Hay dos tipos de las que ven las cosas pasar y las que hacen que las cosas pasen. Lo mismo ocurre con la hay quien decide ser feliz y quien decide no serlo. La felicidad no es un don sobrenatural, un bien del que solo pueden disfrutar unos pocos privilegiados. Existen determinadas actitudes y predisposiciones mentales que alimentan la felicidad, y cultivarlas está al alcance de todos, como demuestra en este libro el cómico y guionista Ángel Rielo. Cuando el mal humor, la agresividad y la ley del más ladrador imperan, cuando la gente va por el mundo con cara de perro, este pequeño manual hace bandera de todo lo el positivismo, el optimismo y la alegría pueden lograr grandes transformaciones, empezando por nosotros mismos. Un libro que combina teoría y práctica, datos y anécdotas ¡para que te conviertas en todo un feliciólogo!
Aunque pretendía ser algo diferente a lo ya conocido (quizá yo tenía unas expectativas muy altas), me da la sensación de que es otro refrito más. Me gusta la energía de Ángel pero le doy una estrella porque creo que no me ha aportado mucho.
Este libro lo escuché y creo que fue lo que lo hizo ameno! Voces, chistes, otras personas.. por ello le doy las 4 estrellas. El libro no dice nada que no hayas escuchado antes pero si es verdad que hay muchas frases que a mí me han hecho “Click” es corto, es ameno.
Bueno, tiene algún pasaje interesante pero es un libro más de este género, si lo queréis leer, se puede sacar algo útil, pero tampoco lo recomendaría. Me lo acabé hace un par de meses y escribo ahora la reseña, no recuerdo mucho lo que leí, solo un par de cosas. Mala señal.
El libro es genial. Lo compré tras ver el espectáculo de Ángel Rielo, donde reí, lloré y disfruté muchísimo. El libro plasma más o menos la esencia del show.
Se me ha hecho bola. Toca muchas ideas que todos hemos oido alguna vez pero no desarrolla ninguna. Encuentro que hay demasiada opinión personal, además de que asume muchas cosas generalizando cuando cada persona y situación es diferente. No están mal muchos de los mensajes que da, pero la subjetividad y las pizcas de ideología política destrozan por completo el libro.
¡Lo he terminado! ¡Al fin lo terminé! A ver, admito que el autor me ha caido bien en el libro, y que hay alguna que otra cosa que me ha gustado, pero en general ha sido un auténtico coñazo de leer. Realmente en ningún momento me planteé leerme este libro, nunca me interesó, pero mi abuela me lo regaló de un viaje que hizo, así que me lo leí para no hacerle el feo, pero sino lo hubiera abandonado. Y lo que me ocurre con este libro es que todo el rollo de pensar siempre en positivo me parece una chorrada (en mi opinión). En lugar de leer un libro de autoayuda que habla de la felicidad me gustaría leer un ensayo filosófico sobre la misma. Sin embargo, agradezco que el libro casi (casi) careciese de androcentrismo en el lenguaje. Y también tengo que admitir que me han gustado algunas cosas como:
"En aquellos años a los internados iban los huérfanos o los malos zagales y yo tenía unos padres oficiales y, aunque era travieso, nada que se saliera de lo normal. Que yo cada vez que veo a un padre decir que su hijo es malo le daría un zapatillazo en toa' la boca. (...) Los niños son traviesos, actúan como les han enseñado sus mayores, así que antes de llamar malo a tu hijo mírate al espejo, alma de cántaro."
Pero en general no he disfrutado mucho la lectura, aunque me ha entretenido en las horas muertas. Si te gustan este tipo de libros supongo que te gustará este, pero a mí no.