Son cuatro cuentos largos, entrelazados, la lectura es fluida y los personajes son pintorescos y bien construidos, pero las tramas de los relatos son en realidad muy endebles. Quizá sólo el último relato me mantuvo expectante. Tampoco representa mayor efecto en el conjunto el hecho de que los personajes reaparezcan, nada más dice uno “Ah, este güey es el niño del otro cuento”. Además, el libro, aunque tiene un diseño amable, tiene varias erratas: puntuación y acentos sobre todo todo, y el índice está incompleto.