Tras la deslumbrante revelación que supuso La escala de los mapas, Belén Gopegui nos brinda ahora su segunda y esperada novela. Un conocido profesor de teatro, llamado Simón Cátero, embarca en un proyecto a cuatro alumnos suyos. Se trata de crear un espejo de carne y hueso. Dos de los alumnos, Ana y Oscar, lo fueron hace tiempo y han resuelto su actividad profesional al margen del teatro. Iñigo y Sandra en cambio, todavía estudian con Simón cuando surge la idea. Los cuatro tienen la impresión de ser usurpadores, habitantes privilegiados de la ciudad; ninguno se atreve a merecer su futuro; los cuatro desean, cada uno a su modo, que el proyecto dé sentido a sus existencias privadas, individuales. Cuando, un día, el proyecto fracase, se verán obligados a afrontar la decisión de construir sus vidas.
Tocarnos la cara nace de la suma de dos voces y cuenta que ningún sentido puede encontrarse en privado. El sentido de las vidas individuales se cifra en lo que la novela llamará la ley del conjunto, ley por la que las gotas que caen del cielo como son gotas son, al mismo tiempo, lluvia. La primera voz, Sandra, oída en solitario, narra una historia sobre el esfuerzo y los sueños que de repente se desploman; esa historia se debate con el fracaso del intento, con la angustia de no haber alcanzado un triunfo que sería la única simulación posible del sentido. Pero ante la voz de la gota se hace presente la conciencia de la lluvia a través de otra voz, Simón, capaz de romper con los perfiles más obvios de ese fracaso personal al que la historia parecía apuntar. Una voz dura y, sin embargo, generosa que levanta la significación global de la novela. Más allá de las preguntas, la novela propone una respuesta.
Belén Gopegui burst onto the Spanish literary scene in 1993, bowling over critics with her debut, La escala de los mapas [The Scale of Maps], which was hailed as a masterpiece. She has since published several more novels as well as stories and screenplays. Gopegui was born, and lives in, Madrid.
Párrafos y párrafos que no llevan a ningún sitio y distraen del hilo conductor de la historia, si es que lo hay. Termina y empieza prácticamente en un mismo punto sin que exista ningún avance, evidente o sutil, en la trama o los personajes, que por otra parte están vagamente esbozados y carecen de personalidad. Da la impresión de que la autora los utiliza únicamente como medio para transmitir sus ideas, en ocasiones muy enrevesadas y artificiales.
La idea del Probador tenía potencial, y aunque fue lo que en un principio me hizo llevarme el libro a casa, en las páginas sólo he logrado ver el esqueleto del proyecto, ya que apenas se profundiza en lo que pretende e intenta representar. Tiene alguna frase aislada salvable y bonita, y maneja las palabras de un modo único y cuidado, pero una historia debería ser más que la voz que la narra.
«La realidad no ordena, la realidad no quiere sino que solamente es: la realidad de una pelea no termina en el último asalto, el luchador regresa después a su casa, enciende la televisión, cena, se acuesta y tampoco entonces termina la realidad. La realidad termina, parece, con la muerte, aunque esto no es seguro pues, en el lado de aquí, los muertos originan desplazamientos, renuncias, decisiones. La realidad se agita, los hechos se devoran unos a otros y sólo la clara voluntad de un orden, el propósito firme, permite que los hechos tomen forma de cubierta, que claven sus contornos agudos en el aire. Habrá quien crea que escribo para eso, para escapar del caos, para que la cubierta pueda desplomarse pero entre tanto haya sido, y la traición no la niegue. Pero no es verdad. Una traición no niega sino que suma, añade. En cuanto al orden, la memoria no sirve, la voluntad no sirve: la realidad se ordena mediante las acciones. Y si lo sé, o si lo he aprendido, me pregunto qué es lo que no comprendo todavía».
-Pág. 174 de ‘Tocarnos la cara’, una novela que no me llegó a convencer del todo, pero de la que destaco el estilo de Gopegui. Seguiré con dos más suyas.
Belén escribe increíblemente bien, me encanta cómo cuida los detalles, lo visual que resulta todo y la precisión de todo lo que habla, pero siendo sincero, se me ha hecho muy cuesta arriba. Leer este libro me ha recordado a escuchar a alguien pedante durante demasiado rato: hay ideas interesantes, sí, pero la forma en que están planteadas me generaba aburrimiento y hasta rechazo, por eso me ha costado mucho seguir el hilo e incluso entenderlo. Resumiendo: mucho texto, como diría esty.
No sólo es este un interesante experimento que los personajes y su director teatral realizan para "curar" a sus clientes de viejas rencillas consigo mismos, que a la larga sólo los llevan a una continua lucha consigo mismos... sino que este es un rico arsenal de frases que Belén Gopegui (a través de Sandra, su narradora) acuña para hablar de una generación, generación social, sí pero generación emocional, física. Hay que aprender a vivir como nosotros mismos, dice ella palabras más palabras menos.
no se si no es directamente lo peor que lei en mi vida. no encuentro absolutamente nada que valga la pena destacar. no entendí nunca nada y por primera vez no creo que sea un problema mío sino de la autora que, en las ultimas paginas, se delata hablando sobre la vanidad. vanidad es pensar que cualquier cosa que hayas escrito en este libro tiene sentido o algún tipo de valor !!! terrible. los personajes oscuros y aburridos. el pov de Simón fue, como si toda la narración deprimente de Sandra no hubiera sido suficiente, lo peor de todo el libro. una perdida total de tiempo.
El deseo, la necesidad de explorar. Un grupo de teatro. El profesor y sus alumnos, todos con ganas de construir algo no hecho. Una forma distinta de relacionarse con el espectador, con un único espectador. El actor y el espejo en el que reflejarse. www.preferirianotenerquehacerlo.worpr... www.enbuscadeaquellanoche.wordpress.com