El sello Galerna, que el año pasado republicó Las Puertitas del Señor López, engrosa su colección titulada “Biblioteca Altuna” con un segundo título realizado por Horacio Altuna junto a Carlos Trillo allá por principios de los años ´80. Se trata de El Ultimo Recreo, aparecida originalmente en 1981 en las revistas SuperHum® (Argentina) y 1984 (España), y considerada uno de los grandes clásicos de la seminal dupla.
Carlos Trillo was an Argentine comic book writer. Trillo began a prolific career as writer already at the age of 20, writing his first story for Patoruzú magazine. Trillo created, together with Horacio Altuna, the strip El Loco Chávez, which appeared every day at the back of the newspaper Clarín from July 26, 1975 to November 10, 1987. After that, the strip was replaced by El Negro Blanco, which he wrote for the artist Ernesto García Seijas until September 1993. He married writer Ema Wolf and had two children. He participated on the creation of several comics including Cybersix in 1992, with Carlos Meglia, and the Clara de noche and Cicca Dum Dum series with Jordi Bernet. He has also collaborated with Alberto Breccia and Alejandro Dolina. In 1999, his work La grande arnaque won the Prize for Scenario at the Angoulême International Comics Festival. He died in London on May 8, 2011, while on holiday with his wife. (Source: Wikipedia)
Carlos Trillo y Horacio Altuna lograron en esta obra de 1983 un clásico imprescindible del cómic que nos remite a ficciones como El señor de las moscas, en que los niños ocupan el lugar de los adultos y reproducen patrones de comportamiento, en parte aprendidos y en parte consustanciales con el ser humano.
Una bomba ha borrado a todos los adultos de la faz de la tierra dejando a los niños indefensos y asustados, obligados a desenvolverse en un medio que se va deteriorando cada vez más. Sólo sobreviven los que no han alcanzado la madurez sexual, por tanto siguen muriendo a medida que entran en la pubertad.
No es un álbum optimista, hay que decirlo. El dibujo en blanco y negro nos muestra una ciudad inhóspita, llena de basura y bandas de niños que intentan buscar comida y se ven envueltos en la violencia y la desesperación. Los capítulos son como historias sueltas, con algunos personajes que van reapareciendo y muchos otros que son como destellos de horror o de compasión, cada uno enfrentándose a las circunstancias a su manera.
Sin embargo, deja una puerta abierta a la esperanza y también hay muchos momentos de bondad e inocencia infantil, con algunos personajes optimistas y bienintencionados que nos hacen la lectura más llevadera.
Agridulce colección de historietas donde la humanidad ha quedado reducida a unos niños condenados a morir en su despertar sexual. La lucha por la supervivencia, la nostalgia por las familias y las comodidades perdidas, la búsqueda de un grupo al que permanecer, guían una mayoría de historias donde los sentimientos más nobles se entrecruzan con la repetición de los comportamientos y las actitudes que han llevado a la civilización hasta su final.
Relato postapocalíptico en la intersección entre La Tierra permanece y El señor de las moscas, destaca por cómo Trillo condensa en secuencias de ocho páginas una situación clásica de planteamiento, nudo y desenlace, y construye un lugar narrativo a partir de capítulos sin demasiada continuidad. En simbiosis con el guión se encuentra un Altuna deslumbrante: a la hora de plasmar ese entorno en descomposición, representar los personajes y la acción, crear una atmósfera oscura y decadente, y, sobre todo, poner en práctica una narrativa fluida donde los bocadillos conducen la mirada por los paneles como si estuvieran embadurnados de aceite. Esto llega a ser hasta un problema porque puedes perder la noción de los detalles del dibujo, y merece la pena detenerse en ellos.
La edición de Astiberri está a la altura del contenido.
Otra obra recuperada de las revistas Toutain, concretamente de 1984, donde la leí en su día. Pensaba que el paso a un solo volumen le perjudicaría, pero releída de golpe, lo poco que pierde en cuanto a obra compacta lo gana en cuanto a obra compacta. Leída de corrido, el final deja una impresión de historia inconclusa, inacabada, pero la suma de los diversos detalles y personajes que configuran el escenario postapocalíptico en el que los autores revisitan, como tantas obras, El señor de las moscas, potencia la sensación de conjunto, que se perdía un poco en la lectura mes tras mes de los diversos episodios. Si eliminas el instinto sexual del relato postapocalíptico queda esto, un tristísimo cuento de niños que no pueden ser adultos y han de sobrevivir siéndolo. Maravillosos relatos de Trillo y esplendente dibujo de Altuna. Un cómic imprescindible que no ha perdido nada con el paso de las décadas.
