El verano es una época del año de diversión y vacaciones. Unos meses con días largos y divertidos y que representan la plenitud, la vitalidad y la alegría. Es una época de playa, descanso y actividades al aire libre, asociada con el calor, la luz, el crecimiento, con la familia o con los amigos. Con ello, también es un momento perfecto para disfrutar de un buen libro, o de muchos libros, que huelan y hablen de mar o de todas esas acciones y sensaciones tan especiales.
Un claro ejemplo de ello es este: “Los peces no cierran los ojos” del escritor y poeta napolitano Erri De Luca. Una pequeña joya que desprende todo ese talento de Erri por cada una de sus páginas. Melancolía, profundidad o belleza, siempre de una manera sencilla y directa, con las palabras justas, bien dichas y bien escogidas. ¿Acaso no es eso una buena novela?
La historia nos va a llevar de la mano hasta el mar, allí en la orilla de la costa en Nápoles, justo a la niñez de su protagonista. Este, con 70 años, nos trasladará a través de muchos de sus recuerdos a todas sus vivencias y descubrimientos cuando tenía tan solo 10 años. Es como si estuvieras leyendo miles de historias dentro de una misma historia. Es como el salitre posado entre las rocas, como el deseado sol en un día de playa, es como un mar de fondo que presume galán, precioso, o como la voracidad de las olas que terminan provocando zozobra y atención en nuestra persona.
Es curioso el aprendizaje que hay dentro de esta novela. Los diez años es el descubrimiento de muchas cosas para todos nosotros: inquietudes, construcción de personalidades, berrinches con mamá, la inocencia de un niño, los sentimientos inefables o la llegada del amor, de un primer amor que no esperas, y que te hace levitar. “La infancia acaba oficialmente cuando se añade el primer cero a los años. Acaba, pero no ocurre nada, uno se queda dentro del mismo cuerpo de crío atascado de los demás veranos, revuelto por dentro e inmóvil por fuera.”
De esto va esta novela. De los cambios que llegan a nuestras vidas. De los aprendizajes. De los descubrimientos. De la nostalgia. Del inmenso valor de un recuerdo imborrable para siempre. Del paso de los años. De la soledad. De las emociones. Del crecimiento.
No sé qué más puedo decir. Tan solo que “Los Peces no cierran los Ojos” de Erri De Luca es una novela súper recomendable, corta y rápida de leer, pero de un valor sublime en cuanto a calidad y aporte emocional. ¿Quién no se habrá sentido así en cualquier momento de su infancia? Seguro que una parte de ti está aquí dentro. Un cóctel perfecto con ingredientes de vida: amor, amistad, emoción, dolor, melancolía, delicadeza, reflexión, pasión, crecimiento, soledad, recuerdos, tristeza, añoranza, aromas, tiempo o viento, entre muchos otros. Un libro precioso, necesario y que debes leer, sí o sí.
Para acabar, os dejo con un fragmento que me parece maravilloso y que define de manera perfecta la esencia del libro: “Yo amo la nieve, el granizo y el salto en precipicio de una cascada. Admiro la avalancha, el aire desplazado de un bofetón, el derrumbe de una ladera que se desprende con la carga de nieve. Amo el agua que se sumerge en caída y no el fuego que se abalanza hacia lo alto y quiere elevarse, encabritarse y disgregarse en cenizas.”
¡Disfrutadlo!