"voy a contar hacia atrás la historia de mi familia. Voy a narrar al revés su destino, su karma y su suerte. Voy a describir el crimen de 1976, el duelo de 1935, y todas las persecuciones que nos han hecho sentir condenados en Colombia, pero después de relatar la noche de 1989 en la que por poco nos salvamos de la muerte"
La suerte de los Silva Romero es el logro de un padre físico que lee el futuro y una madre abogada que libra a los suyos de las bajezas de la política. Pera su pasado está lleno de fantasmas: Romero Buj, el tío, asesinado por fanáticos de la lucha comunista, y Aguirre Romero, el abuelo, un estacado líder liberal que va de la gloria a la decadencia, son dos sombras que nos siguen.
Recorrer el árbol genealógico de esta familia es ver a sus padres y a sus hijos sobrevivir a nuestra Historia: de los días de la ola verde al Frente Nacional, de la toma del Palacio de Justicia al Bogotazo, esta novela avanza hacía el pasado a veces es tragedia y a veces es comedia, pero siempre una historia de amor.
Pasar las páginas estremecedoras de estas memorias es ser testigo de una familia que no se rinde ni se vende ni se deja separar.
Estudió Literatura en la Universidad Javeriana desde 1994 hasta 1998. En junio de 2000 recibió el título de Master en cine y televisión de la Universidad Autónoma de Barcelona. En julio de 2000 se convirtió en el comentarista de cine de la revista Semana. En agosto de 2000 se convirtió en colaborador constante de la revista SoHo. Desde 2001 hasta 2009, se descubrió trabajando en textos breves para publicaciones como El Malpensante, Número, A+, Artifex, Cambio, Babelia, El Tiempo, Arcadia, Boletín Bibliográfico y Plan B.
Ricardo Silva Romero es, hoy, columnista del diario El Tiempo, comentarista de cine de Semana, miembro del consejo editorial de Arcadia, redactor de la sección de televisión de SoHo y colaborador de la revista Credencial.
La verdad es que ando endeudada con la literatura de mi país, no es nada personal, solo pasó. Cuando pienso en Colombia, pienso (valga la redundancia) y siento muchas cosas, todas sublimes, muchas contrarias y contrariadas. Probablemente, de las cosas que me más preocupan es no saber qué es país o que nos hace colombianos; mi esperanza reside en la aproximación a la historia que pueda hacer, pero no solo en el compendio discursivo de la historia oficial, “la historia patria”, sino en cómo la vivimos y la interpretamos desde nuestras posiciones, cómo interpretamos y asumimos la vida aquí. Dentro de lo que llamamos la historia reciente de Colombia, había leído a Héctor Abad Faciolince, quien es el escritor que más retratos del país me ha brindado, desde el testimonio de él y de su familia (El Olvido que Seremos, La oculta), los cuales están dentro de la cotidianidad antioqueña. Y veo la historia de mi país con fascinación, con pasión, y me entero de estas experiencias de vida que me atrapan. Pero siempre me ponía un tanto tristona porque me urgía un encuentro con los acontecimientos desde una perspectiva Bogotana, no porque sufra de regionalismos sino porque adoro a Bogotá, mi ciudad; y veo como parte de nuestra cultura y tradición se van desvaneciendo, y no puedo ubicar la última vez que vi a un auténtico rolo o cachaco, a un hombre muy chirriado y una mujer chusca, ¡carachas! no puedo. Y llego a esta novela, casi por chiripa, y me encuentro con rolos y cachacos, con las calles empedradas, los lugares, con mi amada Universidad Nacional, y veo cómo dibujar la cotidianidad de un lugar es su poema más bello. Y conozco a Ricardo Silva Romero por primera vez, y no sabía de su existencia ni de “La Historia Oficial del Amor”, no lo sabía por mi ostracismo y también porque eso es lo que se llama estar desactualizada.
“Voy a contar hacia atrás la historia de mi familia. Voy a narrar al revés su destino, su karma y su suerte”.
