Entre el mundo de fantasía del cine y la televisión y los avatares de la realidad, en un país que siempre ha tenido mucho de oropel televisivo, se teje un anecdotario que difuma los contornos de lo real y lo ilusorio. Aquellas «Tardes Felices» de la TV venezolana de finales del siglo pasado son el marco adonde nos transporta la nostalgia del autor y de allí surge este mosaico de vivencias y emociones; compendio de un acervo íntimo que, al mismo tiempo, le puede resultar familiar al lector.
Variados, livianos, frescos, estos textos componen un paisaje retrospectivo que propicia, más que una lectura, una suerte de plática imaginaria con cualquier colega de ruta de la Venezuela urbana. Sus páginas son como el eco de un país que pareciera mirar hacia atrás, melancólico, en busca de la candidez perdida.
Un libro apto para leerse en cualquier rincón del planeta, así este sea un lugar pop apocalíptico como la Línea 3 del Metro de Caracas, en medio de una cola bancaria. Tardes felices evoca tiempos que ya se han ido, revela el lado mitológico de la nostalgia y es un eficaz libro para reírnos de nuestra infantil terquedad ante las cosas de la vida. Una fiesta de la ironía, una parranda del humor, un tributo a lo que ya no es pero sigue estando con nosotros en forma de postales, cassettes, discos de pasta, y videos de hace treinta años colgados en YouTube.
Lecturas ligeras que mandan de viaje al lector a una Venezuela que ya no existe. El humor que cada una de las historias transmite esconde una añoranza al pasado, a los autos, cines, calles, música, tradiciones, la familia, gestos, refranes venezolanos reflejos de los años 70, 80 y 90. Las historias no intentan ser nada más de lo que son, y eso está bien. Nos enseñan, en esencia, que es mejor reír para no llorar.
Memorabilia sobre un tiempo mejor de mi país (Venezuela). Un repaso sobre una fauna urbana caraqueña . Me parece que las historias algo intimistas pueden haber sido más extensas. Me deja un sabor de boca de haber querido saber más, cosa que no pasa con miniaturas salvajes su mejor libro a mi parecer. Aunque si quieres recordar y divertirte un rato no está mal.
Un libro que retrata la Venezuela de los ochenta, ese lugar de donde vinimos para parar en estos erráticos principios de siglo XXI. Leerlo es, de alguna manera, entender que de esa fiesta vendría, forzosamente, el terrible ratón de la realidad.
Hacia el lado bajo del 3.5, no me atrevo a a darle las cuatro estrellas, aunque mentiría si dijera que no me pareció una lectura entretenida, ligera y simpática. No diré nada de ciertos comentarios sexistas.