Este livro tem muito bons desenhos (um estilo com o qual tive oportunidade de ter contacto há uns anos, quando li o livro Chances, de Altuna). No entanto, a história desorientou-me um pouco, pois a premissa inicial fez-me pensar na época vitoriana e em todos os preconceitos para com a sexualidade da altura. Qual terá sido a ideia dos autores ao mostrarem o despertar sexual como algo negativo Em todo o caso, gostei mais deste livro do que desgostei. Trata-se de uma visão distópica pessimista sobre a condição humana, ainda que haja bondade entre alguns daqueles jovens. 4 estrelas!
Un arma química acaba con todos aquellos que han tenido su despertar sexual, dejando a los niños como únicos habitantes de la ciudad. En este marco Trillo y Altuna desgranan un conjunto de historias amargas en las que, como un El señor de las moscas post-apocalíptico, los niños se dedican a repetir los peores de los vicios del comportamiento adulto.
En esta ocasión, son 2 autores argentinos los que nos llevan a un futuro desolador en el que por efecto de una ataque biológico no aclarado, todo los adultos mueren. De hecho por efecto residual, todos los niños que llegan al despertar sexual de la adolescencia también mueren inmediatamente, quedando solo los pre adolescentes con vida. Niños con toda la ciudad para ellos, sin supervisión, sin normas, sin adultos, pero también sin comida a medida que pasa el tiempo y con la cruda crueldad infantil campando a su anchas.
Cómic muy recomendable aunque sin llegar a las cotas de calidad de “Hombre”. Son historias cortas de 8 paginas y relatan episodios concretos de chungez y bajeza a los que son capaces de llegar estos chavales. Como si fuera un señor de las moscas, pero con toda la ciudad y todas las posibilidades que ello ofrece y siempre con el miedo al crecer, al deseo sexual y a la muerte asociada a él sin saber si los efectos de la bomba son pasajeros o duraderos. Todo tiene fecha de caducidad, excepto la crueldad humana.
4.5 ⭐️ Começa com um vírus que dizima todos os adultos, deixando as crianças livres numa cidade vazia e que depressa se transforma em caos. Apesar de a violência surgir nas ruas, a inocência das crianças é destacada e a sua vontade de acreditar que as coisas irão melhorar vai desenrolar-se ao longo de pequenas histórias e naquilo que dá o título ao livro, o inevitável "Último recreio". Todos passámos por isso, aquele momento em que crescemos e deixamos de ser crianças, ainda não sendo adultos mas já com um entendimento das coisas mais maduro. Uma belíssima história, horrífica em partes, mas que não deixa de retratar a natureza humana, por crianças que não conseguem evitar crescer por mais que o queiram. Em traço a preto e branco, marca de forma excelente toda a obscuridade, dramatismo e até loucura das personagens. Simplesmente fantástico!
Aunque parezca mentira, dado que la lejanía lo ha convertido casi en un mal sueño, durante los ’80 se llegó al paroxismo en un miedo específico: el pánico a la aniquilación nuclear. Una sombra que planeaba sobre todos nosotros e impregnaba cualquier manifestación de un hondo pesimismo, de una desconfianza inequívoca tanto en el futuro como en las capacidades de la raza humana para superar sus problemas civilizadamente. Fue la década de las distopías, pero -sobre todo- de los apocalipsis (atómicos, ya se ha dicho, pero no exclusivamente: también hubo sitio para las epidemias mortíferas o las revoluciones de la Inteligencia Artificial). No pudo la historieta sustraerse a esa inquietud y en su expiación quedaron obras maestras como Watchmen o Cuando el viento sopla. Los argentinos Carlos Trillo y Horacio Altuna quisieron dar su particular vuelta de tuerca al asunto. Su fructífera asociación ya había alumbrado creaciones geniales como El loco Chávez o Las puertitas del Sr. López, demostrando una compenetración a la altura de los grandes tándem de la historieta de todos los tiempos con su apuesta por un humanismo militante y un agudo sentido del humor, especialmente atento a las excentricidades de nuestras bajezas. Con El último recreo, Trillo y Altuna moldearon esa angustia en una formulación más cercana a El señor de las moscas que a El día después, gracias a una variación sutil: la bomba de su invención no extermina indiscriminadamente a todo bicho viviente, sino que se ceba en los adultos, entendidos estos como quienes han gozado de su despertar sexual. Así pues, la deflagración deja a los niños como herederos únicos de una civilización desnortada. Y al igual que la fisión contamina el ambiente de radioactividad, este artefacto, llamado en el cómic “Sex Bomb” (nada que ver con Tom Jones, evidentemente), ensucia la atmósfera con una toxina letal para todo aquel que desarrolle su sexualidad. ¿Dónde nos deja esto? Exactamente dónde los autores quieren: con unos críos que, abolida la autoridad, deben “volver a empezar”… cometiendo -¡ay!- los mismos errores que sus predecesores adultos. Y es que no es tan fácil escapar a la propia naturaleza, como ya estableció George R. Stewart en la magistral La tierra permanece. Como en aquella, la lucha por la supervivencia tiene sus propias reglas y crueldades, difíciles de soslayar aún con las mejores intenciones… no digamos ya cuando se aprovechan las circunstancias para satisfacer impulsos como el egoísmo o el ansia de poder.