En “Historia Oficial del Amor” Ricardo Silva Romero escribe cómo la historia de Colombia se manifiesta y es vivida por él y su familia, pero haciendo el recorrido hacia atrás; de las ramas hacia las raíces, abarcando así desde el 2015 hasta 1932. Vista así, la novela se ve ambiciosa, pero una vez novela en mano, la escritura de Ricardo Romero Silva te hace sentir cercanía y calidez, te hace sentir muy colombiano. Y logra eso gracias no solo a su escritura noble y emotiva, o a su humor (que lo tiene), sino a cómo él logra hacer de la cotidianidad de su casa, de Bogotá y del país, una sola realidad.
…”Aquí en Colombia, aunque usted no lo crea, todo el mundo es amable”…
Son muchos los episodios de este país, y desde luego Ricardo Silva no los contempló todos. Por ejemplo, llegué a extrañar “la diáspora colombiana”, el fallido proceso de paz en el Caguan, o unos renglones más dedicados a la muerte de Jaime Garzón, la cual se produce en el mismo contexto en el que asesinan al profesor Jesús Antonio Bejarano durante el gobierno de Andrés Pastrana, o de la desmovilización de los paramilitares en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Pero es que contemplarlos todos es casi imposible, y pienso que dicha omisión es porque estos hechos son los más recientes y quizás escribir la historia más reciente sea difícil y se puede caer en la mayor imprecisión y subjetividad, cosa que el autor quiso evitar.
La parte fuerte del libro es de 1991 hacia atrás. Ricardo Silva cuenta un montón de cosas y resulta ser el mejor compañero para visitar la propia historia. Personalmente, recordé cómo viví la hora Gaviria o los simulacros de evacuación en caso de bomba (aunque francamente cuando se hacían los simulacros yo no sabía si era en juego o si ya habían puesto una bomba en la escuela, e íbamos a huir de verdad) en el colegio cuando todo el país estaba amenazado por Pablo Escobar, volví a esos imaginarios de niña donde los pepes estaban todos uniformados de negro y no tenían cara, y me daba miedo el anuncio en la televisión de “se busca” con las fotos de los extraditables, recordé el repetitivo BOOM y el sonido de los vidrios al caer….Recordé “la anécdota” de mi mamá el día de la toma de palacio de justicia, ella trabajaba en el almacén de un judío en la carrera octava en frente de la Plaza de Bolívar y estaba embarazada de mi hermana. Recordé y recordé. Recordé lo que mis abuelas me habían contado de la violencia bipartidista y del bogotazo, recordé a los muertos y me di cuenta que había olvidado a algunos cuantos, y yo que creí tener buena memoria.
…” aquí hay una conjura para echar atrás la posibilidad de terminar esta guerra que no empieza ni termina sino que se transforma...”
Y también recordé los trolis, los buses amarillos y rojo, los almacenes ley, a E.T, los ositos cariñositos, atari 2600, el betamax, el VHS, eso solo para numerar unos cuantos. Y cuando me vi recordando me vi queriendo contar lo que yo había vivido o lo que sabía de mi familia, porque leer “Historia Oficial del Amor” te lleva a eso, a decir yo también sé, yo también viví, mientras tanto mi abuelita esto, mi mamá lo otro, a este ejercicio melancólico y necesario me llevó la novela y me lo gocé.
…”una familia es contar los mismos cuentos hasta que un día se vuelven ficción.”
El libro todo es una delicia. Me gustaron mucho los capítulos de “Jueves 7 de noviembre de 1985” y “Sábado 25 de diciembre de 1982”; con el primero, porque es imposible no sentir vértigo, se siente como si estuvieras con el radio cerca a la oreja amparado por una luz de vela, escuchando en tiempo real la toma del palacio, toca contener las ganas de avanzar aceleradamente en la lectura; con el segundo, lloré de ternura, lloré por mí, lloré por mi hermana, lloré por mi niñez. Hacia el final del libro, hubo algo que para mí es valor agregado, y es haber contado algo sobre los orígenes de la masonería en Colombia, me gustó eso, porque no había encontrado muchas referencias al respecto, y porque si las hay, son tratadas con el mismo rigor de “archivos X”.
