«…Este libro se escribió de a dos o entre dos. ¿Lo hicieron juntas o separadas? ¿Cómo se organizó la división del trabajo? ¿Quién dice yo? ¿Cuál es cuál? Estas preguntas son inútiles porque una es multitud y porque el yo es una autoficción, un extravío de los sentidos, un laberinto de engaños y seducción, cualquier cosa menos el domicilio de una identidad segura.
La sensibilidad que inspira este libro –¿qué duda cabe?– despliega la rara rareza de lo queer : lo equívoco, lo desviante, lo anormal en el sentido de lo que se le atraviesa a la norma, la normalidad y la normatividad de la sexualidad hegemónica cuyos cuerpos no demuestran la suficiente plasticidad para remodelarse al infinito de las combinaciones transgenéricas con las que sueña osadamente un libro como este.
Eligieron el formato de la enciclopedia para repartir seudoconocimientos en materia de educación sexual, diseños de alta costura, vicios secretos, historia del arte, viajes al extranjero, crónicas de la noche, agendas profesionales, carteleras Triple X, manifiestos contraculturales y navegaciones por el ciberespacio. Componen así una “biblioteca precaria –almacén de saberes fragmentados, hipervínculos, activismo político, páginas web escritas en servilletas usadas– que se activa, soltando datos como quien guiña el ojo”…» NELLY RICHARD
Hay un par de relatos buenos, pero en su gran mayoría no me convencieron del todo (o nada). Para escribir sobre amor y porno hay material para tirar a la chuña, así que por eso la calificación. Creo que se pudo hacer algo más sustancioso. Me faltaron micro-cuentos mejores logrados, con mejores remates.
Uno toma el libro de los anaqueles a la descuidada, con una ligera sonrisilla cómplice. La palabra “porno” está ahí, como un anzuelo bien cebado, así que lo tomas, sin saber con qué te vas a encontrar. Tal vez risas, tal vez chistes fáciles, o historias inquietantes, rijosas, lascivas. Pero ocurre que lo que encuentras es simplemente literatura, de la buena. Una inspección al azar que me lleva por palabras que desgranan incontinentes significados, removedores, de puro lirismo, aunque, hay que reconocerlo, no es el lirismo de los crepúsculos ni de la poesía urbana, esa de las palabras juguetonas y absurdas. Es un lirismo carnal, extremo, marginal al grado de la deflagración. “Masturbación: Cayendo por un abismo abierto en mí, me aferro a una superstición de rostro humano y le pido que resista unos momentos antes de abandonarme a mi suerte”. ¿Qué es esto? Es poesía, sin duda. Extraída de los jugos del cuerpo, de las excrecencias, del sexo puro. “Vagina: Mis dedos juegan a ser engullidos por tu flor carnívora, un tubo de carne mojada que se abre como cañería. Vengo de tan lejos, cohete maestro sin cabeza para pensar la trayectoria, y la realidad es tan tenue, como esta ampolleta que ilumina tu cuerpo esparcido por las sábanas. Si fuera un poema podría decir «tengo miedo de perder algo». Pero esto es pura carne metapoética y todo está en su lugar: mis dedos arrancándote lentos gemidos que corro a masticar como un bocado atonal…”. El diccionario palidece. “Miedo: Me froto contra tus pies rítmicamente, temiendo todo el tiempo la patada”. Aferra la semántica, la arrastra por el suelo, la golpea y la penetra, le exige sumisión. “Hembra: No soy Bob Dylan, Sor Teresa de Calcuta ni Tania la Guerrillera. Soy, y aún es improbable, un animal extraño con aspecto de mujer (mucha teta, mucho culo), que gime como hembra pero arremete como desgraciado”. “Paraguaya: Por atrás, a la paraguaya, dándole la espalda a los transeúntes mientras las sirenas de los vehículos policiales iluminaban la calle perpendicular. Mete y saca, mete y saca, y mete.” Toda la estética de la virtualidad digital, las comunidades, la asquerosidad de la ciudad, los tatuajes. Es, más que un poema, una declaración plebeya de la relación humana, desparramando a plena luz lo que estaba oculto, llevando un grado más allá el límite de lo posible.
Nunca había creído de verdad que algunas introducciones, o palabras preliminares en un libro fueran tan disímiles con su contenido. Por suerte, continué leyendo. Una escritura que se presentó como algún artilugio artístico pos moderno de descubrimiento personal rayando en la auto ayuda, fueron convertidos en textos maravillosos de exploración con aura de mujer empoderada. Tagle & Egaña, elaboran un diccionario de relatos eróticos que recuerdan los mejor de Nïn, Despentes, Miller y otras. Con un lenguaje actual, de este territorio y con una fuerza que asombra y atrapa. Con este libro te excitas, te emocionas, piensas, te asombras, te impresiona. Es de eso textos que producen sensaciones y para ello ha sido creada la literatura. Son 23 letras del abecedario, con distintas entradas que albergan un relato diferente. Me entretuvo y te hace sentir la fuerza de la escritura de mujeres.
La prosa de este libro es preciosa y quiero destacarla. Hay una singularidad paradójicamente común en la narrativa de quienes escriben con formación de artista visual. Es un fenómeno por analizar, supongo. Hay relatos que son muy-muy buenos y otros piolas. Pero la gran mayoría de los apartados parecen relleno. Quiero culpar al formato: quizás hubiese sido más conveniente escoger muchos menos conceptos para desarrollarlos con mayor profundidad. De todas formas, los relatos bacanes merecen ser recogidos como fragmentos para, no sé, una actividad en clases.
El prólogo es tan presumido y aburrido que me dolió la cabeza. El resto es mejor; pero decepcionante. La materia prima es muy prometedora pero la desperdician por ser muy reiterativas, y porque el microcuento no funciona, al menos para mi, es necesario más contexto, más descripción, y resulta muy acotado para generar interés. Hay ideas buenas y no me arrepiento de haberlo leído, pero si fue frustrante.
Algunos relatos divertidos, otros ñee y otros malos, me llamo la atención que muchos eras simplemente grotescos y sin sustancias, era tipo "quiero que me folle, que me mojo con solo ver su sexo, metemelo", osea sin sustancia, no es para siquiera echarse unas risas
En cambio otros me divertían, coincidentemente eran los menos mórbidos, pero si había historia.
me sentí incómoda leyendo los relatos de animales. algunos microcuentos me convencieron; pero una gran mayoría estuvo demás. creo que el formato no es el mejor y se podría haber logrado una mejor obra con el mismo material si se hubiese escrito de otra forma.
Después de terminarlo me quedé con la sensación de que pudo haber sido mejor; algunas partes fueron buenísimas otras no tanto. Pero en general estuvo ok, aprendí algunos términos que no cachaba y todas las partes que hablaban de animalitos me las tuve que saltar.
Me gustaron algunas historias y detalles que hacían todo más palpable. Lo malo es que no había gran desarrollo narrativo en muchas partes, es decir, se contaban cosas y parecía que era simplemente "por contar algo", independientemente de la corta extensión de los relatos. De todos modos disfruté el toque poético y grotesco que se imprimió en ciertos capítulos.
Aún no entiendo por qué el vendedor me recomendó este libro, de la nada.