This series of biographies presents the great composers against the background of their times. Each draws on personal letters and recollections, engravings, paintings and, when they exist, photographs, to present a complete picture of the composer’s life.
A concise and accessible biography of one of the greatest composers of all time, Ludwig van Beethoven. As part of the ‘Illustrated Lives’ series, Ateș Orga’s book contains many beautiful illustrations of the people and places that shaped Beethoven’s life as well as reproductions of the composer’s sketches and autograph scores. What particularly sets this biography apart from many others is Orga’s extensive use of primary-source materials, such as Beethoven’s letters and those of his contemporaries, concert reviews, and finally quotations from memoirs of those whom the composer crossed paths. These documents give the reader insight into Beethoven’s mind and temperament in dealing with mundane matters such as money, family, love, and the impairment of deafness that plagued the last half of the composer’s life. The author is also careful to place Beethoven within the context of which he lived, that is, referring to the tumultuous years of revolutionary Europe and how this political backdrop molded the composer’s ideas of freedom and brotherhood that often come across in his music. My only wish of this book is that it could have had more discussion of the music itself, but in 176 pages Orga deals with a vast amount of material that the reader can confidently tackle more in-depth studies having read this book.
El mayor interés de esta biografía del genio de Bonn es el uso de material epistolar del propio biografiado y de contemporáneos suyos que dan una imagen del compositor a veces conmovedora. Cito la carta de Goethe a Zelter siguiente: "He conocido a Beethoven en Teplitz. Su talento me asombra; por desgracia, tiene una personalidad completamente salvaje. Es posible que tenga algo de razón al considerar que el mundo es un lugar detestable, pero seguramente no lo vuelve un poco más agradable, ni para él ni para los demás, con su actitud. Se le puede perdonar fácilmente, por otro lado y en gran parte se le compadece, porque su sentido del oído le está abandonando, circunstancia que perjudica menos la parte musical de su naturaleza que la social. Tiene un carácter lacónico y llegará a doblarlo a causa de su carencia". Es curiosa la actitud condescendiente del gran escritor alemán con uno de los mayores genios de la humanidad. Destaco un fragmento de la memorias de Tomasek (1845) citado en el texto que critica con razón la muy popular en su momento Batalla de Vitoria: "El concierto finalizó con La batalla de Vitoria, que entusiasmó a la mayor parte del público. Yo, por el contrario, estaba dolorosamente afectado de encontrar entre el más grosero materialismo a Beethoven, a quien la providencia quizás ha dotado del más alto trono en el reino de la armonía. Los materialistas me dicen que él mismo ha tildado la obra de estúpida y que sólo le gustaba porque era un éxito que quitaba el aliento a los vieneses. Yo, por mi parte, creo que no era con La batalla que Beethoven, poco a poco, se había ido ganando el favor de Viena, sino con sus otras magníficas obras. Cuando la orquesta quedaba casi por completo eclipsada por el fragor ateo de los tambores, las sacudidas y portazos y yo expresaba al señor von Sonnleithner, mi desaprobación por el atronador aplauso, éste último, burlonamente, replicó que la multitud habría disfrutado de la obra incluso más si sus propias cabezas vacías hubieran sido golpeadas de la misma forma. El concierto fue conducido por Umlauf y Beethoven de pie junto a él marcando el ritmo, aunque en general su pulsación estaba equivocada debido a su sordera. Esto, de todas formas, no causaba confusión, ya que la orquesta seguía sólo el compás de Umlauf. Bastante ensordecido por la catarata de ruido, estuve contento de salir al aire libre de nuevo".