De la lectura de este bio novelado me quedan muchas cosas. La primera, haberme sentido por primera vez adulta mayúscula; hasta antes de Historia oficial del amor, me parecía que mi entrada a la universidad, mi primera comunión, la presidencia de Virgilio Barco o mi libro para colorear de cuentos de Rafael Pombo, estaban a la vuelta de la esquina, hoy me siento a kilómetros de estos. La segunda, es querer retomar el pedazo de la historia que me tocó a mi y a mi familia, así como la de los otros, anónimos o no, quiero escuchar, quiero saber, quiero conocer otros fragmentos de la misma historia, por antónimos que sean, quiero leer más testimonios y más historia de mi país. Porque para mí la historia se funda en sí misma, cuando reconocemos el drama, la tragedia, la alegría de esta sobre un individuo. La historia es algo que cae sobre todos, y hacemos parte de uno de tantos poliedros, pero nos hemos encargado de reducirnos a una moneda y esa es la paz que hoy no tenemos.
La historia oficial del amor es un libro que hay que leer, porque está escrito con el corazón, porque es lindo, porque es un pedazo de nuestra historia, porque es la historia donde el amor te mantiene en tiempos de olvido y de violencia, y te recuerda que aunque anhelemos certeza, “esa extraña tentación de rezar” es porque no perdemos la esperanza.
“No se es, sino que se está feliz: es una verdad vastamente conocida. Ser infeliz es una farsa. Y tendría yo que estar pagando un karma y doblegándome a un destino trágico, que estos dos ya me han librado de ambas condenas, para no verle la belleza a esta escena”.
Durante los últimos 16 años, Ricardo Silva ha realizado una juiciosa y seria labor de escritura que ha pasado de las novelas más íntimas (Relato de Navidad en La Gran Vía, Tic, Parece que va a llover, Comedia romántica) a formas de entender, desde perspectivas distintas, el caos de Colombia (la aterradora masacre en El espantapájaros, la muerte de Andrés Escobar en Autogol, el misterio de la muerte de José Asunción Silva en El libro de la envidia, el macartismo en El hombre de los mil nombres). Y en Historia oficial del amor logra unir esas dos vertientes de su obra: a través de la historia de su familia, de sus padres y de un país que parece girar en torno a ellos (las escenas de finales de los ochenta son impecables), una serie de habitaciones (el apartamento de La Gran Vía, la casa cartagenera, la sala casi monacal donde un grupo armado determina la muerte de Alfonso Romero Buj) terminan siendo la puerta de entrada para entender, de una forma mucho más bella y más directa que en otras novelas, lo que significa ser colombiano. Sin duda, la mejor novela de Ricardo hasta ahora.
Al principio, tras leer el título del libro, pensé que se iba a tratar de una novela romántica que transcurre en la Bogotá contemporánea. Después, tras leer unas páginas, me di cuenta de que no era lo que imaginaba. El libro de Ricardo Silva si puede considerarse una novela romántica, más bien una historia amorosa, de amor por la familia, la que nos toca, pero de amor por Colombia, la que también nos toca y que todos los días nos duele. Adentrarse en esta novela es hacer un viaje en el tiempo, viajar al pasado y reconocer como, a partir de una historia familiar, revivimos esa espiral dialéctica que es la historia de Colombia, su violencia, la oligarquía haciendo siempre de las suyas en el poder y eliminando todo lo que piensa diferente. Esta novela no es solo una carta extendida de amor a la familia, sino un repaso -siempre oportuno- por la historia reciente de Colombia.
Lo único que me ha puesto a pensar esta novela y otras que tratan temas similares, como la Forma de las Ruinas, es la posición privilegiada de quienes accedemos a la educación en Colombia y, por ende, escribimos o leemos estos libros. Quedo con la intriga y la necesidad de escuchar de esas otras voces de Bogotá y Colombia; las historias de sus familias y como han vivido la historia política de Colombia desde su posición.
Me quedo con una reflexión del libro: el amor es un acto de disciplina y sí, los colombianos tenemos que ser muy disciplinados para seguir amando y seguir teniéndole esperanza a un país que desilusiona diariamente.
Del 1 de enero de 2015 al 15 de abril de 1932, así, hacia atrás, como cuando recordamos la nostalgia de nuestras vidas, Ricardo Silva Romero relata la historia de tres generaciones de su familia. Brillante instrumento ese de relatar la historia en retroceso, excelente historia de amor, violencia y política, pero especialmente, una narración brillante de la historia de nuestro país.
