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Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la Selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado las crías. Descritas en un lenguaje cristalino, escueto y preciso, las aventuras y las emociones del viejo Bolívar Proaño difícilmente abandonarán nuestra memoria.
137 pages, Paperback
First published January 1, 1988
- ‘’Era el amor puro sin más fin que el amor mismo. Sin posesión y sin celos. Nadie consigue atar un trueno, y nadie consigue apropiarse de los cielos del otro en el momento del abandono’’.
- [...] ‘’los colonos destrozaban la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto’’.
- ‘’Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez’’.
- ‘’Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría, y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo’’.
- [...] ‘’pero somos amigos, y, así como una mano lava la otra y las dos lavan el culo, tenemos que ayudarnos’’.
- ‘’Su señoría no quiere mostrarnos el culo. Es tan cojudo que va a sentarse en un hormiguero creyendo que es una letrina’’.
- ‘’Recuerda que no eres un cazador, porque tú mismo has rechazado siempre ese calificativo, y los felinos siguen al verdadero cazador, al olor a miedo y a verga parada que los cazadores auténticos emanan’’.

