Segundo libro de la serie de la fiscal Jana Berzelius. Han transcurrido unos meses después de los sucesos del primer libro y, en esta ocasión, le tocará trabajar en un caso que involucra tráfico de drogas mientras continúa lidiando con un pasado que la obsesiona y la persigue.
Aunque el libro anterior me gustó demoré más de un año en querer retomar la serie y fue un acierto porque la disfruté más después de esa pausa. Recordaba lo principal y lo que no ya nos lo recuerda la autora brevemente, en ningún momento me perdí.
Lo que más me gustó es cómo está estructurado. Los capítulos son de extensión normal pero dentro de cada uno encontramos escenas cortas, narradas en tercera persona y desde el punto de vista de varios personajes. No solo contamos con la perspectiva de Jana sino también de sus compañeros (Mia, Henrik, Gunnar, Annelie, Per), sus padres, víctimas y victimarios y algún personaje ocasional. Esto le da mayor dinamismo y la hace muy entretenida de leer además de tener ese efecto de "otro capítulo más" que terminan volviéndose diez, yo me lo bebí. Y bueno, si algún personaje no te gusta no pasa nada porque en un santiamén pasas a otro. A mí me caen fatal Per y Mia.
En lo particular, sentí que la historia iba de menos a más. Varias escenas que, en un principio, me parecieron innecesarias y sin interés alguno fueron adquiriendo sentido al ir avanzando, uno empieza a comprender porqué se le da relevancia a tal persona o asunto.
He notado una narración mejor trabajada aunque me sigue chirriando un poco lo de la constante repetición de nombres completos.
El caso no es tan enrevesado como muchos de los que se ven en novelas del género con ese afán de impresionar o sorprender. Es algo muy sencillo, va de drogas, "mulas" y corrupción, real y casi común de hecho. Sin embargo, resulta atractivo y emociona, más aún con el contexto que se le da y las conexiones que se van estableciendo.
Las revelaciones finales no sorprenden tanto ya que la autora nos va dejando pistas a lo largo del libro, algunas evidentes. La gracia más bien recae en ver cómo los personajes llegan a esos descubrimientos que ya sabemos o, por lo menos, sospechamos. Más de una vez quise entrar al libro y evitar que metieran la pata.
En conclusión, La marca de la venganza me ha parecido una secuela digna, que me atrapó y me mantuvo interesada todo el tiempo. Sencilla, con poca sorpresa pero que, aún así, cumple con acierto, por lo menos conmigo así ha sido.