1001 Libros que hay que leer antes de morir: N.º 179 de 1001
Un clásico de la literatura argentina que, al igual que Rosaura a las diez, pasó por debajo de mi radar. Se ve que si no perteneces al boom latinoamericano, el sistema educativo español no concibe tu existencia. Cuánto me he perdido. Al menos en el caso de Marco Denevi y Roberto Arlt, porque esta novela de Osvaldo Soriano no me ha entusiasmado especialmente, aunque su valor histórico sea inopinable.
La novela es muy sencilla, no tanto su trasfondo, contexto y concepción. Todo inicia con un dialogo seco, directo, lacónico, que marcará el estilo y desarrollo de la novela: tenés infiltrados. Qué significa. Bueno, hermano, pues que estas bien jodido. Esta frase sencilla encierra un significado amenazante y sangriento; más que una frase, es un enzima de autodestrucción, un catalizador para la violencia ciega e indiscriminada. Esta frase, como decía, es una información que se le comparte al lector y al delegado municipal, Ignacio, peronista viejo al que acaban de colocar en la picota. Sospechoso de izquierdista, las fuerzas del orden del pueblo van a por él. Eso sí, si le quieren van a tener que mear napalm y sudar sangre, porque el Ignacio no se va a dejar prender tan fácilmente. Así, con esta frase y con esta determinación, el pueblo se convierte en un campo de batalla improvisado en el que unos y otros, peronistas viejos y nuevos, se mataran a sangre fría. Vecinos de toda la vida de un pueblo pequeño, solo necesitaron de una frase para destruirse.
La historia, como os cuento, es muy sencilla, si acaso sus significados ocultos son los complejos, pues Soriano, con este trasunto de alegoría disfrazada de estampa macabra, nos cuenta la deriva esquizofrénica de los últimos años del peronismo que terminaron con la sanguinaria e infame Dictadura de los Generales. Este episodio oscuro de la historia argentina es imposible de abarcar en una novela, no digamos ya en una reseña, por lo que no ahondaré más en esto. Lo que sí puedo decir, por el simple hecho de que la novela incluye entrevistas al autor y comentarios de su obra realizados por lumbreras tan celebres como Julio Cortázar, es que Soriano logró sacudir la opinión mundial sobre lo que ocurría en Argentina durante la dictadura y sobre las causas que la provocaron. La mayoría de los comentarios son favorables y encumbran a la obra, pero algunos son más mesurados en sus elogios, diciendo que la novela es un ejercicio de simplificación un tanto burdo incapaz de representar un episodio tan tumultuoso, o directamente reduciéndolo a una lucha entre peronistas que en poco se ajustaba a la situación. Como he dicho, no conozco lo suficiente la historia del siglo XX de Argentina, y estos comentarios los hago en base a las opiniones de terceros incluidas en este libro. Ese es mi único aval.
Por lo demás, ignorando su interesante contexto histórico y cultural, la novela no es más que eso, una estampa macabra en la que una batería de personajes apenas bosquejados se matan los unos a los otros en una espiral (auto)destructiva cada vez más sangrienta. Por sí misma, la novela no ofrece mucho más. Además, el estilo no es muy de agrado, tan lacónico, tan espartano y seco. Quizá es efectivo y apropiado para la historia que cuenta, aunque a mi me gusta la prosa más florida y trabajada. Si juzgo a la novela por lo que es, sin conocer nada de su continente, no puedo darle una mayor puntuación. Una historia debe defenderse por si misma, pues con el tiempo y el espacio, todo contexto histórico termina no importando. Los valores de una historia, sus emociones y e ideas, sin embargo, deben ser universales y ajenas al contexto y vicisitudes que la concibieron. Por su contenido, y no por su continente, Los pazos de Ulloa o Los gozos y las sombras son inmortales; no necesitas saber que era el caciquismo ni cómo funcionaba la segunda republica española para entender a sus personajes y emocionarte con sus desventuras.