Eduardo Silva, Marcela Romero, Alfonso Romero padre e hijo; forman parte de la historia colombiana en el ultimo siglo, como también todos nosotros que vivimos algunos de los episodios que narra Silva Romero en esta obra. Y leer la historia de nuestro país en la voz de personas de carne y hueso que vivieron esos momentos, es podernos acercar a una historia patria que ha sido impersonal, violenta y sesgada. Naturalmente, la historia vista desde el relato familiar de Silva Romero no es la voz de la verdad, pero personalmente considero, que observar la historia de nuestra república desde muchas aristas personales como estas, nos permite construir una realidad más precisa, menos sesgada y que nos permita sanar las heridas de tantos odios larvados que se van heredando generación tras generación.
Es Colombia en un libro, con su ternura, con su humor, con su violencia, con sus mentiras que parecen verdades y sus verdades que parecen mentira. Es la historia oficial del amor: la historia de la familia Silva Romero y de muchas familias. El mejor libro que he leído en años.
La política, el duelo, la perdida, la derrota, la redención y el amor, el AMOR, son estos los temas o los lugares comunes por los que Silva Romero nos lleva a través de esta Historia oficial del amor, que según el mismo autor es la historia de sus papás, sin embargo, como ya lo dije en algún texto hace mucho tiempo este texto se convierte un en relato historiográfico que permite conocer la historia política de Colombia a través de sus personajes y sus historias.
Contada hacia atrás desde el presente y devolviéndose poco a poco, año a año, en cada fecha de lo que parecería ser un diario, se nos van contando diferentes sucesos que marcaron la vida de los protagonistas y que son definitivos para tener esta historia.
Personajes entrañables, como el amigo Germán, cuya risa me pareció escuchar entre líneas, Romero Buj y sus comentarios a media voz, Romero Aguirre y su vozarrón y por supuesto Marcela y Eduardo y su forma particular de amarse entre miradas y frases secretas.
Es un texto que permite conocer la historia política de este país, que no cambia al pasar lo años, e incluso se vuelve premonitorio cuando se afirma que en este país el destino de cualquier líder de izquierda es la muerte...
Son muchos los elementos en general que puedo mencionar de por qué le doy la máxima calificación, sin embargo, voy a mencionar el cine que acompaña a estos personajes por su constante estar llegando a algún sitio, el cine que permite que estos personajes se despojen a ratos de sus tristezas y angustias, el cine con sus frases que se convierten en pequeñas lecciones de vida para levantarse aun cuando la esperanza se ha perdido, convirtiéndose de esta manera en un personaje principal de esta historia oficial, por esto cierro este texto con la frase del señor cine que marcó esta lectura “Ningún hombre es un fracaso cuando tiene amigos” Qué bello es vivir.
Terminar este libro es despedirse de una familia que sentí conocer de cerca con ayuda de Ricardo Silva Romero. Una familia atormentada por su pasado de izquierda, por sus padres ausentes, por su necesidad de salir del país pero de quedarse y hacerlo mejor. Una familia, ante todo, amorosa. El autor nos cuenta su historia familiar, y la historia de la tragedia que ha perseguido a Colombia desde siempre.
Seguro fue difícil para Silva Romero enfrentarse a los fantasmas de su pasado, hacerse tantas preguntas sin respuesta y aceptar toda su herencia, en lo bueno y en lo malo. Seguro que sí fue difícil, pero seguro que valió la pena. Nunca existió un escritor que haya amado tanto a su familia y esas son las historias de amor que merecen ser contadas.
Ricardo Silva, a través de sus letras, nos deja echarle un vistazo a su vida, a su forma de ver el mundo, su familia, sus temores, en un lenguaje simple y hermoso al mismo tiempo. Este libro es un verdadero libro de amor, no al amor de pareja como se suele pensar. Me gustó haber descubierto este escritor.
Me encantó como el contexto de Colombia moldeó la familia de Ricardo. Seguramente nuestras familias pasaron por cosas similares pero no nos hemos tomado el tiempo para preguntar.
La historia de la familia de Ricardo es una historia sobre muchas familias, sobre un país que se repite, que parece que no aprende de sus errores y que todo vuelve a comenzar.
