Las cosas se ponen negras. En este tercer tomo de la saga BN, la historia comienza a abordar la seriedad de los problemas que se han venido planteando en los dos últimos números.
Mientras el Equipo Plasma se vuelve cada vez más agresivo y radical en sus medidas para probar sus ideas, los líderes de gimnasio se preparan para intervenir. Sólo les falta una pieza clave: Negro.
Al mismo tiempo que se le explica toda la mitología detrás de los orbes claro y oscuro, el lector conoce la leyenda de los dos príncipes de Tesselia y el dragón mítico de los ideales y la verdad. En un esfuerzo por establecer un paralelismo, se va dejando claro que la situación podría repetirse una vez más con el equipo villano y su rey de por medio.
Por ello los líderes de gimnasio deciden probar la valía de Negro y, junto a él, establecer una emboscada en la que detener por fin la revolución del Equipo Plasma. En un giro de los acontecimientos inesperado y con una intervención legendaria, los líderes verán su plan fracasar y depositar todas sus esperanzas en el joven, que deberá convertirse en el héroe que se oponga al rey del Equipo Plasma.
Por otro lado, Blanca prosigue su viaje para fortalecerse, comprender los combates y reflexionar sobre si de verdad oprime a sus pokémon como le sugirió N.
Si bien este tomo desvela mucho sobre la mitología de la región, lo he encontrado algo más flojo que los anteriores.
Por un lado, cuenta con flashbacks que nos ayudan a conocer el pasado de los personajes y establecer una problemática posterior, pues la unión entre entrenadores y pokémon será fundamental en esta saga del manga.
Sin embargo, las grandes batallas y momentos más emotivos quedan intercalados entre episodios de entrenamiento que no consiguen mantener la alta tensión narrativa que se había estado marcando en tomos anteriores.
Si bien es algo temporal y aún así es necesario bajar la tensión en cualquier historia de vez en cuando, el tomo queda algo desmejorado frente a sus compañeros.
Deseando ver cómo explota toda esta tensión y las tramas llegan a su cénit.