"Recuerdo que ya por esos años yo era famoso en la cuadra por una extraña sensibilidad que tenía para captar instantes que me llamaban la atención. Me parecía curioso que la gente no se detuviera ante ciertas imágenes, que no se diera cuenta de que vivía en medio de la fugacidad de una rutina castrante que le impedía sorprenderse del hecho mismo de estar viva."
"Me gustaba detener la vida, luchar contra el implacable paso del tiempo, impedir que la muerte se siguiera aproximando de una manera tan inexorable."
"Al final estaba hastiado de todo, de una sociedad hipócrita de doble moral, cobarde, violenta, injusta, que no quiere que nada cambie, y entonces se embarcó con rumbo a las islas de los mares del Sur y terminó sus días entre los maoríes, soñando con convertirse él mismo en un salvaje más."
"Y lo admiré por haberse fugado mentalmente de toda una maquinaria cultural en la que nosotros todavía seguíamos prisioneros."
"Recuerdo que ese dibujo estuvo durante años colgado en mi habitación. Para mí, era un símbolo de resistencia y de búsqueda al mismo tiempo: se trataba de no dejarse devorar por la imbecilidad general, de resistir a la invasión de nuestra mente, de no dejarse vencer y, por otro lado, de lanzarse en busca de nuevos mundos, de nuevos derroteros intelectuales que nos transmitieran un aire fresco y no contaminado."
"...a partir de aquel día empecé a sospechar que detrás de la cordura había algo de sumisión, una cierta mansedumbre que nos impedía rebelarnos en contra de una sociedad insulsa y peligrosa."
"Me dije entonces que todo hombre era un misterio y que lo que vemos de una persona es sólo la punta de un iceberg cuya verdadera dimensión reposa en las profundidades de unas aguas turbias. ¿No escondía la gente, acaso, robos, crímenes e infidelidades matrimoniales durante años enteros? ¿No tenía todo individuo un rostro oculto que lo atormentaba a lo largo de la vida, unos gustos, unas ideas o unos afectos que no podía expresar por miedo a ser sojuzgado por sus conocidos?"
"Basta ahondar en cualquier objeto o persona para tropezarse con un ángulo de horror y de disgusto. Nada ni nadie soportan un examen a fondo. La modelo más hermosa esconde detrás de su larga cabellera y de sus ojos dulces noches enteras metiendo cocaína, orgías interminables con los dueños de poderosas firmas publicitarias, depresiones crónicas y extensos períodos de anorexia o de bulimia."
"Ha sido raro recordar escenas y momentos que casi tenía olvidados por completo. Lo positivo es que me he dado cuenta de que al escribirlos los he dotado de sentido, los he redondeado y, aunque parezca absurdo, los he comprendido mejor. Es como si las palabras penetraran en las acciones y les otorgaran un volumen del que antes carecían."
"Un artista es hijo de sus dolores más profundos."
"...la verdad era que yo asistía a las marchas y a los mítines porque eso no me comprometía en absoluto ni me obligaba luego a recibir órdenes de nadie. La militancia política era ya otra cosa y yo sabía que no estaba diseñado para ella. Mi carácter era el de un renegado y cualquier tipo de disciplina militar que me obligara a ser un subordinado iba en contravía de mi personalidad."
"Era cierto que la psiquiatría continuaba siendo una rama muy atrasada de la medicina, pero Fernando, mostrando una gran sensibilidad, notó que la mayoría de los internos sufría no tanto por sus dolores (que eran atroces), sino por la marginación a la que eran sometidos por su familias y por la sociedad en general. Eran sensibles al rechazo que habían padecido, al encierro carcelario, a la soledad obligatoria. Esa reclusión y ese silencio eran mucho peores que las enfermedades que les habían diagnósticado."
"—El artista, como lo entendemos nosotros, es un individuo marginal, un ser que no se puede adaptar a las reglas hipócritas y tendenciosas de una sociedad que sólo promueve la injusticia. De alguna manera, el artista siempre está fuera de lugar."
