Primer poemario de Rafael Cadenas, escrito entre Port of Spain y Caracas en 1958. Una versión mecanografiada circuló multigrafiada en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela en 1977. Luis Miguel Isava menciona en una nota al pie de la tercera edición de Antología de Rafael Cadenas (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1996), que es en esa antología que se publicó una selección verdaderamente representativa del poemario.
Rafael Cadenas es un poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Formó parte del grupo «Tabla Redonda» a comienzos de la década de los sesenta. En 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2009 el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara, México.
“La destrucción me sitia. Me estanco, en litigio. La claridad se vuelve inútil. Llegué y no llegué. No ando, me desando, en pedazos. Digo estoy y no siento lo que digo. Voy de cerco en cerco. Atestiguo derrumbes. Busco lo que solo no puede encontrarse, y se hace tarde”.
Este es el primer poemario de Cadenas - uno que construye una voz auténtica, mirada resplandeciente a los espacios del amor, profundo dolor al exilio, pérdida en un nuevo comienzo de no reconocerse.
La destrucción me sitia. Me estanco, en litigio. La claridad se vuelve inútil. Llegué y no llegué. No ando, me desando, en pedazos. Digo estoy y no siento lo que digo. Voy de cerco en cerco. Atestiguo derrumbes. Busco lo que solo no puede encontrarse, y se hace tarde.
Me gustó su poesía, es muy bueno. Me lo encontré en una de mis expediciones al Fondo de Cultura Económica, como siempre, hurgando en libros de autores no conocidos, saciando mi curiosidad. Un ejemplo de sus versos de aparente simpleza, pero es difícil de lograr cuando lo intentas: “No teníamos nada y éramos magníficos.”