La historieta se divide en doce capítulos formalmente independientes (es decir: con su principio, nudo y desenlace), pero con una trama que evoluciona soterradamente de premisas del género de catástrofes a terrenos más propios del viaje iniciático, como el conmovedor episodio Cosas que quedan en el camino, preciosa reflexión sobre las renuncias a que nos obliga el aprendizaje. Este carácter fragmentario, habitual del cómic de aventuras, desdibuja el tópico de partida, enriqueciéndolo con anécdotas pertinentes para urdir un gran fresco sobre la condición humana ante la adversidad. Trillo y Altuna dan en el clavo representando tanto la psicología como el aspecto físico de sus protagonistas, incluido un desagradable eunuco que diríase el precedente del perverso criminal de Ese cobarde bastardo. Con un acierto sin par, los chavales son retratados como auténticos niños, cosa infrecuente en el medio. La maestría de Altuna no se agota en su habilidad para la expresión y la anatomía, probada ya sobradamente, sino que se despliega en su pericia para la composición y la perspectiva, sin escatimar fondos y detalles por doquier (incluidos homenajes a Marilyn Monroe o Martin Luther King). Modélica es su recreación de una ciudad progresivamente en ruinas, defenestrada por el tiempo y la falta de cuidados, pero igualmente sensible se descubre para los encantos de la naturaleza cuando los chavales abandonan, por fin, la urbe. Trillo vuelve a asombrar con la perspicacia de sus retratos, demostrando una vez más que nada de lo humano le es ajeno. Asimismo, sabe mantener la atención del lector con giros inesperados (como la anécdota cíclica del capítulo titulado La estrella, que lo emparenta -amablemente- con Jennifer, el magistral relato de Jones y Wrigthson; también algo de Creepy hay en el capítulo El monstruo) o ramalazos de ternura sin caer nunca en la cursilería. El último recreo fue serializada en la revista 1984 entre los números 41 al 53 (excepto el 44). En 1989, el mismo Josep Toutain recopiló la historia en un tomo que, lamentablemente, confundió el orden de una página (concretamente la 59). Como las desgracias nunca vienen solas, la posterior edición de Planeta DeAgostini de 1998 también cambió una página de sitio, con el triste resultado de que esta obra capital de la historieta no dispone, a día de hoy, de una edición en España a la altura de sus méritos. El equipo Trillo/Altuna se disolvería poco después, cerrando su colaboración más longeva (y, tal vez, mejor), El loco Chávez, en 1987. Ambos seguirían firmando obras notables, pero rara vez a la altura de lo que hicieron en común. La muerte del guionista, acaecida en 2011, truncó la esperanza de los aficionados de volver a leer una obra conjunta de estos dos auténticos colosos.
Niz kratkih priča koje zajdno tvore čvrstu cjelinu. Prepun detalja zbog kojih se nasvakoj stranici more zadržat dugo, tečne naracije zbog koje se leti kroz priče.
Esse é um roteiro bem cruel que mexe com um tema que muitas vezes é encarado como um tabu: a infância. Carlos Trillo nos coloca em um mundo distópico onde ingenuidade e violência caminham de mãos dadas. E a gente pode ver, em histórias curtas, o quanto crianças podem revelar um lado obscuro tão grande quanto o de adultos. Muitos vão se lembrar na hora de outro clássico da literatura, O Senhor das Moscas, de William Golding. Embora tenha várias diferenças, o núcleo da história continua sendo esse lado obscuro que não é tão explorado pelos autores. Existe uma falsa ideia de que é preciso colocar a própria noção de infância em um pedestal imaculado, que remete a um senso de pureza e inocência. Quando nada poderia estar mais longe da verdade. Quem trabalha em educação infantil e nos primeiros anos do ensino básico, sabe que crianças são sim capazes de atos bem cruéis. Principalmente se não dermos os devidos limites a elas. Mas, volto a esse assunto já mais abaixo.