"...digamos que lo primero que la muerte se ha tomado de mi cuerpo ha sido la mirada, la cansada manera de observar a la gente y los objetos, como si uno estuviera concentrado todo el tiempo en un más allá invisible e impalpable."
"...todos esos jóvenes que veinte años atrás habían decidido llevar una vida que no se pareciera a las otras, aunque en el camino tuvieran que pagar muy caro el precio de esa diferencia."
"...esa lejanía con respecto a los demás no se experimenta con orgullo, como si una fuera superior o como si se tratara de un ego crecido que mira con desdén al resto de la gente; no, es una distancia que duele, que hace daño, que nos hunde en una soledad malsana y destructiva. Y por más que uno hace esfuerzos por socializar, por sentirse cómodo en un grupo o en otro, nada, es evidente la diferencia, es claro que cargamos dentro de nosotros un ensamblaje mental que nos aísla y que nos lanza hacia fuera, donde nos esperan la estepa, la noche y el frío. Entonces uno ve pasar a un hombre con su esposa y sus dos hijos, todos rozagantes y felices, y no siente desprecio, no, siente envidia, siente ganas de tener una familia así, de poder compartir un desayuno mientras los niños corretean por la cocina, y es triste reconocer que cierta información que está dentro de nosotros nos impide llevar una vida semejante, que lo nuestro es el monólogo, la ausencia y la vida contemplativa."
"Era como si en la medida en que íbamos envejeciendo nos alejáramos de lo que más habíamos querido, y al hacerlo, nos estuviéramos despidiendo también de lo que habíamos sido."
"Era como si, al mirar dentro de mí, durante años sólo hubiera visto un hueco, una zona en blanco, un desierto, y a veces, cuando la realidad había logrado colarse de alguna manera fraudulenta, veía entonces una multitud fantasmagórica y me sentía intoxicado de presencias fútiles y groseras de las que no sabía cómo desprenderme. Eso era lo que había dentro de mí: vacío o amontonamiento caótico, pero nada que lograba despertar mis antiguas fuerzas para entrar en movimiento y apropiarme de nuevo del espacio-tiempo en el que me había tocado vivir. No, yo era un espectro nómada que dejaba pasar los años sin pensar en nada, sin alarmarse, como un zombi que había olvidado en el camino sus afectos, sus ideas, sus sueños, su más autentica identidad."
"...lo sentía cercano, fraternal, como si el destino me hubiera puesto en el camino un espejo donde mi imagen estaba aumentada y más oscura. Así que hacíamos bien el trabajo, le metíamos pasión al asunto, pero ambos permanecíamos en los subterráneos de nosotros mismos, abajo, en las cloacas, donde el olor era nauseabundo y la luz escaseaba. Era una amistad en la que ambos respirábamos el aire azufrado de nuestros respectivos infiernos."
"Durante años ese sitio había sido un escondite, un refugio para alejarse de un mundo feroz, uan cueva donde me había encerrado a purgar una pena muy honda, una covacha donde me había acostumbrado a convivir con esa sensación de desaliento y de insatisfacción permanentes."
"Sin embargo, aunque intentaba estar entre los demás y parecerse a ellos, le costaba trabajo socializar y su propia mente lo condenaba a estar solo, a alejarse, como si se tratara de un leproso que no puede aproximarse a la gente para evitar que lo insulten y lo apedreen."