La idea de la estructura temporal del libro me gustó, ir desde el presente hacia atrás, sin embargo, curiosamente, la parte de la historia con la que logré hacer “clic”, fue la del pasado, del año 1980 hacia atrás, la cual sucede hacia la mitad del libro, es decir, la primera mitad no logró engancharme.
No me agradó el escenario de una gran parte del libro, la aristocracia política de este país, y segundo, tuve un problema con la repetición, a mi parecer innecesaria, de expresiones a lo largo del texto “uno por uno por uno por uno”.
Por lo demás, como su título nos cuenta, es una linda historia de amor de familia, en medio del transcurrir de este país violento.
Mi libro favorito de Ricardo Silva. Es entrañable. Una joya para leer el país desde la perspectiva de su familia en un relato al revés. Muy, muy, muy bueno.
Magnífico. Un libro escrito con el alma. Mi primer libro de Ricardo Silva y la verdad me encantó. Cuenta la historia de su familia, a través de un poco de historia de Colombia. Al final no es sólo la historia de su familia, es la historia de todas las familias en las que el motor principal es el amor.
Nos lleva de la mano por la historia de su familia, pero también por la historia de Colombia, de su política, de su violencia, de su realidad. El gran poder narrativo de Ricardo es el foco principal de esta obra que supongo se convertirá o ya es un clásico de la literatura colombiana.
La narración se inicia el jueves 1 de enero de 2015 y termina el viernes 15 de abril de 1932. Como su título lo presagia y el lector lo puede confirmar, es un historia de amor, la historia oficial de la familia de su autor, Ricardo Silva Romero, que transcurre también en una Colombia dura y difícil; de golpe sin amor.
Este relato de hechos que no tienen más de cien años y que marcaron la vida en esa franja de tiempo y sus acontecimientos principales es estructurado según lo recuerda el autor o lo investigó con sus fuentes o con el recuento de hechos, sentimientos y acciones que dejaron los miembros de su familia. Se entremezclan los eventos públicos, privados y político, las sensaciones diplomáticas o mentirosas de la prensa con las impresiones auténticas de su padres, tíos, abuelos y amigos.
Es un gran libro escrito con humor, honestidad y sentimiento. Nos acompaña a lo largo de sus descripciones con los títulos de las canciones, libros y películas que alimentaban el momento (otra forma de mostrar la historia de manera original) y nos hace sentir (al menos conmigo lo fue) como si estuviéramos reviviendo muchos momentos, inquietudes y angustias por los que pasamos; sobre todo para el lector colombiano que es contemporáneo de alguno de los personajes mencionados, como sus adorados padres, modelo y ejemplo en comportamiento y en amor, sus parientes o quizás alguno de los acontecimientos notables que sucedieron en esos 83 años transcurridos.
Es una fuente alterna a la historia oficial que ve y narra con sensibilidad y certeza lo que nos pasó en este país y cómo a pesar de lo absurdo, lo seguimos queriendo y esperando que nos dé todo lo positivo que realmente nos podría entregar. La familia es la heroína de la novela (¿será una novela?), la que se encarga de reforzar las relaciones entre sus miembros y de ayudar a comprender lo que sucede y a guardar la esperanza que todos necesitamos
Bien vale la pena leerlo. El que lo haga no se arrepentirá.
Pertenecer a una familia es heredar ciertas tragedias, derrotas y victorias previas. Historia oficial del amor es una declaración profunda y rotunda de amor a su familia: a su padre, su madre, su hermano.
La novela va desde el presente hacia atrás, entre la primera persona (testimonial) y la tercera (la ficción). Ricardo Silva Romero hace una regresión familiar y un repaso histórico de los últimos 80 años del país, del 2015 a 1930: la elecciones presidenciales del 2014, la séptima papeleta, la constitución del 91, la guerra contra los carteles de la mafia, el asesinato de Luis Carlos Galán, la toma y retoma del palacio de justicia. Las elecciones de 1970, donde le roban la presidencia al General Gustado Rojas Pinilla por la Anapo. (Alianza Nacional Popular), la murete del cura comunista Camilo Torres, la dictadura de Rojas Pinilla, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.
Al avanzar en la lectura es imposible no preguntarse si Colombia es la condena más grande a la que uno puede estar sujeto y si por el contrario, el mérito más grande es sobrevivir a esta sociedad envilecida por el dinero fácil; sociedad que en su ADN tiene el sino de la trampa y la violencia.
