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El ser del balbuceo: Ensayo sobre Sacher-Masoch

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Para leer, para comprender a Sacher-Masoch, es necesario desembarazarse del equívoco del masoquismo y de las interpretaciones clínicas o filosóficas que se le han adjudicado. Queda entonces una palabra, cuyo ser no es una afirmación, una nominación clara y consciente de sí misma, sino un balbuceo. La búsqueda del ser de Masoch se vuelve entonces una especie de indagación etimológica, que recurre tanto al estudio de las raíces griegas y latinas como a una serie de paréntesis –sobre Heidegger o el Roman de Renart– que permiten abordar, como estrategias de guerra mentales, el enigma de Masoch.

Pascal Quignard desarrolla un discurso que no es psicoanalítico ni estructuralista, ni histórico ni marxista, sino el desvelamiento de una lectura independiente, inserta a su vez dentro del vasto discurso de las obras literarias, siempre contemporáneas unas de otras, siempre perdidas unas dentro de otras, siempre en vías de leerse.

El ser del balbuceo fue el primer libro del autor, publicado en 1969, al que esta edición le añade un posfacio inédito del año 2014.

144 pages, Paperback

First published January 1, 1969

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About the author

Pascal Quignard

157 books311 followers
Romancier, poète et essayiste, Pascal Quignard est né en 1948. Après des études de philosophie, il entre aux Éditions Gallimard où il occupe les fonctions successives de lecteur, membre du comité de lecture et secrétaire général pour le développement éditorial. Il enseigne ensuite à l’Université de Vincennes et à l’École Pratique des Hautes Études en Sciences Sociales. Il a fondé le festival d’opéra et de théâtre baroque de Versailles, qu’il dirige de 1990 à 1994. Par la suite, il démissionne de toutes ses fonctions pour se consacrer à son travail d’écrivain. L’essentiel de son oeuvre est disponible aux Éditions Gallimard, en collection blanche et en Folio.

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Pascal Quignard is a French writer born in Verneuil-sur-Avre, Eure. In 2002 his novel Les Ombres errantes won the Prix Goncourt, France's top literary prize. Terrasse à Rome (Terrasse in Rome), received the French Academy prize in 2000, and Carus was awarded the "Prix des Critiques" in 1980.
One of Quignard's most famous works is the eighty-four "Little Treatises", first published in 1991 by Maeght. His most popular book is probably Tous les matins du monde (All the Mornings in the World), about 17th-century viola de gamba player Marin Marais and his teacher, Sainte-Colombe, which was adapted for the screen in 1991, by director Alain Corneau. Quignard wrote the screenplay of the film, in collaboration with Corneau. Tous les matins du monde, starring Jean-Pierre Marielle, Gérard Depardieu and son Guillaume Depardieu, was a tremendous success in France and sold 2 million tickets in the first year, and was subsequently distributed in 31 countries. The soundtrack was certified platinum (500,000 copies) and made musician Jordi Savall an international star.
The film was released in 1992 in the US.
Quignard has also translated works from the Latin (Albucius, Porcius Latro), Chinese (Kong-souen Long), and Greek (Lycophron) languages.

