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342 pages, Paperback
First published January 1, 1981
19 de septiembreCreo que este diario de campo es de las cosas más locas que he leído nunca del Holocausto. Yo no sabía que en Dachau había tanto prisionero político y tantas nacionalidades distintas como Auschwitz, y a pesar de no tener una cámara de gas operativa, todo lo que se leen aquí de refilón sobre la vida del campo son atrocidades. Por ejemplo, con la epidemia de tifus.
K. estaba ojeando hoy entre mis apuntes y me ha expresado su extrañeza al ver que yo, a su juicio, escribía muy poco sobre mí mismo, nada sobre mis preocupaciones sobre Edith y Tyl de quienes le hablo muy a menudo, tan poco sobre mi propia miseria funesta y apenas nada sobre política.
Así le expliqué con todo detalle por qué escribo de esta manera el diario. De hecho, antes que nada es para mi un medio para concentrar mis pensamientos y mi energía en la literatura—siempre otra vez, cada día de nuevo—para asi no pensar en Edith en Tyl, para no pensar en comer, en los bichos, en el recuento y demás. Una especie de autoprotección pues, que hasta hoy me ha ayudado mucho y muy a menudo.
Además, si ya un diario no puede ser algo que esté del todo completo, aquí mucho menos que de costumbre, también el mio recoge sólo una pequeña parte de mis pensamientos. A pesar de todo, evidentemente que pienso muchísimo en casa, en los problemas políticos presentes y futuros, en muchos amigos, en comer mejor, en si tengo o no piojos, si el animallilo que me mordió ayer era un piojo o una pulga; pero, en primer lugar, no puedo escribirlo todo y, en segundo lugar, tampoco quiero, de ninguna manera. Tendría entonces que hablar una y otra vez sobre mis esperanzas y mis deseos, mis preocupaciones y mi miseria, pero lo que quiero es imponerme disciplina, que mis pensamientos lo controlen, que sean dueños por encima de toda la materia que hay en este lugar es decir, la materia de las SS, una corteza de pan, la sopa aguada, los piojos y las pulgas...
Aunque me esfuerzo todo lo que puedo, no soy capaz de diferenciar todavía una liendre de piojo de una pulga vieja. Y, sin embargo, se nos va la vida en ello: los piojos pueden transmitir e tifus; las pulgas no.A la vez, es interesante ver cómo los prisioneros debaten sobre cultura alemana, se montan conferencias de autores católicos o clases de ciencias naturales, mientras esa misma cultura está siendo usada y abusada por los verdugos. La lectura de los clásicos alemanes a través del prisma del campo es increíble. Me encantaron las reflexiones sobre que Goethe es un burgués, que Las afinidades electivas sólo va sobre jardines y que, en contraposición con el jacobino de Hölderlin, Goethe no mostró ninguna simpatía por los revolucionarios de su tiempo. Y es lo que me ha hecho click para entender: claro, qué clase de escritor nacional iba a tener el pueblo en el que pasó que, en el momento en el que los trabajadores están tomando el Reichstag, un funcionario socialdemócrata se subió a una farola para gritar: "¡Camaradas, no piséis el césped!"
Por la noche
Hoy, ciento ochenta y cinco muertos.
18 de agosto
Creo que en ningún lugar en el mundo se puede reconocer de manera más exacta qué es Hauptsache [lo fundamental], lo que, en el fondo, es importante en la vida, como en un Konzentrationslager. Por ello, me he propuesto que en el futuro defenderé todas las cosas que reconozca como fundamentales con todas mis fuerzas frente a las cosas secundarias, sin importancia, nocivas, y espero poder lograrlo en la práctica. Esa también será una lucha, quizá una de las luchas más complejas que todavía ha de librarse.