dejan la sensación de que lo esencial transcurra por debajo de la trama. No están mal, pero son un poco llanos.
Tomás González me gusta mucho y creo que es un gran escritor de cuentos. Los relatos más cortos a veces siento que les falta un poco de fuerza para que enganchen más al lector, pero aquellos más largos dejan ver con más facilidad la cadencia que caracteriza la pluma de este autor.
En particular recomiendo el cuento final, que tiene el mismo título del libro. Qué lectura más preciosa. Ese y Mujer que sale de la ventana fueron mis favoritos sin duda.
Tomás vuelve a sorprendernos con 10 historias que nos sumergen en las cabezas de sus personajes. Sólo él entiende a las personas de tal manera que puede transmitir efectivamente todo tipo de sentimientos. Aún cuando son personajes que van en contravía a mis idiosincracias, logró entender el mundo desde sus ojos. Gracias a Tomás.
Tomás González se ha convertido desde hace un buen tiempo en uno de mis autores favoritos, no sé su prosa me ha cautivado por estar llena de lugares comunes, del mar y el calor. Este libro es una serie de cuentos de personajes entrañables y algo indescifrables, historias cotidianas y algo extrañas para pasar un buen rato.
La cadencia de la narración de González y su afán en mostrar el ápice de historias que discurren más allá del del delta imaginario del lector, hacen de la pluma de este escritor una expresión indeleble de calidad literaria.
De los cuentos destacó los siguientes: 🚂 EL EXPRESO DEL SOL: Un viaje trepidante por los etéreos rieles de la demencia por cada una de más estaciones 🚉 de la nostalgia. Un imaginario decorado por las cercas de matarratón, el bochorno y el olor a río que se impregnan en el olfato de lector. 🏝 LA PLAYA SILENTE: Fiestas de vértigo e ingravidez repentina que conducen a Plácida estancia. 🏥 MUJER QUE SALE POR LA VENTANA: El enredo paranormal invade un hospital de la mano de Rita, una enferma que solo añora alcanzar su libertad. 🐄 MÁS ALLÁ: La liquidación de una ceba de terneros que el tiempo y el olvido no pudo borrar de las demandas en contra de un pícaro.
10 cuentos distribuidos en 167 páginas componen El Expreso del Sol, libro en el que Tomás González regresa a los relatos breves, luego de El lejano amor de los extraños (2012) y El rey de Honka-Monka (1987).
Se trata de 10 cuentos que no tienen conexión entre sí, aunque pueden encontrarse elementos comunes. En primer lugar, el interés del autor por construir voces femeninas, por resaltar el habla de las mujeres y en general por darle protagonismo de ellas en casi todos los relatos. Tomás González crea diversos personajes femeninos, con variaciones y matices, que van desde el humor hasta el desamor, con verosimilitud y honestidad.
Los lectores frecuentes de la obra de Tomás González encontrarán algunas geografías recorridas en otras obras: el Urabá de Primero estaba el mar; el viaje en canoa de Temporal o fincas parecidas a la que en algunas entrevistas ha descrito como su morada, en Cachipay, Cundinamarca, en donde vive hace ya varios años.
Más allá de voces o lugares, este libro está enlazado con las obras anteriores de Tomás González en ese uso sencillo del lenguaje. Palabras simples, historias comunes, que muestran la vida cotidiana sin grandes sobresaltos, con los odios y angustias familiares, con las pequeñas venganzas y los minúsculos desencantos. Se trata de relatos íntimos, del ambiente doméstico, en los que no hay oscuros misterios para develar sino vidas corrientes que le sirven al lector para entender mejor a los demás.
El Expreso del Sol es el título del último cuento del libro. Así se llamó la ruta de tren entre La Dorada y Santa Marta, que dejó de operar a finales del Siglo XX y que últimamente el gobierno ha dicho que desea reestablecer. El relato cuenta la historia de Don Rafael, quien cada año añora realizar ese viaje, y de cómo su esposa Jesusita y su hija Emma transforman su casa en un vagón de tren y sala de espera para hacerle creer a su marido y padre que otra vez está viajando. Tomás González, quién también ha escrito poesía, utiliza acá toda la potencia poética del lenguaje para darle forma a un cuento rico en imágenes, nostalgia y amor.