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Author 36 books201 followers
July 31, 2016
Un libro rarísimo sobre Leopold von Sacher-Masoch. Las voces de Pascal Quignard me parecen siempre extraordinarias, sobre todo por la incandescencia que logra en sus ensayos. Su formación en literaturas clásicas junto con una comprensión inusual de la teoría francesa, esa mezcla inestable de filosofía crítica posestructuralista, psicoanálisis francés, nueva izquierda medio maoísta, crítica literaria medio luckacsiana y estética hegeliana de una autoconciencia encandilada cristalizan en mi opinión en una prosa de una lucidez única. Este ensayo en particular creo que pone en problemas al ensayo de Gilles Deleuze sobre von Sacher-Masoch. De hecho, la discusión es explícita. Quignard me parece que fundamentó mejor que Deleuze sus intuiciones sobre el decadente austríaco del que la psicopatología derivó el concepto de masoquismo. Sin embargo, ambos coinciden en que el par sadismo-masoquismo etiquetado así por el Marqués de Sade y por Leopold von Sacher-Masoch, respectivamente, no es feliz. Pareciera que esos comportamientos que Krafft-Ebbing describió en su Psicopatía Sexual (1886) responden a estructuras completamente distintas y no a extremos opuestos de un mismo gradiente. La novedad que propone Quignard en este ensayo (1969) se centra en el concepto difuso de balbuceo. Quignard sostiene que el ser del balbuceo que se deja escuchar en la voz de von Sacher-Masoch se explica por su ubicación dinámica en intersticios del lenguaje cargados de una autenticidad inusual cercana al silencio, a la música, a la muerte. Personalmente, creo que esos intersticios son el registro de la poesía, por ejemplo de Trakl, de Rilke, de Novalis, del neoromanticismo alemán en general. Se nota el esfuerzo desgarrador de Quignard por arrojar luz sobre tales intersticios inasibles (de los que también habló, aunque en otro registro, Peter Handke: Ich lebe nur von den Zwischenräumen). Creo que su propia subjetividad se encuentra comprometida por el fervor con que trata estos temas tan radicales. Recurre tanto a la vía negativa -decir qué cosa no es el balbuceo- como a la vía positiva -decir a qué se parece, a qué se aproxima el balbuceo-. En una analogía sintáctica, sugiere Quignard que el balbuceo es al ser como los puntos suspensivos son al texto (opino que la película Puntos Suspensivos de Edgardo Cozarinsky -película sin título en realidad- apunta al mismo significado). Un mensaje incierto, una laguna, un vacío, una invitación a la inferencia del lector, una deriva que fuga hacia la muerte, la nada incrustada en el ser. Pareciera que el balbuceo es algo primitivo pero a la vez avanzado, de hecho insuperable en su desarrollo, por lo tanto pleno. No es el farfullar de Barthes. Creo que Quignard se representa el balbuceo de manera similar a la jerga de la autenticidad de Heidegger, al fondo último del que emerge la poesía, a una especie de aljibe que cala hondo en lo más profundo del infierno. Las voces que nacen allí en lo profundo y no mueren por las limitaciones de una lengua, a pesar de venir heridas de muerte. Esas voces son balbuceo, si resulta que no entendí todo mal. Pienso que esta apología de la voz de von Sacher-Masoch puede ser entendida en sentido amplio como una genealogía de la voz poética. Creo que esta visión es genial por un lado, pero objetable por otro lado. Quignard argumenta que los rasgos típicos del masoquismo -la humillación, el dolor, la degradación, el registro sexual del sometimiento, el asedio teatralizado de la muerte- son mejores descriptores de Schopenhauer que de von Sacher-Masoch. De hecho, afirma Quignard que no describen para nada la voz de von Sacher-Masoch. Creo que tiene razón Quignard, es genial el cruce. Por otro lado, lo objetable me parece que viene de un exceso, de un desborde erudito. Pienso que esta visión es posiblemente una nueva ficción, un personaje forjado a partir de la mezcla de literaturas clásicas con filosofía francesa de la segunda mitad del siglo XX. Me parece que esta desmesura de Quignard se relaciona con la sobreabundancia de las Humanidades cuando se omiten de plano las Ciencias en el sentido moderno. Si el balbuceo es esa voz fantasmal, escurridiza, pero ontológicamente superior, es posible que, por ejemplo, las neurociencias puedan aportar algo. Si el cerebro del masoquista -o enfermo de schopenhauerismo sexual- genera patrones eléctricos diferentes que el cerebro no masoquista, quizás convendría que las interpretaciones ensayísticas tomen nota de tal fenómeno para enriquecer la argumentación. En cambio, si los patrones no son diferentes, convendría que los escritores de las Humanidades tomen nota y se impongan algún límite. Creo que leí esta sugerencia o algo similar en algún libro de George Steiner. Una comparación experimental de los patrones eléctricos del cerebro poético -en estado poético- con los patrones eléctricos correspondientes del masoquista en estado de balbuceo debería arrojar similitudes no azarosas. Algo similar se ha hecho con resultados sorprendentes. Se han comparado estados psicodélicos inducidos por drogas de viaje con estados psicodélicos inducidos por métodos de meditación oriental. Estas articulaciones serían una optimización de la interpretación. En el sentido de Umberto Eco: no todo es interpretable de manera irrestricta. La razón es simple: si se dispone de información pertinente, específica, sin importar que provenga de una epistemología antagónica como ocurre con las Ciencias modernas, las Humanidades deberían considerar tal información. No estoy sugiriendo que Quignard sea temerario ni mucho menos, estoy sugiriendo una depuración actualizada de las interpretaciones contenidas en este ensayo brillante sobre von Sacher-Masoch de 1969. Por otra parte, pienso que el tema del masoquismo mueve fibras íntimas en la sensibilidad de Quignard. Es por eso que las exageraciones son excusables, al menos en mi opinión. El Posfacio que Quignard agregó en 2014, de alguna manera, resulta compatible con estas advertencias sobre el límite de las interpretaciones. Allí llega a decir Quignard que la violación sexual no es algo que él defienda, pero considera al menos que presenta problemas conceptuales. En la misma vena afirma que durante la voluptuosidad (“en el instante que precede a la eyaculación”, página 142) la psique ya no está al mando. La intensidad emocional que arrebata a Quignard también se deja percibir cuando balbucea finalmente sobre “los chorros de esperma que somos todos” (página 141). Creo que escribió estas frases temblando.
En síntesis, pienso que este ensayo de Quignard es extremadamente erudito, incluso feroz, superador del ensayo de Deleuze sobre el mismo tema. Pienso que se pueden formular algunas objeciones -hasta donde el género del ensayo lo legitime-. En cualquier caso, creo que se trata de un libro extraordinario porque impulsa el pensamiento en direcciones impredecibles. La prosa de Quignard es música planetaria, inteligente y erudita hasta la desmesura.
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