A primera vista, "Himmelweg" es una obra de teatro histórico. En realidad, es -quiere ser- una obra acerca de la actualidad. Habla de un hombre que se parece a casi toda la gente que conozco: tiene una sincera voluntad de ayudar a los demás; quiere ser solidario; le espanta el dolor ajeno. Sin embargo, también como casi toda la gente que conozco, ese hombre no es lo bastante fuerte para desconfiar de lo que le dicen y le muestran. No es lo bastante fuerte para ver con sus propios ojos y nombrar con sus propias palabras. Se conforma con las imágenes que otros le dan. Y con las palabras que otros le dan. "Camino-del-cielo", por ejemplo. No es lo bastante fuerte para descubrir que "Camino del cielo" puede ser el nombre del infierno. No es lo bastante fuerte para ver el infierno que se extiende bajo sus pies. Un delegado de la Cruz Roja al que se encarga inspeccionar un campo de concentración y ante el que se presenta una mentira aceptable. Ese personaje fue mi punto de partida. Pero siguiendo sus pasos en ese viaje por un infierno que no lo parece, encontré a otros personajes no menos actuales, no menos cercanos. Para empezar, el conductor de la representación, el comandante del campo. Tiene ante sí la ocasión de realizar el más ambicioso sueño que ningún director de escena concibió jamás: la obra de arte total. Pero la perfección de esa obra exige de él que sólo piense en el arte y en nada más. Que deseche cualquier rasgo de compasión en su mirada. Entonces sí, entonces todas las vidas reunidas en el campo estarán a su completa disposición, como muñecos en manos del titiritero. Entre esas vidas amenazadas está la del hombrecillo que sirve al comandante de portavoz ante sus actores. Ese hombre ha de soportar una responsabilidad enorme. No sabe si está trabajando por la salvación de su pueblo o si está cooperando con los verdugos. Si está ganando tiempo o si está entregando a su gente a un destino peor que la muerte. El delegado de la Cruz Roja, el comandante del campo, el jefe de la comunidad judía: sobre ese triángulo se levanta "Himmelweg".
Es uno de los dramaturgos españoles contemporáneos más representados de la generación denominada, no sin cierta polémica, Generación Bradomín. Su dramaturgia, profunda, comprometida y metódica,ha traspasado las barreras nacionales para ser traducido y representado en los principales teatros europeos. Es colaborador asiduo de compañías como Animalario y ha trabajado como adaptador y dramaturgo para el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Está casado y tiene tres hijos.
Qué decir chicos... Yo leo porque existen autores como Mayorga capaz de hacer exploraciones formales, temáticas, de lanzar mensajes que nos recuerden nuestra historia y crear diálogos que son para quedarte en ellos. Demoledora y necesaria, para hablar horas de ella.
Mayorga construye, no, retrata una perfecta pesadilla.
Hace unos días, un terrorista blanco atacó una sinagoga en la que se prestaba asistencia a inmigrantes en Pensilvania, EEUU, radicalizado por noticias falsas en torno a caravanas de inmigrantes y conspiraciones judías que difundieron Fox News y el Twitter de Trump. Mató a 11 personas. Recorriendo la web, vi muchas reacciones de regocijo o de normalización. Los judíos siguen siendo vistos como "un problema" y el antisemitismo como una justa respuesta a ese "problema". Los musulmanes (los rohinyá en Myanmar y los uigur en China) son, hoy en día, genocidados los primeros (por budistas, curiosamente) y encerrados en "campos de reeducación" los segundos. Esos, si tienen "suerte", consiguen reacciones de recogijo en Internet. La mayor parte de la gente parece ni estar enterada de su situación. Ateos y cristianos son perseguidos y asesinados en muchos países musulmanes de Medio Oriente. LGBT, mujeres e indígenas, en múltiples partes del globo. Y seguro me olvido de varios...
Parece que en ningún modo hemos superado la pesadilla que retrata Mayorga, ni en su faceta primera, del horror y sufrimiento que viven las víctimas, ni en su faceta segunda, de la normalización, indiferencia o regocijo del mundo.
Esta es la última obra de mi corpus de clase y que, por eso mismo, ha sido muy emocional para mí. Además, a la clase que nos dieron sobre ella fui sin haberla leído, enferma desde hacía una semana y sin fuerzas para nada, por lo que me la destriparon y me supo muy mal porque disfruté mucho el debate y me dolió no haber podido llegar a descubrir yo sola las cosas que retrata Mayorga. Al final la he leído un par de semanas después para el trabajo final y, evidentemente, me ha encantado, como ya sabía que iba a pasar, y se ha convertido (creo) en mi favorita del curso.
Es una obra inteligentísima que, basándose en el visionado del documental Shoah (1985) de Claude Lanzmann, pone en escena una ficción llevada a cabo dentro de un campo de concentración, un engaño con el que Mayorga hace patente el silencio impuesto por el régimen nazi. La estructura es muy inteligente, el planteamiento es muy inteligente, las formas de humanización a través de la voz de Gottfried son, también, muy inteligentes. Pero, además de inteligente, es una forma muy bonita de cercanía y de memoria, porque es lo principal de esta obra, evitar el olvido.
Incredibly clever. The way the play keeps presenting artifice as truth to then reveal it is not is fascinating. Mayorga takes a startling true story about how the Red Cross was fooled into believing that a Holocaust ghetto was safe and weaves it into a story about the deceptive nature of propaganda, which rings true to the current concealing of genocides that are happening in full force under our own noses.