Pasaron más de diez años desde la publicación del primer libro de cuentos de Tomás González El rey del Honka-Monka y menos de tres desde su segunda compilación de historias cortas El lejano amor de los extraños. En esta ocasión sus historias son más breves aún que en sus excursiones previas en el género. Sus relatos recorren paisajes que al pasajero frecuente de los textos de González le resultarán familiares: la costa pacífica y atlántica colombianas, el verdor espeso de la selva, la vibrante Nueva York en los ochenta, Bogotá.
Más que en otras ocasiones, en esta oportunidad pueblan sus historias numerosas voces femeninas de un amplio rango de registros que se encargan con una eficiencia ejemplar de sumergirnos en la espesura de las narraciones en las que muchas veces alcanza a salir a flote, como pieza de un naufragio, el conflicto intestino bien antes de que se encuentre como uno solo con el superficial en el punto de no-retorno y de empujarnos con la determinación de una ola masiva pero tranquila a desenlaces que se despliegan sobre un campo pleno de múltiples emociones: finales tanto conmovedores como desconcertates y acogedores. Cuentos, los de esta colección, que garantizan sociego.
Mis favoritos están casualmente consecutivos después del primer tercio del libro: «Perros» que es un breve y potente relato sobre la inflamante fuerza de la venganza, «La casa en llamas» y su invitación al desconcierto, una ejecución precisa del encuentro entre el conflicto circunstancial y el escencial nos acompaña en «Brisa, flores», una sencilla pero profunda reflexión sobre la fragilidad y la muerte se extiende sobre «La playa silente», el reconocimiento y la condensación del egoismo vergonzoso en «Mujer que sale por la ventana» y un retablo sobre la ambición pintado con el pincel de la debilidad humana emerge en las páginas de «Más allá».
Es algo repetido con frecuencia que un autor comprometido (consigo mismo) suele componer su obra al rededor de uno o dos temas que lo obsesionan. Estos diez relatos dan buena cuenta pues de lo que parece motivar siempre a Tomás González, comprensiblemente: la maravilla del estar presente.
Tomás González sorprende por la capacidad de construir personajes, acentos, cotidianidades y ambientes tan vívidos que se funden con facilidad entre los recuerdos propios. Pareciese como si uno hubiera estado charlando amigablemente con Juliana en la habitación de la clínica, empapándose con las ráfagas de mar y viento en la lancha de Victorio, viendo a "Rita" a horcajadas en una lámpara por fuera de la ventana, o como pasajero en el Expreso del Sol, comiendo pan dulce con queso costeño.
Como lo leí en una crítica, este libro tiene la magia de dar voz a la mujer, esbozada en distintas geografías y momentos de vida, logrando ser tan versátil y, de manera simultánea, redondeando temas que jamás han de agotarse, como el amor, la autenticidad, el dolor, lo legal y lo legítimo, la felicidad, sin complicaciones de forma, con animaciones de fondo.
Reconozco en este escritor una forma de narrar hermosa. Frases escritas con cuidado, estructura bien coherente, y personajes que desprenden emociones, y mucha sencillez. El año pasado me había acercado a él a través de La luz difícil y ahora me acerco con estos diez cuentos de El expreso del sol. Me absorbieron y los leí con avidez. El cuento que más me gustó es el que le da título al libro.
Después de leerlos hay dos cosas sobre las que reflexiono no teniendo una opinión definitiva, la primera es cuando la voz de la narración en primera persona es femenina. El escritor se transforma en narradora, y en este punto me cuestiono, ¿cómo narrar lo femenino desde una voz masculina? ¿hay una usurpación allí? ¿es suficiente? ¿es incompleta? ¿es verosímil? Ahora que he estado leyendo a autoras siento que lo que hacen es definitivamente otra forma de narrar, más emocional, más íntima, muy hermosa, las preocupaciones narrativas son diferentes. Siento en las personajes de los cuentos de González que algo me falta en su voz, algo de más femenino.
La segunda cosa es algo que me aleja un poco de la narrativa de González, pero tiene que ver más con mis intereses lectores, y eso ya lo observé en La luz difícil también, y es la narración de lo servil: los personajes principales están elitizados y son atendidos por una servidumbre omnipresente: mujeres del aseo, enfermeras, choferes, porteros, cocineros. Eso no le quita mérito al texto, y sé que hay lectores que buscan ese reflejo. Pero no me atrae mucho, pues me hace pensar en una literatura con algunos tintes de clasismo y verticalidad social en la que no me reflejo. Puedo estar equivocándome, pero es la sensación que me deja.
Para aquellas personas que buscan una lectura fácil, agradable, relajada, González es muy buen compañero.
