El fantasma en el libro es un ensayo brillante sobre uno de los oficios menos conocidosy más presentes en la actualidad: la traducción. En un mundo lleno de traducciones, sigue siendo una profesión invisible, la gran desconocida que, paradójicamente, está en todas partes: en el trabajo, en el cine, en internet, en la publicidad, en los medios, en la calle.Javier Calvo, uno de los mejores traductores literarios en España, acerca con lucidez al gran público la trastienda de una profesión apasionante en un libro que recoge tanto anécdotas sobre el pasadoy la historia de la traducción como el día a día del traductor, las circunstancias que influyen en cómo se traduce en el presente y el futuro incierto de un oficio cada vez más omnipresente y necesario.
Vivir en un mundo traducido es una realidad desde el punto de vista de cualquier rincón del mundo y desde cualquier época pasada, empezando por los elementos que componen la cultura. Las obras de teatro de la antigua Grecia y Roma ya contaban con respectivas traducciones para su difusión; la Biblia, el libro más traducido del mundo, también contaba con sus respectivas traducciones; e incluso hasta el último número de cualquier revista online cuenta con sus respectivas traducciones para su público actual. Negar que todo lo que sabemos o hemos aprendido es fruto de una traducción o un intercambio cultural es engañarnos a nosotros mismos y negar una realidad que es evidente.
Personalmente, creo que el trabajo del traductor en este contexto tan globalizado, cobra una importancia fundamental y requiere de un reconocimiento que no se le atribuye, porque el traductor no solo se encarga de transmitir un mensaje o una idea, sino que se transforma en un intermediario que debe interpretar contenido de diversas materias, y hacerse casi especialista de cada una de ellas, para cometer los menos errores posibles y que su mensaje llegue siendo fidedigno a la fuente, verídico y el proceso de traducción sea lo menos “agresivo” posible. Como conclusión: habría que recalcar más la figura del traductor en las instituciones y en todos los eslabones que componen el mundo globalizado.
«Yo pienso que la invisibilidad es intrínseca a nuestra labor; no puede ser de otra forma.» Aquí no compartiría completamente su posición. La invisibilidad va intrínseca a la labor del traductor porque, al tratarnos como “simples mensajeros para un público determinado”, se ha desvaluado y casi menospreciado la función del traductor. Estoy de acuerdo en que tiene que ser lo menos visible posible de cara al público (es decir, en el caso de una serie o película, es comprensible y justificable que no aparezca el traductor que se ha encargado del guion; también en el caso de una conferencia o un debate parlamentario como en la UE, no están a la vista) para no “perturbar” la imagen, pero eso no significa que no se pueda dar el reconocimiento merecido y, por supuesto, que no se le dé la importancia que se merece. Soy fiel creyente de que puede haber un equilibrio entre el reconocimiento público y el protagonismo.
«También me gusta pensar que somos fantasmas. Simples improntas psíquicas. Nuestro trabajo permanece en la página ya no como un vestigio, sino como un eco.» Estoy de acuerdo. Actualmente casi nadie sabría nombrar a más de un traductor vigente en algún campo como la literatura. Como si no existieran y, a mi parecer, es debido a que no se da el debido crédito a pesar de que aparezca en los créditos de algún libro o manual. Es tan pequeño y se invisibiliza tanto que pasa desapercibido.
Este libro gira en torno a un tema central: la traducción. Consta de una introducción, donde hay una frase determinante que dice “Pregúntele a algún apasionado de la literatura por los nombres de tres traductores actuales. Prácticamente ninguno sabrá contestar”. Y tiene razón, porque yo, que me considero un apasionado de la literatura, apenas se me viene a la cabeza el nombre de una traductora, Isabel Soler, y porque lo leí recientemente en alguna parte, y aun así tengo que buscar su nombre en Google para asegurarme de que no estoy equivocado.
Calvo busca en este libro reivindicar a los traductores de los libros. Yo, de un tiempo a esta parte, siempre nombro a los traductores de los libros que reseño (cuando sus originales están escritos en otro idioma diferente del español, claro). En un mundo globalizado e interconectado como el actual, nunca la traducción ha sido tan importante e imprescindible. Y por eso se encarga Calvo de repasar la historia de la traducción, desde la Torá judía, los griegos y el Imperio Romano hasta la actualidad.
