Trata de semblanzas, vidas y descripciones de niños impelidos a trabajar en lo que el destino les depare, de hogares que transforman ese trabajo en ganancia para el dueño de la taberna, y luego en violencia familiar; de jóvenes trasladadas a la capital como servidoras domésticas que, tras la violación de turno, son echadas a la calle y lanzadas a la prostitución. Es la denuncia de la corrupción en todos los niveles; en fin, es el grito de “los pobres diablos de la pampa”, presas del latifundio y de la violencia y miseria que este genera.
Relata varias historias cortitas del protagonista, que se llama a sí mismo un “pobre diablo”. Habla de Guanacaste y su gente en esa época, de la diferencia de clases y de corrupción. Escrito en los 60s, es terrible ver como aún las situaciones son las mismas. Describe SJ como una cosa horrible y me sentí identificada. Tiene un glosario al final es vacilón ver cuántas palabras sé y cuántas no.