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324 pages, Paperback
Published June 15, 2016
Estas son unas memorias escritas en un tono sorprendentemente íntimo para lo que uno conoce del personaje. Siempre le he tenido una injustificada antipatía al autor, que creo se basa en mi poco roce con economistas. Sin embargo, Sebastian Edwards escribe con buen estilo y uno de a poco se rinde ante sus historias.
Además, los momentos históricos que le tocó vivir son de lo más interesantes y en parte me inclinaron por comprar el libro. De hecho, algunas anécdotas me hicieron reír mucho. El autor además relata con cierta riqueza los escenarios y uno se transporta a un Santiago donde se circulaba en Citroen 2CV, la Facultad de Economía estaba en calle República y partida en dos, la escuela de la Católica estaba en Los Domínicos y La Maisonette en Providencia. Los precios los fijaban unos grises funcionarios públicos, el lugar top era el Coppelia, La Florida era el campo, podías estar en 2º básico y tu mamá tener 28 años. En fin, detalles obvios para generaciones anteriores pero que para la mía aparecen llenos de magia. Hay algunas historias algo más profundas acerca de los momentos que se vivían, como cuando lo acusan de reformista por leer Moby Dick, o el caso cuando deciden en clase leer a Karl Marx en francés, ya que la traducción al castellano vigente no era suficientemente revolucionaria. Estas historias están contadas sin adornos ni juicios de parte del autor, es la distancia del tiempo lo que las convierte en impresionantes a ojos de uno
La parte íntima del relato no está tanto en la relación del autor con su padre, sino en detalles como la relación con los libros, algunos amores platónicos de niñez, la relación con la mamá, la manera cómo le hablaba a su primer nieto. Siempre algo refrescante para quienes nos cuesta conectarnos con nuestros sentimientos.