"...me quedé a la deriva, con la sensación malsana de que yo no estaba hecho para la relación de pareja, que esa dinámica afectiva estaba por fuera de mi comprensión y que lo mejor era sumir una vida en soledad. Tampoco el deseo de ser padre me llamaba la atención. Si no podía tener plantas ni animales porque me disgustaba que otros seres dependieran de mí y me esclavizaran (así lo sentía yo), cómo diablos iba a ser capaz de enfrentar la paternidad de una manera responsable y positiva. Por encima de cualquier otro ideal, el que yo más valoraba era la libertad, no soportaba sentirme amarrado, sometido, controlado, obligado a cumplir con una serie de rutinas detestables. Prefería mil veces la depresión solitaria, el aburrimiento y quedarme botado todo un domingo en mi cama sin hacer nada, durmiendo a intervalos, comiendo cualquier cosa y leyendo una buena novela mientras afuera la lluvia castigaba la ciudad."
"Pero no sé qué pasa, tarde o temprano las responsabilidades de un relación seria me pesan, me atosigan, se me vuelven un suplicio y entonces me desaparezco."
"Hay momentos en la vida en los que entramos en dimensiones desconocidas, extraños intermedios de la realidad que no conducen a parte alguna, laberintos de idas y venidas sin sentido, extravíos, pasos que damos al azar, a ciegas, tambaleantes. Y no sabemos cómo salir, dónde está la puerta, dónde podrá hallarse un hilo de luz. Una voz nos dice entonces por dentro que tenemos que seguir avanzando así, entre sombras, con la respiración contenida, y lo hacemos sin quejarnos, poniendo lo mejor de nosotros mismos, pero también sabemos que estamos al límite de nuestras fuerzas, que no podremos sosteneros por mucho tiempo más y que si esa marcha a oscuras se prolonga demasiado sencillamente moriremos allí, entre esos corredores de penumbra, entre esos subterráneos malolientes. Y entonces sucede el milagro: alguien aparece de repente por una puerta sellada, nos da una abrazo un beso, nos devuelve la fe en nosotros mismos, nos susurra al oído palabras maravillosas y nos conduce hacia la luz, hacia el aire, hacia la vida."
"Si nuestra violencia no era de raza no de religión, como tantas otras en el mundo, de repente el panorama se iluminaba con una luz nueva: era una violencia de sangre, ancestral, atávica, mítica, pues nos acercaba a las grandes tragedias de la antigüedad. La nuestra era una violencia entre hermanos, unos acomodados y legítimos, y otros miserables, ilegítimos y productos del espurio y la concupiscencia clandestina. Unos eran hijos de la luz y la legalidad, del altar, del matrimonio, de la decencia, y otros eran hijos de la noche, del adulterio, de la lujuria y de los callejones oscuros en barrios pobres y malolientes. Sí, ese esquema encajaba con el país, con mi gente, con nuestra doble moral que desde siempre había trazado una línea invisible entre los de clase y los otros, el populacho, los sucios, los incultos. La historia venía desde los tiempos bíblicos, un hermano bien visto por el padre y otro relegado y marginal: Caín y Abel. Y yo había formado parte de ese esquema sin saberlo, yo me había matriculado en las huestes de Caín desde muy joven, pertenecía a esa raza macabra que rompía reglas sagradas."
"Aunque formaba parte de los ermitaños computarizados, era mucho más viejo que ellos y mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y buena parte de mi adultez habían transcurrido afuera, en la calle, entre la gente, recorriendo mi ciudad con una cámara fotográfica al hombro. En consecuencia, no podía negar que había momentos en que extrañaba el color de los rayos del sol acariciando un césped recién cortado, el aroma de los árboles de pino y de los sauces al atardecer, el temblor de mi mano al pasar por unas caderas femeninas voluptuosas, el sabor de un plato de fríjoles humeante. Sí, no lo podía negar, yo había conocido el mundo y a veces lo añoraba. Sin embargo, una fuerza inexplicable me condenaba a permanecer alejado, metido en mi cueva y fundando ritmos de vida que le llevaran la contraria al resto de mis congéneres."
"Desde el suicidio de mi padre siempre supe que al final yo también me mataría como un símbolo de libertad y autodeterminación."
"...porque en el fondo ser felices era lo de menos..."