Esse é um quadrinho formado por várias histórias curtas que se passam em um mundo distópico. Uma bomba foi estourada (não é explicado o motivo) que dizimou toda a população adulta através de um efeito químico. Os resíduos dessa bomba, agora chamada de "sex bomb" ficaram no ar e matam todos aqueles que alcançam a puberdade. Só restaram crianças nesse mundo e aqueles cuja biologia não pode ser afetada pela sex bomb. Vamos acompanhar diversos grupos de crianças tentando sobreviver neste novo mundo distópico e anárquico onde gangues de rua dominam o fornecimento de comida, as casas e tentam impor a ordem pela força. Em um mundo sem adultos e sem regras, as crianças tomaram posse de todas coisas. Mas, serão elas melhores que seus pais? Ou apenas repetirão os mesmos erros?
Falando sobre a arte do Horacio Altuna, ela combina bem com esse ambiente estranho e melancólico ao qual somos levados. Altuna tem uma boa pegada na hachura e no pontilhado, fazendo as cenas ganharem amplitude. E é bem curioso porque ele não usa nenhum quadro grande para compor as cenas. São sempre quadros pequenos, composições de seis a oito quadros por página ou até páginas formadas por pequenos quadrados em que pequenas cenas ou closes de rosto são postos. O fato de as sarjetas serem pretas somadas a esses quadros menores torna a leitura bem escura e prensada. Passa uma sensação quase que de prisão. É uma contradição até bem-vinda: embora as crianças sejam livres, algo que elas sempre fantasiaram, de escapar do controle dos pais, a verdade é que elas parecem mais presas do que antes. A maior parte delas não sabe o que fazer com essa suposta liberdade ou como se virar para poder sobreviver. O cenário é cruel, e acontece dentro de uma grande cidade, não nomeada. Altuna apresenta as ruas e avenidas esvaziadas, com folhas e papéis sendo levados pelo vento. O que impressiona em sua arte é como ela é tão cruel quanto o roteiro. Algumas das cenas mostram corpos de crianças jogados nos lugares mais inusitados possíveis. Às vezes estamos passando o olho por uma página e nos deparamos com um beco repleto de corpos jogados.
Isso combina bem com o meu comentário sobre o design de personagens que é lindo. Primeiramente é preciso elogiar o quanto Altuna deu individualidade aos designs. Não vemos designs iguais por todo o quadrinho. Segundo que seus personagens bebem de uma contradição que está presente também no roteiro de Trillo: uma inocência associada a crueldade. Os personagens são crianças, então podemos nos deparar com um quadro com uma criança curiosa com o que está acontecendo do outro lado da rua, ou apenas assustada dentro de uma enorme mansão, achando que teriam fantasmas. Por outro lado, tem as gangues de rua, e ver a expressão de um menino portando uma .38 e apontando para a cabeça de outro é apavorante. Tem uma cena dramática pela metade do quadrinho em que um garoto vai tentar pegar a arma do líder de uma gangue de crianças porque ele desejava acabar com a sua opressão. O chefão acorda e simplesmente dispara no outro. Só que ele não entendia exatamente o que poderia acontecer caso disparasse no outro de forma fatal. Temos duas expressões transpostas ali: uma de raiva, de o outro ter invadido o seu espaço e tentado reduzir sua autoridade; e outra de desespero ao ver qual foi o resultado de seu ato. Altuna também vai colocar sensualidade em alguns momentos da trama porque esses meninos não podem crescer. É uma inversão do mito de Peter Pan. Então lidar com a sexualidade é perigoso, mas acaba sendo inevitável. Teremos esses momentos apresentados em alguns capítulos.