Empecé a leerlo con la creencia de que se trataba de un libro romántico; no me equivoqué porque este es un libro sobre el romance con y dentro de la familia, de amor con el país, de amor por la historia de la familia y del país. Muy bacana la forma de contar la historia, de "adelante pa'trás", como normalmente recordamos los hechos. «...Y puede estar reconociéndole a su vida que las cosas se terminan sin remedio. Pero también que todo sigue su marcha».
Los primeros capítulos sentí que le sobraban palabras a las frases. Después párrafos a los capítulos y por último capítulos al libro. Más allá de eso un recuento de la historia de Colombia a través de los ojos de una familia, que lastimosamente para mí, pudo haber sido mucho mejor
Con esta historia me encuentro por primera vez con el escritor colombiano Ricardo Silva Romero y lo que he encontrado me ha gustado muchísimo. En algún momento el autor habla de como todos tenemos un papel en esta novela que es la vida, algunas veces somos protagonistas, actores de reparto o antagonistas tal vez; en esta historia que es la historia reciente de Colombia, los protagonistas son su familia y a través de su vidas, que además han estado muy relacionadas con acontecimientos políticos muy importantes en el país podemos vislumbrar como han vivido a través de los años, las dificultades, los cambios de la nación, sus logros familiares e individuales, la violencia y los prejuicios a los que se tienen que enfrentar, el miedo que tal vez en algún momentos todos hemos sentido.
La verdad es que la familia del autor, en especial sus padres son unos protagonistas maravillosos, el amor que este hijo, hermano, esposo y padre siente por los suyos se trasluce en toda la narración, en cada aparición estos personajes que sabemos que son reales despiertan interés y empatía en el lector, son una familia con la que te encariñas.
La estructura de esta historia es muy particular, vamos al revés, y la verdad me parece que esta hecha de una forma brillante, como nos muestra hechos que poco a poco vamos desentrañando y entendiendo con forme retrocedemos en el tiempo, yo retrocedí en el tiempo con esta familia, con cada acontecimiento, qué pasaba conmigo y mi familia en ese momento, definitivamente todos estábamos en un mismo momento viviendo nuestra propia novela, desempeñando nuestros propios papeles. Es una historia que me sacó sonrisas y que me conmovió en momentos, me encariñe de esta pareja y sus hijos, si bien he disfrutado tremendamente la lectura, finalizando se me hizo algo pesada, tal vez porque es más política o porque estas personas que se robaron mi corazón todavía no aparecían en escena, pero el cierre de la historia me conecto de nuevo con eso que tanto me enganchó.
Ame todas las historias familiares tan detalladamente narradas en este libro. Alcance a sentirme parte de ellos, a sentir sus sentires y grandes amores y a sufrir por cada momento triste vivido. !Que título tan bien puesto! ¿Que amor puede ser más oficial que el de la familia?y que más lindo homenaje para unos padres que está historia narrada por su hijo?
Ame estas frases bellas y reales con las que me siento plenamente identificada:
“ Y que se puede hacer, me digo yo, si una familia es contar los mismos cuentos hasta que un día se vuelvan ficción.” 😭
“Yo no le veo sentido a una vida en la que los unos nos somos arrancados a los otros. Yo me niego a quitar de mi cuarto la cama de mi hermano. 😢
“Ellos si saben quien soy yo: yo no”☝️
“Yo no sabía esto de mi: que mi hermano no era una persona allá afuera que se podía ir, sino que yo la cargaba por dentro”💔
“Tenían claro que lo quiero más que lo que sé, porque hemos estado juntos en esto y en lo otro, y en el colegio y en las vacaciones, y en ese mundo y esa mitología que solo entienden quienes han tenido los mismos papás.👨👩👦👦
“Hay quienes viven para recopilar bendiciones: para compilar personas y recuerdos y respuestas a salvo de todo, cómo se recolecta cualquier cosa…. Y sabe que contar es la mejor manera de seguir con vida”🙌
“Es que las familias felices son de ahora”😥
“Yo soy Ricardo y soy Silva y soy Romero, soy yo y soy mi padre y soy mi madre, ni más ni menos que esos tres”
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Esta novela entrelaza la historia íntima de la familia Silva Romero con los capítulos más convulsos de Colombia en el siglo XX: desde la violencia bipartidista y el Frente Nacional hasta el narcoterrorismo y el Palacio de Justicia. A través de estos recuerdos familiares —tiernos, dolorosos, luminosos— Ricardo Silva Romero cuestiona la historia oficial del país y la reescribe desde el amor, la memoria y los fantasmas heredados.
