En general, solo tengo cosas buenas que decir de este libro. Ya había leído con anterioridad Al final de la calle 118, de esta autora, y me había gustado bastante salvo por el final —un final que provocó opiniones muy diferentes en general, así que tampoco debería quitarles ganas de leer—. Al igual que en este libro, Clara Cortés toca temas intensos y crea personajes con historias dolorosas y a veces bastante fuertes. Esto es importante porque ya veo que es una constante en sus novelas que los personajes sean quienes mueven la trama, y no la trama a los personajes.
Voy a hablar de esto ahora porque anduve viendo por ahí comentarios de que esta novela no tiene trama o que no pasa nada y me indigné un montón. Más bien, me pregunté qué tipo de literatura andarían consumiendo, si necesitan tener una trama muy clara o masticada o lineal para poder disfrutar de una novela. El proceso de los personajes para pelear con sus demonios internos, su relación y lo que esto trae consigo, todo eso es la trama. Que se profundice en eso y la historia narre mucho sobre sus emociones no hace que no haya trama. Quiero dejarlo claro porque me parece alarmante la facilidad con la que veo que varios dicen «no pasa nada» sobre algunos libros
Así que, como ven, la historia gira en torno a la relación de María e Ignasi, y de cómo su encuentro hace que empiecen a tener lugar ciertos procesos internos, quizás los de Ignasi más volcados en María y los de María, en su propia vida. Esto también es una constante. Ignasi orbita un poco alrededor de María; si bien tiene sus propios problemas, vemos que su principal interés es ella. María, por otra parte, le da cierta entrada a Ignasi, que se vuelve un gran apoyo, pero se enfoca en ella misma y sus problemas. Y quién puede culparla, la verdad. De esta manera, surge una cierta dependencia entre ellos, en el vínculo que los une y en la forma que tienen de hacerse sentir bien, pero que termina por no ser sana. Todo esto fue interesantísimo de leer y también muy intenso, ya que se hace énfasis justamente en las emociones y vivencias de ambos personajes. Quizás un problema podría ser que este enfoque desdibujara a los secundarios, pero no los eché de menos especialmente.
Ignasi, nuestro protagonista y narrador, es quien cuenta su historia con María. La cuenta, así como lo digo, después de un tiempo de estos hechos, y es un narrador que se involucra, que nos revela ciertas cosas al narrar y que nos permite elaborar teorías mientras tanto. Como personaje, quizás pueda parecer una persona débil, poco definida y triste, pero creo que eso es quedarse en la superficie. Es una persona rota, sí, pero no es débil. No se nos dice tanto de su situación familiar como la de María, pero lo que no se dice se sobreentiende. Y también vemos qué tipo de persona es en cómo se lleva con sus amigos, que son los secundarios más firmes de la novela.
María es un poco más compleja, pero puede ser también porque la vemos a través de los ojos de Ignasi y porque leemos las cosas que escribe para desahogarse, que se incluyen en la novela —y más sobre el final entendemos por qué— de forma muy acertada, para mí. También leí muchas cosas sobre lo reprochable de su comportamiento, pero a mí me parece coherente con lo que ha vivido y con el impacto emocional que provoca todo lo que sabemos de ella. En el fondo, es una niña perdida y que busca agradar, cierto afecto y cierta tranquilidad. Leí por ahí que es muy egoísta; yo no lo veo tan así. Sí tiene actitudes egoístas —como la mayor parte de la gente, vaya—, pero no creo que esto sea parte de su personalidad sino de su situación. Y esto no es justificarla, es ejercitar la empatía y entender que a veces las personas se comportan mal porque no están bien y no saben manejarlo. Así de simple (o no tan simple).
No tengo mucho que decir sobre la ambientación en general, salvo que los lugares están bien presentados de una forma que se entrelaza con la historia y con las necesidades de la trama. Es decir, es un pueblo normal, del que tampoco se dice demasiado, pero que encaja con lo que se nos va contando. No es como esos libros en los que vemos a los personajes en lugares en blanco que nunca se nos describen, ni es excesivamente descriptivo. Creo que las descripciones son justas pero acertadas.
La narración para mí es lo mejor de esta novela. Sabía que Clara escribía muy bien porque ya había leído otra de sus novelas, como les comenté más arriba, pero es genial poder ver lo mucho ha mejorado y cómo se va superando a sí misma, supongo —espero— de libro a libro. Hay algo en la prosa que mueve la historia del papel al cuerpo de uno, ¿cómo explicarlo? La intensidad de las emociones se transmite perfectamente, y a la vez no es una prosa que desaparece. No, es de esas que da gusto leer, de las que suenan y que se pueden leer en voz alta y disfrutar. Y otra cosa a mencionar: es una prosa compleja, que utiliza recursos estilísticos varios, y no por eso se hace pesada. Importa, porque no sería la primera vez que una buena novela pierde por sobrecargarse y volverse pedante, pero esto no pasa acá. De hecho, se hace muy fácil de leer; lo devoré prácticamente en una noche o poco más. Se mezclan esta facilidad, la belleza y las ganas de saber qué es lo que pasa y todo invita a seguir. Además, me parece muy bien utilizado el recurso de que Ignasi cuente lo que pasa y que veamos la perspectiva de María a través de sus apuntes.
En definitiva, es una novela preciosa y no me equivocaba al pensar que Clara Cortés tenía muchísimo más para dar y que iba a seguir superándose —¡y lo que nos espera, con el futuro que tiene!—, era cuestión de tiempo. Además, el libro cuenta con ilustraciones preciosas, que emociona mucho ver. No hay nada que no recomiende de este libro, aunque supongo que si sienten que este tipo de argumentos menos definidos o más basados en los personajes no son para ustedes, quizás no la disfruten de la misma manera. Yo los invito a probar, igual, porque vale mucho la pena y es de las cosas más bellas que leí este año.