Los pelos de punta. Me ha encantado. Ojalá poder hablar con Juan Mayorga para darle las gracias por escribir esto. No soy muy de teatro, pero esta obra me ha hecho querer asistir de manera regular y leerlo más
Una obra absolutamente contundente cuyo significado se enriquece progresivamente hasta el final. Me parece que Mayorga aporta un enfoque novedoso y sugerente sobre este fenómeno tan complejo.
Me convence la clave de lectura que propone Reyes Mate en el pequeño ensayo que se incluye al final del libro: en esta obra, el Sr. Mayorga indaga sobre cómo hablar de lo que no se puede hablar, sobre cómo contar lo que no se puede expresar con palabras. La shoah, el holocausto. Cómo contar aquello.
Es la misma reflexión que se encuentra en "La lengua en pedazos", también del Sr. Mayorga. Pero en "La lengua en pedazos" la reflexión es explícita y teórica y mucho más general, no centrada en la shoah, mientras que en este "Himmelweg" es implícita y experimental y circunscrita al holocausto.
Aquí no hay elaboración teórica, sino una propuesta práctica: el autor intenta contar la shoah (cómo fue posible, quién la hizo posible, cómo nadie la evitó) imaginando el funcionamiento de Theresienstadt, ese falso gueto feliz que los nazis enseñaban a los observadores internacionales que se preocupaban por los judíos y con el que los engañaron a todos. Nadie vio el trampantojo. Nadie vio la máscara que ocultaba los campos de exterminio. La propuesta del Sr. Mayorga es interesante, pero dolorosamente parcial. Tal y como se plantea, la obra solo se ocupa de la responsabilidad de los propios judíos encerrados en Theresienstadt, como si hubieran sido ellos, al colaborar con la farsa y no rebelarse contra sus guardianes, los verdaderos autores del engaño. Responsables no culpables, pero responsables conscientes que afirman: "Todo el mundo ha actuado alguna vez, no hay por qué avergonzarse" (p. 79). Contar la shoah no es fácil, no es seguro siquiera que sea posible, pero sí es seguro que contarla así no es justo.
Juan Mayorga, desarrolló una obra inspirada en hechos reales que toma lugar durante la segunda guerra mundial. A través de diferentes técnicas narrativas, se relata la visita de un agente de la Cruz Roja a un campo de concentración y cómo se ha transformado este para recibirlo. Se nos muestran ambas perspectivas; la del agente y la del comandante nazi, incluso la del judío escogido para organizar toda la obra teatral que se llevará a cabo ante el visitante. El texto logra demostrar ese doloroso pero desconocido sentimiento de la vida de los judíos, sus métodos para lograr la supervivencia y a su vez la pesadilla que vivieron.
Definitivamente el teatro es un género que quiero explorar más. Obras como esta demuestran el poder del medio y el peso que puede llevar. Construida de una forma particular, Himmelweg o "Camino del Cielo", podría con certeza tomar lugar entre mis pocas obras teatrales preferidas.
Ha erizado el vello de mi piel. Es dolorosa y estructuralmente me parece brillante (está narrada a modo de flashback sobre flashback). Como montaje se me hacen bastante complicados los sendos monólogos que incluye (tanto el de apertura como el de mitad ya que pueden frenar el ritmo de la obra -aunque ocurre lo mismo con las repeticiones y sus variaciones-). Me recuerda, y mucho, a nuestra ciudad (por la forma) y a Brecht (por el contenido). Destaco la utilidad y potencial del teatro para narrar y ser (crítico con) la realidad.
Na tuto divadelní hru jsem omylem narazila v knihkupectví a jakožto milovnice historie a válek jsem po ní okamžitě sáhla.
Pro tuto knihu se stala inspirací návštěva Červeného kříže v koncentračním táboře Terezín a krásně znázorňuje průbojnost nacistů, ale ne pomocí fyzické síly a násilí, nýbrž pomocí vyděračství a intrikaření.
Obecně se mi divadelní hry čtou špatně, ale Himmelweg je opravdu kratičká a lehce čtivá kniha.
“Yo hubiera escrito la verdad si ellos me hubieran ayudado. Una palabra, un gesto. Escribí: «Cada cual es libre de juzgar las disposiciones tomadas por Alemania para resolver el problema judío. Si este informe sirve para disipar el misterio que rodea al asunto, será suficiente». Hoy siento horror estando aquí, pero no voy a pedir perdón por haber escrito aquello. Volvería a escribirlo como lo escribí, palabra por palabra. Lo firmaría otra vez. Escribí lo que vi, y no dije que fuera un paraíso.”
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El ejemplo perfecto de cómo no decir y no mostrar puede ser el mejor mecanismo para representar lo inimaginable. El horror a través del lenguaje no tiene el mismo efecto, pasa por un filtro y una racionalización, y algo así, pase el tiempo que pase, no podrá explicarse jamás con las palabras.
“El comandante me pregunta si creo en Dios. Le contesto que sí, porque en aquel entonces yo todavía creía en Dios.”
Mayorga es, sin lugar a dudas, el dramaturgo que marcará - y que ya ha marcado - la historia del teatro español. Himmelweg es una obra sobre la mayor tragedia del siglo XX, escrita con la delicadeza de quien sabe que el horror no se debe representar con morbosidad o falsa compasión. Leedla y dejad que os cambie.
Una faceta jamás vista del Holocausto. Refleja que los nazis no tuvieron límites ni escrúpulos algunos. En esta obra teatral se representa una idea de los campos de concentración que yo no me había planteado jamás.
testo studiato per l'esame di letteratura spagnola e al momento il mio preferito. avendo studiato e analizzato il testo ancora più nello specifico, mi ha davvero spiazzata