Ocho Años.
Ese era el tiempo que había pasado desde que Giselle se había marchado a Estados Unidos para estudiar medicina, ese era el tiempo que había pasado desde que había mentido a su padre diciéndole que era lo que más deseaba. ¿Por qué mintió? Porque lo que mas deseaba no podía tenerlo. A Kyle Ojara.
Durante todo este tiempo había ocultado que sabía la verdad, que había oído la conversación de su padre y su entonces prometido y que oirles le había roto el corazón. Escogió hacerle más fácil a su padre, el tener que darle a su hija la noticia de que su prometido no tenía intención de casarse con ella, escogió marcharse y no tener que seguir viendo cada día el rostro del socio de su padre, del hombre del que se había enamorado sin darse cuenta. Solo tenía dieciocho años, así que supo que tenía una vida por delante, mucho que hacer y qué sentir aun.
Pero ahora cuando regrese a casa, descubrirá que ha pesar del paso del tiempo, que ha pesar de las historias vividas, de la nueva vida, los recuerdos del pasado siempre están presente, que los sentimientos pueden seguir muy vivos.
Volverán a verse, pero ahora todo es distinto. Ella solo quiere estar con su padre en su enfermedad y marcharse cuando el mejore, el desea retenerla ¿Por qué la ha echado de menos? Porque a Kyle le ha perseguido un sueño desde hace años, un sueño en el que la silueta de una mujer que lo llama, que lo vuelve loco. Y solo necesita verla para saber que es… ELLA