Tomá, una reseña al pie
De lejos, el fútbol es el deporte rey del mundo. Esto se debe a la emoción y al jolgorio que lo rodea. Sin embargo, su máximo esplendor es alcanzado cuando leyendas, como el futbolista que nos atañe, hacen arte con su cómplice incondicional: el balón, el esférico, la redonda… La caprichosa. Efectivamente, Diego Armando Maradona regó su arte durante toda su carrera: en Argentina, España e Italia. Pero, fue en México cuando el público atestiguó la obra maestra del 10 argentino: el mundial del 86, su mundial.
En alguna ocasión, Daniel Arcucci, responsable del presente libro, dijo que este texto podía ser llevado al oído y sentir como si escuchásemos directamente a su protagonista, Diego Maradona, compartirnos su vívido testimonio sobre la hazaña que lo inmortalizó. Y sí, el relato maradoniano sobre su fiesta futbolística no defrauda. Maradona no solo nos narra ciertos pormenores con respecto a la selección que capitaneó, también se detiene a reflexionar sobre los problemas y soluciones del equipo argentino actual, como de figuras contemporáneas del fútbol (sí, le dedica varios párrafos al otro dios argentino, a Messi).
A propósito del Cebollita, Eduardo Galeano, intelectual y futbolero, había dicho que el astro argentino era un dios sucio. El uruguayo lo etiquetaba así debido a su incomparable talento y a su vida, bastante humana, bastante dionisiaca. En efecto, el testimonio del de Villa Fiorito está cargado de eso: liderazgo, personalidad, determinación y trabajo duro; así como desprecio, egoísmo, soberbia y contradicciones. A la final, quién va a cuestionar el ego desmedido de Maradona, si le pusieron una cámara delante desde que tenía 16 años. Pensemos una cosa: Diego fue filmado desde esa temprana edad hasta su muerte. Así, quién no se acaba creyendo dios.
Por lo anterior, se puede cuestionar si Maradona fue un dios (ya dijo Nietzsche que el inventor de dioses es el mismo humano). No obstante, lo indiscutible es el heroísmo del 10, al menos si lo observamos desde una perspectiva literaria. Toda epopeya necesita tres cosas: una hazaña, un héroe y un poeta. La primera fue el mundial, el segundo fue Maradona y el tercero, Victor Hugo Morales con su narración inmortal del gol, golazo, contra Inglaterra. En consecuencia, se siguen escribiendo libros, películas, series y documentales sobre su figura porque Maradona, como todo héroe mitológico, no nació para vivir una vida común. El tipo nació para la gloria, pero la inmortalidad tiene un precio y él se equivocó y pagó. Mas, su fiel compañera, la pelota, no se mancha.
En conclusión, el presente testimonio consigue retratar, fidedignamente, la personalidad del héroe (¿o debería decir antihéroe?) argentino. Entre las 233 páginas que nos ocupan, se puede apreciar la rebeldía, el humor, la ambición y la soberbia del último capitán albiceleste en saber lo que pesa la copa del mundo. Además, como el gran orador que fue, termina su relato con una frase lapidaria: “¿Después de Messi, qué?”. Lo que me llevó a pensar, o formular, otra pregunta a propósito de la consecución de la gloria mundialista: Después de cumplir tu sueño, ¿qué?