Mi segundo Tizziani. Qué linda manera de decir cosas tristes que tenía, che. Cosas como la nostalgia y la inefable crueldad del paso del tiempo y también la violencia de la gente simpática y buena y a Buenos Aires. A ella, sobretodo.
"Es cierto, no vas a creer: el barrio protege. Si alguien te amenaza, te defienden, si te enfermás, las vecinas vienen a traerte cálido, una pechuga hervida; hasta te limpian la casa, así de paso curioseando, te revisan las cosas, sacan las cuentas de lo que pagaste por cada vestido. Un favor te cuesta siempre mucho más de lo que vale; la protección la compensás con pedazos de tu vida, porque te ponen límites, quieren que seas como ellos: mediocres, resignados, una señora de su casa que no espere a la diez de la mañana para echar el puchero, que no tenga más amor que su marido y sus hijos, más dolor que sus partos, y sus muertos, más alegrías que las fiestas de la familia. Y el día que descubren que sos distinto, que, aunque te vistás igual, disimules, tengas en apariencia sus mismos sentimientos, en realidad sos el otro, el que odian y el que temen, se te echan encima y te hacen pedazos."