Este libro entró directo a mi top 3 del año. ¡Cuánto amor y cuánta sensibilidad caben en estas páginas! Hubo capítulos que me hicieron llorar, otros que me devolvieron momentos de mi infancia y la felicidad de esa época. Me enamoré por completo de la familia de Ricardo: de su mamá y su papá, de su esposa, de Inés y Pascual… es que cada página es puro amor, un abrazo, un susurro que se queda.
Me llevo una lista enorme de recomendaciones literarias y cinematográficas, pero también una sensación profunda de deuda con mi país. Siento que necesito leer más sobre cada uno de los eventos que aquí aparecen, comprenderlos mejor, mirarlos sin miedo. También me llevo un puñado de frases para subrayar y releer, y, sobre todo, una admiración renovada por Ricardo Silva Romero, que con este libro se gana un lugar entre mis autores favoritos.
Un libro que conmueve, que desnuda, que recuerda, que sana. Y que, sobre todo, ama.
Al terminar el libro se tiene la sensación de haber conocido completamente a la familia Silva y a la familia Romero. Y es que la historia de estas familias parece estar increíblemente unida a la historia del país, no como simples espectadores que vieron los acontecimientos que marcaron el siglo XX, sino como víctimas y líderes de la trama colombiana. La idea de contar hacia atrás la historia de su familia fue bien lograda por el autor, a lo largo de la primera parte nos enteramos de sucesos familiares trágicos y dolorosos pero que apenas se nos cuentan brevemente dejándonos a la expectativa de llegar a dicha fecha.
Este libro no sólo trata del amor a la familia y la fuerza de voluntad por sobreponerse a su locura y pasión, también muestra lo que es vivir en carne propia un país vertiginoso y salvaje como lo es Colombia y esa conexión inexplicable con el mismo que impide a muchos dejarlo.
Cada quien tendrá su historia oficial del amor, una mirada en retrospectiva desde un momento en el que todo parece bien engranado.
Leer la historia de esta familia, de este país que comparto con ellos, y sentir su tristeza, su misma frustración hacia la violencia y aveces la mismas ganas de escapar. En lo simple y en lo profundo me vi en el narrador muchas veces, me sentí igual que el unas cuantas otras (me gustó tanto su personaje que lo extrañé inmensamente cuando perdió protagonismo) y al final eso es lo que me gusta de la leer, encontrarme en lo que piensa el otro y recoger nuevas ideas.
Un libro hermoso, escrito de manera súper original por escribirse hacia el pasado. Cuenta la historia biografica de la familia del autor con capitulos paralelos con historia colombia de cada época. Algunos capítulos ponen los pelos de punta y se siente estar con la oreja en la radio. Un libro que deberíamos todos los colombianos leer porque tiene mucha historia reciente de Colombia con el tinte de idiosincrasia de esta cultura.
Ricardo Silva mezcla en su narración la increíble historia de su familia y parte de la historia política de nuestro país. Cuenta cómo a pesar de Colombia, en medio de una época llena de violencia, se logró formar una familia. Además, rescato la forma del relato... inicia con el fin y te va llevando al inicio de todo.
Desde el ámbito histórico, se nota que el autor hizo un trabajo juiciosos para mirar hechos del pasado, es interesante ver cómo los personajes se relacionan con fenómenos de la historia de Colombia, como la República liberal, la Violencia, el frente nacional y el Conflicto Armado.
La propuesta de ir de adelante hacia atrás es muy interesante, la verdad llama la atención, pues se responden preguntas antes.
Sobre los personajes, tampoco me logré encariñar muchos con ellos, de pronto con el protagonista-autor.
En pocas palabras, aprecie más la novela desde un ámbito histórico y propone una forma de escribir novelas de la historia familiar de uno, que al fin a y al cabo siempre hay cosas interesantes.