Asimismo, Calvo reivindica la figura de Borges como traductor, porque fue un traductor atípico que se saltó los estándares y añadía o quitaba donde le parecía. La traducción, sigue el autor, también sufrió la censura franquista y esquivó las falsas historias que algunos traductores se inventaban y que hacían pasar por novelas de autor extranjero con traducciones suyas.
Por otra parte, hablar de traducción es hablar de lenguas extranjeras como el inglés. El dominio del inglés en la venta de libros, sigue Calvo, no se produce porque los libros escritos en inglés sean mejores, sino porque tienen un prestigio internacional y una supremacía falsa. Y de nuevo me pongo a pensar y tiene razón, porque de mis cinco libros favoritos, tres de ellos estaban escritos en inglés originalmente. Además, antes de que las tarifas bajaran, confiesa el autor que los traductores anglosajones cobraban tres veces y media más por página traducida que los españoles, lo que al final de un libro suponía una diferencia sustanciosa.
Sin duda, la traducción es una profesión que requiere mucha dedicación. Yo me acuerdo de cuando traducía textos antiguos en clase de latín y griego en el instituto. De hecho, mi punto débil en latín y mi punto fuerte en griego eran las traducciones. Yo tuve una época en que pensé en estudiar en la universidad Traducción e Interpretación, pero deseché la idea, y menos mal, aunque opté por otra que tampoco es que tenga un futuro laboral en forma de camino de rosas.
Si a alguien le interesa el mundo de la traducción, leer este libro y conocer a Javier Calvo ha de ser imprescindible.
Un libro muy interesante y útil para las personas que quieran aprender un poco más acerca del mundo de la traducción, sobre todo de la traducción literaria.
En el libro me topé con datos que desconocía totalmente y anécdotas que nunca me habían explicado. Estoy muy contenta de haber tenido la oportunidad de leer este libro, ya que no solo he podido conocer a muchos traductores y traductoras que han ido dejando su significante huella a lo largo de la historia de la traducción, sino que también he sido consciente de que dentro del mundo de la traducción también han existido «modas» que han ido definiendo qué traducción era aceptable o no, dependiendo de la época. Sin embargo, sí que conocía más aspectos relacionados con la traducción en el contexto de la censura en la época franquista, pero este libro me ha ayudado a ampliar mis conocimientos acerca del tema.
Estoy muy agradecida de que Javier Calvo haya creado esta sublime obra, ya que, gracias a ella, he podido descubrir obras, personas e historias.
Ha sido muy interesante conocer parte del mundo de la traducción literaria y cómo esta se ha relacionado a lo largo de la historia con el mundo editorial. Me hubiese gustado conocer más sobre el propio proceso en sí, cosa en lo que el autor no se detiene; y quizás el capítulo en el que se detiene a analizar la relación entre España y Latino América (y cómo las traducciones entre distintos países que comparten el mismo idioma no son bien toleradas por sus lectores) a mí se me termina haciendo bastante pesado. Pero a expensas de esto, el resto sigue siendo bastante interesante y ameno. Un título recomendado a cualquier amante de los libros que quiera saber todo lo relacionado con ellos y que sirve, también, para poner en valor a la figura del traductor: el autor injustamente olvidado y que, también, es creador de literatura en estado puro.
Libro que recomendaría a estudiantes o profesionales de la traducción por los de datos curiosos que arroja. Sin embargo, se me queda corto, le falta información y la que aporta la veo en algunos momentos un poco dispersa. Sobre todo me ha disgustado el final, que parece que Calvo tenía prisa por terminar de escribir. Para quien esté interesado en el campo, pero no lo conozca en profundidad, puede ser interesante aunque no da muchas claves de lo que supone la acción de traducir. Se queda corto para los profesionales y la información es demasiado inconexa para el público en general. En definitiva, he encontrado puntos interesantes en el texto, aunque dudo que sea uno de los mejores ensayos sobre la materia.