Es un libro que se lee rápido, entretenido y ligero. Realmente no me impacto mucho, ni me atrapó lo suficiente, casi no lo termino de leer.
El unico relato que resalto es el último, que tiene el mismo nombre que el libro "Expreso del sol" es una historia maravillosa, que me hizo transportarme por completo al mismo vagón del tren con los personajes. Me cautivó por completo. Lamentablemente fue el único que lo hizo.
Libro de relatos cortos, sobrios y contundentes. Un reflejo de lo mucho que hemos normalizado situaciones particulares, de la magia que parece haber en actos más que humanos y explicaciones detrás de alguna que otra pregunta fortuita que nos habremos hecho alguna vez en la vida. Un libro recomendadísimo. De los mejores relatos de Tomás González sin duda.
No logré conectarme con la lectura. Tal vez mis expectativas con Tomás González quedaron en un nivel altísimo luego de haber leído Manglares y Los Caballitos del Diablo. Puedo rescatar muy pocas historias que me llamaron la atención, la prosa tampoco es memorable. Creo que simplemente el relato corto no es su fuerte.
Es un libro muy bien escrito, al principio no conecté con los relatos cortos y como es mi primera lectura de este autor pensé que no era para mí, pero al llegar a los más extensos cambié totalmente de opinión, me conmovieron, me hicieron reír y disfruté muchísimo de la ambientación y de los personajes. Quedo con ganas de leer más de su obra.
Creo que el último relato, que es el que le da título al libro, es una joya. Recordaba que me había gustado mucho y por eso, después de varios años, decidí volver a leerlo y me volvió a encantar. Los otros relatos me gustan un poco menos, especialmente porque creo que he leído cosas mejores de Tomás González. Pero ese último es de una belleza especial.
Relatos de un buen ritmo, relatos que ingresan a la intimidad de sus protagonistas. Este libro determina que no me gusta Tomás González. Su escritura no es mi ritmo, no son mis formas.
Relatos planos, muchos de ellos sosos. No me transmitieron nada, salvo un gran bostezo y aburrimiento.
De los 10 cuentos que trae, puedo decir que muy pocos son completos, pero nada del otro mundo. Me parece q en si todos son un poco planos, me hubiese gustado ver mas relevancia, más sustancia en ciertas situaciones. Cierro este libro… me ha dado gusto cerrarlo.
Segundo novela que leo de Tomás González, luego de Las noches todas.
Mientras sondeo estos diez cuentos inconexos temáticamente entre sí, encuentro un universo basto de personajes y situaciones austeras, con una tratamiento dramatúrgico bien logrado y, sobre todo, momentos que exploran en la cotidianidad de la vida rural y citadina de una Colombia atemporal.
Creo que el único ciento rescatable es el que habla de una bomba cerca al Nogal ,todas las historias se me hicieron aburridas y olvidables No se dejen engañar por el título llamativo
This entire review has been hidden because of spoilers.
Un libro sencillo, no simple. De relatos cortos e ideas inmensas. Que retrata el amor más puro, más lleno de ternura y cercanía: el amor que se profesa a los recuerdos ajenos. Bellísimo.
Los cuentos que más me gustaron fue El Expreso del Sol, El mar sin orillas, Mujer que sale por la ventana y Flotar. Creo que un tema central en los cuentos es de la familia y la nostalgia, una nostalgia que reconoce las cosas malas y aun así las ve como parte del todo.
Un compilado de historias cortas extremadamente bien escritas que te transportan a mundos diferentes con personajes profundos, viviendo pasajes emocionalmente complejos y humanos. Vale la pena darse el tiempo de experimentarlas.
Es un libro de relatos con temáticas populares pero al mismo tiempo muy profundas. Escritos con simpleza, pero no por ello vacíos o superfluos, todo lo contrario, traen al lector una reflexión constante sobre las diversas temáticas que tiene cada cuento.
Hay varios textos que llaman mucho la atención, como: “Luz de luna sobre el agua oscura”, donde el amor y los problemas de alcohol son los protagonistas, dejando un mensaje profundo. También está el relato “La mujer que no sale por la ventana”, un cuento donde la locura es el ingrediente principal y donde los sentimientos predominan sobre la conducta humana.
Finalmente, “El Expresó del Sol”, relato que le da nombre al libro y que sin duda es el que más destaca, describiendo dos mundos paralelos entre el pasado y el presente, donde la familia toma gran relevancia, dejando al lector fascinado y con sentimientos encontrados. En definitiva un gran libro.