Trillo tem um roteiro muito bom que se embrenha em diversos temas. Como são várias histórias curtas, alguns temas se repetem enquanto outros são apresentados. O roteirista foi muito feliz ao usar um elenco que se repete também. Alguns personagens aparecem em várias histórias como o Sapo, o Gordo, a Ann, o Andy, o Flynn. Óbvio que por ser um mundo bem cruel, não conte com os personagens sobrevivendo até o final porque você pode ser surpreendido. Algumas das histórias tem finais bem tristes. A narrativa de uma inocência perdida é perene por todo o quadrinho. São meninos e meninas que se veem em um ambiente que se tornou hostil e elas não sabem como sobreviver ali. No começo, tudo é festa com as crianças querendo brincar e extravasar em uma situação sem fim. Agora que os pais não estão presentes, a farra vai até tarde, os lugares proibidos se tornam acessíveis. A primeira história lida com essa sensação de liberdade. Dois garotos perambulam pela cidade quebrando janelas, roubando comida e fazendo o que querem. Só que aí um deles vai longe demais ao decidir simplesmente atacar e estuprar uma garota. É aí que somos apresentados aos efeitos da sex bomb. Com o decorrer da história, a farra vai acabando e as crianças precisam se preocupar em como arranjar comida, aonde vão se estabelecer até chegar a momentos desesperadores quando as coisas simplesmente acabam na cidade.
As crianças precisam também lidar com quem é que vai administrar aquilo tudo. Surge a figura de um eunuco que não foi afetado pela sex bomb e ele deseja se transformar no líder. Só que um líder que se impõe pela manipulação e pela intimidação. Usa crianças para fazer seus serviços sujos. O que ele não contava é que estas são crianças que não conhecem limites. Então colocá-las dentro de um quadradinho ou um conjunto de normas não funciona. Simplesmente por que elas não conhecem normas. A ideia de governar uma nação de crianças se torna efêmera rapidamente e esse eunuco vai adotar posturas bem macabras lá pelo final da HQ. Essa discussão sobre regras está bem presente aqui. A construção da maturidade das crianças passa pela construção de uma visão de que o mundo é ordenado de acordo com um conjunto de regras de conduta. São coisas passadas no ambiente doméstico pelos pais e na escola pelos professores. Mas, se você não tem contato com isso, como entender limites? Ou formas de se portar. Isso é perceptível até mesmo na forma como eles se vestem que é completamente aleatória.
A sexualidade é tratada com bastante medo por essas crianças. E não sejamos caretas pelo fato de Altuna ser explícito em algumas cenas. Essa é uma história sobre crianças em um mundo devastado por uma bomba que os impede de crescer. Altuna foi bastante respeitoso na forma como tratou o assunto. Não tem nenhuma exploração estúpida de sexualidade infantil. Deixando isso bem claro para não haver confusão. Ao contrário, tirando uma cena no capítulo final, a maior parte das cenas mais sensuais me deixaram com o estômago embrulhado do que qualquer coisa. São cenas sempre cercadas por violência. Curioso que a única cena mais sexual propriamente dita é repleta de amor e carinho pelo casal (e a gente fica se perguntando o que aconteceu depois). É bem complicado a gente ver um casal de garotos estirados em um beco, quase nus, repletos de outros corpos decompostos e lixo do lado. Cenas bem incômodas mesmo. Em outro momento, um dos meninos diz ter se tornado um homem e que a sex bomb não o afeta por ele já ter envolvimento sexual com sua namorada. Ou seja, ele emprega uma fofoca sexual sobre sua parceira para conseguir status dentro de seu grupo. A questão é: o quanto do que ele disse é verdade?
Um último momento que merece destaque é quando um grupo de crianças decide sair da cidade, já que esta se mostrou muito hostil e não tem oportunidades mais de obter comida. Cada um dos membros do grupo volta para os lugares onde eles estão e precisam fazer as malas para sair. Eles entram em contato com seus passados e é aí que o lado infantil transparece mais. A saudade de seus pais, a solidão de estarem abandonados neste estranho mundo. Talvez o momento mais emblemático é que vários deles fazem suas malas e colocam brinquedos dentro. O menino coloca seus robôs de brinquedo enquanto que a garota estufa bonecas dentro da mala. O líder do grupo pede que todos deixem espaço para levarem comida para o lugar onde estão indo. Ao carregarem suas malas, estas parecem pesadas demais. É aí que as crianças, com olhos tristes e melancólicos, abrem suas malas e despejam os brinquedos em uma vala. A inocência se foi. Hora de encarar o mundo. Essa é uma história cruel e fascinante ao mesmo tempo. Nos coloca para refletir a respeito de várias situações que vivemos nos tempos atuais.
