Enrico Fermi, uno de los científicos más notables del siglo XX, revolucionó la física de la primera mitad del siglo con el desarrollo de la física cuántica, la mecánica estadística y la física nuclear. Fue precisamente en este último campo donde su nombre resuena con mayor fuerza; no en vano participó activamente en el desarrollo del primer reactor nuclear de fisión que conduciría años después a la construcción de la bomba atómica, en cuyo proyecto también cooperó, y que cambiaría el curso de la historia. Físico excepcional adelantado a su tiempo, encarnó como pocos el prototipo del científico moderno, pues lejos de aislarse en su genialidad, supo rodearse de los mejores para trabajar en equipo. Pero Fermi no fue solo un gran investigador, sino también un extraordinario maestro, cuya magnífica labor pedagógica sirvió para formar a varios futuros premios Nobel.
Pensé que me sentiría como Penny de The big bang theory mientras leía este libro, pero seguro estará entre mis mejores lecturas del 2024. Para nada aburrido, ni por la biografía de Enrico Fermi ni por la descripción técnica de sus estudios y experimentos. Tengo que darle las gracias por eso a mi profesora de bachillerato Dalys Sasso, ya que seguí la lectura bien a gusto pese al lenguaje científico y fórmulas. ¡ Gracias profe por mi bases en física !
Y eso que lo agarré de la estantería tan solo porque era tapa dura, abrí el índice y leí "El Proyecto Manhattan", algo que captó mi atención de inmediato pues me estab7⁶a acordando que no he visto la película de Oppenheimmer.
Se escucha hablar mucho de ciertos científicos que contribuyeron con la creación de la tecnología nuclear hasta desembocar en la creación de las bombas atómicas que estallaron en Hiroshima y Nagasaki, por ejemplo, de Einstein y Oppenheimer, pero hasta ahora yo no sabía nada de Fermi. Me encantó saber lo curioso y dedicado que era para estudiar, característica que sostuvo por el resto de su vida, y no por ser tan abnegado en su área profesional fue menos entregado como esposo y padre. Además de ser un amigo leal, un profesor entusiasta y un colega confiable, supo compartir conocimiento aunque a las finales este conocimiento se usó para algo tan despreciable como aniquilar tantas vidas. Su contribución en el desarrollo de las tecnologías nucleares es soprendente y, pues, aunque fue parte de algo moralmente cuestionable (el uso de la bomba atómica), la energía nuclear la pensó con otros fines no bélicos. Aquí en este libro se sustenta bastante bien que sus intenciones eran buenas o al menos eso es lo que trató de dar a entender el autor.
A mí me convenció, tengo que admitirlo, y al final me terminó pareciendo un tipazo inteligentísimo que dio lo mejor de sí a la ciencia y a su familia. Su muerte, como tantos de los que trabajan con sustancias radioactivas, es muy triste. Sin embargo, las satisfacciones que tuvo, como salvar a su esposa judía y sus hijos de la amenaza nazi en Europa, asi como ganar un premio Nobel, dan cuenta de que tuvo una gran vida para sí mismo y para los demás.
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