Javier Calvo, cuyas teclas han trasvasado a autores como Donald Ray Pollock o Terry Pratchett al castellano, se marcó en 2006 un lúcido ensayo que además de repasar la figura del traductor literario y su evolución a lo largo de la historia, elucubra sobre la automatización del oficio a merced del capitalismo y reivindica la humanidad del proceso y el gremio.
Casi 20 años después (ay) hemos mejorado en alguna cosilla (mayor visibilidad de los profesionales), pero hemos empeorado en otras cruciales: tarifas, plazos y, sobre todo, la puta espada de Damocles de la maquinita de los cojones.
Este libro pone sobre la mesa el poco valor que se la da a los traductores a pesar de la suma importancia que tienen. Al comparar distintas traducciones de las mismas obras podemos ver la radical diferencia entre ellas, de manera tal que el traductor se convierte prácticamente en un autor.
Igualmente me he empezado a fijar en los subtítulos de las traducciones de las películas y series, y la verdad es que son bastante malas, hechas casi casi con IA.
"Cada lengua que adoptamos, ¿o te adoptan ellas?, vuelve a parirnos."
No quiero decir mucho la verdad; el libro estuvo bien, pues ajá. Fue una lectura para un trabajo de la universidad en el que me fue como un culo ajshaj (por mi culpa pero quedé con traumas jiji). En general fue una lectura medio aburrida aunque sí hubo algunas reflexiones que me gustaron pero pues fueron muy poquitas. En general no me gustó pero puede ser interesante en algunos aspectos (el adejetivo más repetido cuando algo no te gusta JAJSHAJ).
Me encantó este libro. Es hermoso y corto y revelador y cualquier persona que ame la literatura lo puede disfrutar, no solo quienes traducen para vivir. Pero para nosotr@s, es obligatorio.
Yo no hago traducción literaria, sino académica. No me atrevo con la traducción literaria, soy una cobarde.
Cuando tenía apenas 6 años, quería ser escritora. Cada año hasta los 15 o 16, mi sueño era ese: sería escritora. Pero a la hora de la verdad, dudé de mi talento. Yo podía escribir, sí, pero, ¿podría vivir de la escritura? ¿Podría tener un empleo relacionado a la escritura? Dudé y opté por estudiar una ciencia social, otra cosa, algo que me llevara a... no sé. Mi interés por la escritura se basaba en mi amor por la literatura, y ese tenía dos raíces: por un lado, mi amor por el lenguaje, las palabras, mi fascinación y mi curiosidad. Soy bilingüe desde los 4 años, y el hecho de que el mundo se podía describir, nombrar, entender, usando otros sonidos, otras palabras, me parecía una locura... y cuando veía que había palabras parecidas en inglés y en español, me quedaba "pegada": repasaba las dos palabras, buscaba derivadas en cada lengua, me preguntaba cuál vino primero, cómo surgieron, etc. La otra raíz era la gente. Mi amor por la literatura se nutría de mi amor y fascinación por las personas. En los libros conocías los motivos por los cuales hacían cosas, los pensamientos tras los actos... en la vida no, la gente no se cuenta todo y su yo interior nunca se desnuda ante los demás. Pero los escritores, y en especial las escritoras, eran capaces de develar el por qué de ciertos actos, el proceso mental, todo... y digo en especial las escritoras porque sus hombres me resultaban comprensibles. Me resultan comprensibles. Mientras que no me pasa lo mismo con los hombres de escritores varones--¡y qué decir de sus mujeres!
El punto es que al final, sin buscarlo y quizás habiéndolo evitado estúpidamente, las vueltas que dio la vida me colocaron frente a una computadora y ganándome la vida con palabras. Escribo, pero no cosas propias: traduzco. Traduzco, pero no literatura: son artículos o libros académicos, relacionados a mi campo de estudio. Trabajo con palabras, pero no con personas. Trabajo con lenguaje, pero no con literatura. Tengo parte de mi sueño, ciertamente: a veces tengo que invertir horas para resolver una frase. ¡Me encantan esas horas! Aunque al final la solución se resuma en tres palabras dentro de un texto que nadie sabrá cuánto sudor mental me costó y cuyo valor no compensa el tiempo invertido. A mí me da igual: he disfrutado esas horas como ninguna otra del día.