Reseña: https://www.fabulantes.com/2017/10/el... "Los niños de El último recreo (un título que encierra en sí mismo una metáfora crepuscular) maduran a golpe de realidad y, como las criaturas de El señor de las moscas, se ven obligados a reproducir hábitos adultos para afrontar el nuevo y desgradable trago. Trillo y Altuna no se andan con contemplaciones a la hora de mostrar las dificultades extremas de sus muchachos. Los diálogos del guionista son concisos, bien pensados, hechos y estructurados para situaciones de miseria y también de angustia; los dibujos de Altuna, en elegante blanco y negro, sus viñetas dinámicas y a su vez profundamente expresivas, acompasadas a los avatares de los pequeños, magnifican esa sensación omnímoda de desamparo que recorre todo el cómic (...)”.
Cuando la bomba termina con la población mundial, los niños - únicos sobrevivientes al desastre - se descubren heredando un mundo entre cuyas ruinas deberán adaptarse rápidamente, buscando la mejor forma de sobrevivir mientras temen ese día en que el despertar sexual sentencie su muerte.
Una amarga lectura sobre un futuro nada de improbable es la que componen Trillo y Altuna en este álbum muy bien escrito y acaso mejor dibujado, donde se aborda con una crudeza nada de gratuita un tema para una permanente reflexión.
Carlos Trillo y Horacio Altuna parten de una ficción pos apocalíptica para abordar cuestiones de peso acerca del poder y el papel de la violencia en la articulación del orden social. Tanto o más que darse cuenta sobre cómo algunos patrones de adultos son replicados por los niños que se han quedado desamparados; duele aceptar que en demasiadas ocasiones, el mundo concebido por Trillo y magistralmente dibujado por Altuna se parece demasiado al que ya tenemos. Como si también a nosotros nos costara llegar a la edad adulta o como si necesitáramos conjurar el miedo a quedar desamparados. Ojalá que después de todo podamos ya crecer...
Excelente obra de la dupla Trillo-Altuna que narra la historia de un mundo post-pseudo-apocalíptico donde han muerto todos los adultos y solamente los niños vagan por las calles desoladas, en una especie de todos contra todos y cada uno por su cuenta que recuerda a la famosa novela El señor de las moscas pero en la ciudad. Son historias que hablan sobre la infancia, su inevitable pérdida, la amistad, la violencia, las relaciones grupales, la codicia y la sed de supervivencia. Historias que, como todas las buenas, remiten a otros contextos y a otras historias.
Muy en la línea del relato distópico-futurista de los 80 y 90, se trata de una serie de historias muy cortitas y con finales abruptos que relatan...hechos bastante duros.
En un mundo sin adultos, los niños luchan por sobrevivir y en su camino...crecen. Es crudo y desgarrador a veces. La calidad de las viñetas es muy buena, el dibujante es muy talentoso. Buscaré más cosillas suyas
Muy bueno! Los dibujos excelentes y la historia hace pensar. Es triste y a la vez muy realista dentro de su propia fantasía. En tiempos actuales la verdad es que merece la pena una relectura y un análisis de cómo nos sentimos identificados con los niños protagonistas.
Parece que os jovens de Akira vestiram-se de uma roupagem mais séria e melancólica . Demorou um pouco para me pegar, mas a partir ali do meio , os capítulos ganham ainda mais densidade . Uma das obras mais legais do Trillo
Aburrido,reiterativo, finales abruptos y poco más. Una idea interesante, pero un desarrollo pobre. Esperaba mucho más. El dibujo de Altuna eso si, es espectacular.
Conozco muy poco de cómics o manga, pero a veces alguien me recomienda uno y me doy la oportunidad de leerlo. Fue así como llegué a esta historia, escrita por Trillo y dibujada por Altuna, que apareció por primera vez en Junio 1982 en la revista "1984" "El último recreo" va de “niños que, aunque no quieren ser adultos, llevan en sus genes los mismos parámetros que sus mayores”. Los adultos han muerto y con ellos todas las instituciones que requerían de alguien mayor. No hay presidente, ni policía, ni bomberos, no hay empresarios, ni abogados, ni granjeros, farmaceutas... de pronto, la ciudad es una tierra sin ley que vuelve a lo básico de los instintos y la supervivencia de luchar por los escasos recursos. Con ecos orwellianos, pero también de "El señor de las moscas" o la "República Luminosa" de Andrés Barba, este cómic es una reflexión interesante sobre nuestra humanidad, dibujada de gran forma por Horacio Altuna.
El dibujo es sublime y la premisa súper interesante. Un poco decepcionada de que todos los protagonistas en su mayoría son chicos. Para ser una distopía del despertar sexual parece que las chicas no tienen de eso. O voz ni voto. Me ha parecido que se sexualizaba a niñas en el cómic, mientras los niños las miraban. En los 80 esta historia entró mucho mejor que ahora en 2021, desde luego.