Virgilio, ciertamente, se encumbró en los anales de la historia con esta magnánima obra que es La Eneida.
Podrá haber usado La Ilíada y La Odisea como base e inspiración para detallar las peripecias de Eneas, pero se nota enormemente la diferencia temporal con estas épicas.
La principal y más notoria diferencia es la casi total purga de epítetos en la obra. Esto denota que la obra fue pensada para ser leída y no recitada, como fueron trasmitidas originalmente las épicas anteriores. Pero no por ello, La Eneida, carece de calidad.
Si hay algo en lo que se puede apreciar aún más la valía poética de Virgilio, es en el lirismo de gran cantidad de pasajes en la obra. Muchos de estos pasajes no solo son bellos, sino también elaborados y detallados, dando así a la obra una hermosura y armonía pocas veces vista en la época.
Desde la devastada Troya hasta Italia, somos testigos del cantar de Virgilio siguiendo las desventuras de Eneas y el pequeño reducto de troyanos que con él se lanzaron en busca de la tierra prometida que los hados les destinaron.
En esta aventura encontramos todo lo que hizo gigantes a La Ilíada y a La Odisea, batallas increíbles con miles de personajes, y viajes maravillosos a través de soñados parajes mediterráneos.
La obra concluye con una batalla gigantesca en tierras latinas y con la muerte de Turno, antagonista, valga la redundancia, de turno.
Las Églogas en las Bucólicas son la prototípica forma de los relatos cortos o cuentos. Con destreza, Virgilio nos relata liricamente los denuedos de pastores en sus cotidianas vidas. Desde amores no concretados hasta competencias de poémas, con estas pequeñas églogas, Virgilio nos muestra la vida pastoril de la época con una belleza sin igual.
En las Geórgicas, Virgilio, haciendo uso de su lírica sin igual, nos adormece a través de incontables descripciones de cómos y por qués a la hora de cosechar distintas especies de hierbas, frutas, arboles, y sobre la crianza de los distintos animales de campo.
En resumen, las Geórgicas son la antesala para el libro IV en donde Virgilio se deleita en relatar las vicisitudes del pastor Aristeo, a quien, como fundador de la apicultura, se le enseña cómo recuperar sus perdidas abejas, y el por qué de su pérdida a proveniente de lo lamentos desahuciados de Orfeo y Eurídice por ver su maldito final congraciado.
En suma, Virgilio en estos tres libros de poesía épica, se sumergió en lo más profundo de la lírica latina dejando una huella casi inigualable y a la altura misma de los poetas épicos de la antiguedad.
Gracias, caro Virgilio, por tus cantos sobre dioses, heroes, pastores, abejas, y sanos corderos pasteando.