La historia de Orejotas nació con un perro caballo, que yo adoraba encontrarme durante los días de mi ya lejana infancia. Nació con un dibujo, con un perro pintado, con dos grandes orejas y una encarnada chincheta. Nació de una imagen bien abrigada, la de un vagabundo abrazado a su perro como si fuera una extensa y caliente manta de oveja. Nació de un inicio muy, muy triste, un perro abandonado durante las vacaciones. La historia de Orejotas es una historia de tantas, con demasiado común, con demasiadas faltas y con un final feliz que te reconforta el alma.