RESENHA EM PORTUGUÊS SEGUIDA DE RESEÑA EN ESPAÑOL
Falar em Benito Pérez Galdós é como falar em Eça de Queirós. É falar em glórias nacionais; no primeiro dos casos, num romancista espanhol da segunda metade do s. XIX e, no segundo, dum grande português da mesma altura. Glórias literárias nacionais por aqueles tempos, na minha humilde opinião, os dois países ibéricos tiveram cada um duas: o realista Eça de Queirós, o inclassificável Camilo Castelo Branco, e os realistas Galdós e Clarín.
Quando Galdós escreveu este romance, em 1876, dos autores portugueses e espanhóis que mencionei, apenas um, Camilo Castelo Branco, estava plenamente consagrado como escritor famoso, mas Eça de Queirós e Galdós começavam a juntar os seus primeiros sucessos. Eça já tinha publicado en folhetins O Crime do Padre Amaro, em que critica gravemente a Igreja católica numa cidade da província, mas ainda não estava conforme com o seu trabalho, que veria a edição definitiva em 1879. No ano seguinte ao primeiro aparecimento de O Crime do Padre Amaro, Galdós publicou o romance que agora resenho, em que a crítica à religiosidade tradicional e formulista, carente de verdadeira fé, desempenha um papel fulcral. Pelos vistos, este romance galdosiano foi um verdadeiro escândalo na altura e um dos mais reeditados no século XIX.
O enredo gira em torno à presença de um jovem culto vindo de Madrid numa cidadezeca da província que o autor chama Orbajosa. Pepe Rey, encorajado pelo seu pai para casar com a prima (filha da irmã do pai), obtém um trabalho do Governo para explorar as possibilidades da região, sendo ele engenheiro. Os dois primos, que não se conheciam previamente, gostam de imediato um do outro. Mas Dona Perfecta, a tia, apoiada num clérigo da catedral, desaprovará completamente os ares de modernidade do sobrinho e lá começam as dificuldades.
Como pano de fundo, a hostilidade das forças tradicionais da província ao governo central. Quando Galdós escreveu este romance, ainda decorria uma guerra civil em Espanha, a Terceira Guerra Carlista, que enfrentava o governo legítimo com os descendentes do príncipe Carlos, apoiantes do absolutismo e da religião, até ao ponto de exigirem o restabelecimento da Inquisição. O trágico amor entre Pepe Rey e a sua prima simboliza, portanto, o drama de uma Espanha dividida em duas facções irreconciliáveis. E é este último dado o que há de relevante no romance. A frustrada paixão dos dois jovens apresenta-se de forma bastante simples e unidimensional. O que verdadeiramente interessa são as movimentações da sociedade provinciana contra a modernidade do protagonista masculino.
EN ESPAÑOL
Esta es la segunda novela que leo del maestro Benito Pérez Galdós en apenas tres meses. Obviamente, lleva el sello del genio, aunque me ha gustado un poquito menos que su Misericordia.
Si esta última se sitúa en el Madrid del final del siglo XIX, Doña Perfecta se desarrolla en una imaginaria ciudad (poblachón, la llama Galdós en un par de ocasiones), anclada en su tradición y reacia al progreso.
La trama resulta del conflicto que surge entre el protagonista, Pepe Rey, que acude al pueblo con la intención de casarse con su prima, a quien no conocía, y la “caciquesa” de Orbajosa, su tía, y cuyo nombre da título a la novela. El flechazo entre Pepe Rey y Rosarito surge sin complicaciones a ese nivel, pero el señorito de la capital se va a encontrar con el rechazo de Perfecta, madre de Rosarito. En un mundo tan apegado al inmovilismo, la modernidad de Pepe provoca más que desagrado: rápidamente se propagan rumores de su “perversidad” y su “ateísmo”.
Por momentos, me he acordado de mi propia experiencia cuando, en 1991, terminé una relación amorosa y en lugar de permanecer en Barcelona o de regresar a Madrid, me quedé a medio camino en un pueblo castellano. Rápidamente corrieron rumores raros como que yo era homosexual, amparados en el hecho de que por las noches salía solo (¿y con quién demonios iba yo a salir, si en el pueblo no conocía a nadie?). Salía a matar mi desamor en alcohol, y salía solo por el simple hecho de no tener amigos. Sentí cómo se confabulaban contra mí las “fuerzas vivas” del pueblo.
Y son las “fuerzas vivas” de Orbajosa las que se confabulan contra Pepe Rey. Pero no entraré en muchos detalles para no aguarles a ustedes el placer de la lectura.
Doña Perfecta fue escrita y publicada en 1876. En ese momento, en el lado portugués de la frontera ibérica, Eça de Queirós ya tenía algún reconocimiento, aunque no había llegado a la cima de la fama que ganó a partir de su “Primo Basílio” (1878). Una breve reseña de una lectora de Goodreads le atribuye a Galdós carácter “visionario” por haber “profetizado” la Guerra Civil española (los entrecomillados son míos: la reseñadora lo comenta con otras palabras). Me he informado un poco y los movimientos militares y de guerrilleros que constituyen el fondo de la novela, en realidad, reflejan una guerra civil menos conocida: España, en 1876, todavía vivía la Tercera Guerra Carlista. Una guerra que, por lo poco que yo sé, oponía también tradición retrógrada frente a modernidad.
He tratado de averiguar a qué lugar podría corresponder la literaria Orbajosa. Según el humor juguetón de Galdós, “Orbajosa” derivaría de Urbs Augusta, pero el propio autor declara que “eruditos más recientes” alegaban que podría derivar de Urb Ajosa, por ser la capital del ajo. Ahora bien, de los “poblachones” castellanos afectados por l a Tercera Guerra Carlista, Cuenca fue una zona de conflicto. Y en el suroeste de su provincia hay un pueblo llamado Las Pedroñeras que es conocido como la “Capital del Ajo”. A medio camino andará la cuestión, porque esa Orbajosa es una modesta sede episcopal y, si Cuenca capital lo es, Las Pedroñeras pertenece a otro partido judicial.
Me despido de esta reseña con algunas citas representativas. En la primera, veremos que en Galdós alienta el magistral dominio de la prosa que me recuerda al Clarín de La Regenta (ciertamente, Clarín debió de emular a Galdós, ocho años después). Y de las otras tres más breves, diré que me parecen resumir el leitmotiv de Doña Perfecta.
Orbajosa dormía. Los mustios farolillos del público alumbrado despedían en encrucijadas y callejones su postrer fulgor, como cansados ojos que no pueden vencer el sueño. A su débil luz se escurrían envueltos en sus capas los vagabundos, los rondadores, los jugadores. Sólo el graznar del borracho o el canto del enamorado turbaban la callada paz de la ciudad histórica. De pronto el Ave María Purísima de vinoso sereno sonaba como un quejido enfermizo del durmiente poblachón.
Aquí no estamos en Madrid, señores, aquí no estamos en ese centro de corrupción, de escándalo…
(El penitenciario de la catedral)
Gracias a mí, se verá que Orbajosa es ilustre cuna del genio español.
(Don Cayetano)
—Vamos, hombre, sosiégate —dijo doña Perfecta con bondad—. Te has sofocado como aquellos oradores republicanos que venían a predicar aquí la religión libre, el amor libre y no sé cuántas cosas libres… Que te traigan un vaso de agua.