Esperaba algo más fresco, como Tres sombreros de copa, pero me ha aburrido un poco. Al principio, pensé que la enfermedad del Nene iba a ser catalizadora de la presencia del absurdo, pero parece ser más bien un recurso para justificar la presencia de Sor María. He tenido esa sensación varias veces, con repeticiones y juegos de palabras que pensaba que serían la puerta de entrada a un planteamiento más moderno.
El personaje de Sor María tiene mucha potencia, apareciendo como una especie de presencia sobrenatural, una subversión del detective, una fuerza que introduce el suspense. Esta configuración se mantiene hasta que se descubre su potencial cómico, desvelando al espectador que en realidad desconoce qué pasa a su alrededor. Creo que, precisamente, el eje dramático del enredo, cuya naturaleza debía ser cómica, provoca que se esfume la comicidad. Estoy segura de que en escena, la traducción interpretativa del susto de los ladrones redondeará mucho más el final, evitando que se desinfle, como ciertamente creo que le pasa en la lectura. Con todo, está escrita con ingenio y la he disfrutado, aunque me habría gustado que fuese un poco más irreverente (especialmente cuando creo que habría sido cómodo arriesgarse con un personaje tan divertido como una monja-detective). El tono me ha recordado al teatro burgués. Creo que el planteamiento del enredo y la unidad total de acción hacen que se frene el ritmo.
Aun así, tiene puntos verdaderamente graciosos y recuerda mucho al cine español de los 60. Un atraco perpetrado por aficionados, una monja y muchos dobles sentidos. Bien para una tarde