Un libro de ilustraciones no es el formato ni el registro artístico al que estoy más acostumbrado, al margen de lo cual, leer Equipaje me pareció una experiencia preciosa. El arte de Troche es simple, sencillo, y eso es algo que me gustó mucho porque haciendo uso de pocos trazos y aprovechando muy bien los espacios y los vacíos asi como los contrastes en blanco y negro, consiguió trasmitirme un montón de cosas, hacerme reflexionar y removerme con mucha potencia.
Los dibujos contienen, ese es uno de sus principales hilos conductores. La contención. A través del abrazo de la naturaleza, el amor, el cielo nocturno, el mar, la música; se hace frente a la soledad, el agobio de la ciudad, la rutina, la irreflexión. Los personajes y escenas retratadas por Troche son cotidianas: podría tratarse de cualquiera de nosotros, de nuestros sentimientos tanto en el nivel del día a día como a una escala de mayor profundidad reflexiva. Con cierta ironía se refiere a los sinsentidos de nuestro mundo cotidiano: una flor que desde un piso alto salta, rompe su maceta y sale corriendo; o el colapsado tránsito citadino manejado por anónimas manos como si fueran autitos de juguete.
Excelente libro, muy recomendado, que si nos proponemos leer de un tirón se va en una tarde, pero creo que no es esa la experiencia de lectura más recomendable (aunque fue la mía). Equipaje es de los libros que está bueno tener a mano en la estantería de casa, para hojearlo de vez en cuando, en los momentos en que el sentir lo requiera, o para compartirlo con otros y abrir las imágenes a distintas interpretaciones.