Quizás algún día me atreva con la traducción literaria. Quizás me atreva con la literatura. Quizás escriba cuentos otra vez, como cuando era niña. Tengo ya superada la mitad de mi vida, porque dudo que dure hasta los 90. ¡Dios me libre! Además, soy cobarde. Lo soy y siempre lo he sido.
Quién mucho abarca poco aprieta supongo, he echado en falta más desarrollo y un hilo conductor mas tangible se siente un poco esto por allí esto por aquí lo juntamos y yasta. Por un lado si que hay cosas interesantes y en general el libro ha sido disfrutable PERO no way me dejes la fantraduccion a la altura del betún para luego decir que la traducción es una cosa que se hace desde la vocación y por amor al arte cuando el fantrad es justo eso. Parece que este tío solo va a valorar la fantraduccion si es de la obra completa de Borges al suajili. Y DE LAS EDITORIALES?? las editoriales son god cabron que putos piratillas los chavales follandose el copyright pero de las picadoras de carne sin escrúpulos que son la mayoria de editoriales de este país no me dices ni media no, no vaya a ser que no te vayan a publicar más en el TOP TEN bro. Super contento de haber leído esto de manera completamente legal
EDIT: va le quito la una sola estrella que era bastante unfair
Útil. Delinea clara y brevemente la historia de la traducción desde San Jerónimo hasta Harry Potter, las fantraducciones y las traducciones hechas por máquinas. Se adentra bastante en las particularidades de la traducción al español y las polémicas entre las versiones peninsulares y las latinoamericanas. Al final proporciona una bibliografía para continuar la lectura. Hay temas que apenas esboza, como el impacto del inglés sobre el español actual, habría sido útil dedicar un par de capítulos a este tema.
muy cortito, para lo que cuesta en librerías. las ideas que aporta son demasiado profundas en la primera parte y muy banales, en la segunda. ¿harry potter? podría mencionar que salamandra canceló el contrato con los primeros traductores para no tener que pagar royalties (re-contratando una nueva traducción a tanto alzado) no sé, no se moja mucho y siendo Javier Calvo el mejor traductor que tenemos, este libro sabe a poco. será mejor así, supongo
Creo que este libro es esencial para entender el embarullador mundo de los traductores, no solo desde una perspectiva histórica; ya que cuenta la relevancia y trayectoria de los traductores desde la traducción bíblica hasta nuestros tiempos, sino también desde una perspectiva nacional, pasando por los grandes traductores de habla española como Borges o Miguel Sáenz. También analiza las corrientes traductológicas como la perspectiva extranjerizante que defendía Nabokov, o la perspectiva naturalizante, más asentada en la actualidad. En fin, es un ensayo muy completo por uno de los traductores más prolíficos y consagrados en España, que ama la traducción, pero también es conocedor de las limitaciones que el mercado y el sistema martirizan a la profesión.
Ensayo cortito y muy bien escrito que te acerca a un mundo poco conocido pero que está presente en todas partes: la traducción. No hace falta ser traductor para leértelo ya que su propósito es acercar y concienciar sobre la importancia que tiene y ha tenido a lo largo de la historia este oficio. Este libro es uno de los culpables de que yo sea una persona insoportable hablando de lo mío. 10/10 cumple su función.
Atrapa desde la primera línea. Te permite conocer brevemente la historia de la traducción y sus distintas formulaciones a lo largo del tiempo. A pesar del desencantado presente del oficio, resulta apasionante leer a un traductor tan comprometido.
Una joya escondida en la biblioteca. Encontré este libro pasando por los pasillos de la biblioteca de la universidad. Me alegro mucho de haberlo encontrado. Es un ensayo muy entretenido e interesante. Los datos acerca de la traducción literaria (y la traducción en general) me sorprendieron bastante, me hizo pensar en cosas en las que no había pensado cuando leía un libro traducido al español.