La noche del pez, de Enrique Rentería, es una novela de lectura ágil que entretiene, pero que deja una sensación irregular. Funciona como fábula ligera, aunque se queda corta en cohesión narrativa y profundidad.
En términos generales, la experiencia fue meh. Hay demasiados detalles que no siempre aportan y una sobrecarga de referencias que terminan diluyendo el núcleo de la historia. Las alusiones constantes a Moby Dick de Herman Melville son tan explícitas que por momentos parece una reescritura lateral o un epílogo improbable: como si Ismael, después del final trágico, hubiera naufragado y terminado en Tampico.
A esto se suma un elemento que descoloca aún más: Ismael aparentemente tiene poderes, crea cosas de la nada y altera la realidad casi sin explicación. Este giro introduce una dimensión fantástica que podría haber sido interesante, pero que aparece sin reglas claras ni una justificación narrativa sólida. En lugar de enriquecer la historia, el recurso se siente improvisado, como si la novela cambiara de género a mitad del camino.
Las referencias locales, como las tortas de la barda, Brownsville, guiños muy específicos del noreste, funcionan solo si el lector conoce ese contexto. Si no estás familiarizado con México, especialmente con esa región, muchos pasajes pierden sentido o peso simbólico.
El mayor problema es estructural: la trama da un giro de 180° de un momento a otro, sin transición ni preparación. El lector se queda pensando “¿ah chingao, qué pasó?”, y la novela no termina de responderlo. Esa ruptura, sumada a los poderes casi arbitrarios de Ismael, debilita la coherencia interna del relato.
Dicho todo esto, La noche del pez no es un mal libro. Se lee rápido, no cansa y cumple como entretenimiento pasajero. Sin embargo, deja la impresión de que pudo haber sido una obra mucho mejor trabajada, con menos referencias gratuitas, mayor control del ritmo y un uso más cuidado de lo fantástico.
En conclusión, es una fábula ligera, entretenida, con buenas ideas mal integradas. Se disfruta para pasar el rato, pero no termina de cuajar ni de aprovechar el potencial que su propio planteamiento sugiere.
Este libro fue una agradable sorpresa. Lleno de magia: donde realidad y fantasía ocurren al mismo tiempo en el pequeño pueblo del golfo de México. Con simbolismos y alusiones a otras obras, este relato bien narrado, nos brinda una historia marina única.
Excelente cuento de realismo mágico. Pero lo mejor es la narrativa y descripciones que pintan al Tampico común y ordinario como un puerto mágico donde la magia puede suceder.