Hay que tener en cuenta que es una corta comedia para teatro, escrita y ambientada a principios del siglo XIX. Está escrita en verso (prosa o rima) y si se lee de ésta manera es bastante divertida.
Ésta es de mis partes favoritas:
Cirilo: "Miren cómo las traga el mentecato. ¡Yo casarme! No soy tan insensato. La muchacha no deja de gustarme mas no tanto que quiera esclavizarme; y si me meto en estos enredillos es por contarlos luego en los corrillos. Así la vanidad se infla y se entona, la tertulia se alegra y se sazona. Uno dice una chanza, otro un gracejo; y quedan las mujeres sin pellejo. Cristina cree que ciego la idolatro, cuando estoy cortejando a más de cuatro. Si la una se me escapa, la otra pillo, y siempre hay qué contar en el corrillo. Se figuran las pobres damiselas que es cierto cuanto leen en las novelas; y el primer petimetre almidonado que les dice un requiebro almibarado. Ese es, sin que le falte requisito, el amante que pinta su librito. Entréganse a delirios e ilusiones, que le suelen parar en convulsiones: ellas todo lo creen a pie juntillas y el mundo se divierte a sus costillas. Pero no lo conocen y están prontas a ser nuestras mujeres; ¡Pobres tontas!"
Junto con el párrafo final, ésto demuestra es carácter ácido, crítico y directo de ésta corta obra.
me dio demasiado risa, además sabiendo que se trata sobre la "epidemia" de convulsiones que hubo en Bogotá en el siglo XIX, las mujeres solteras entre los 15 y 20 años fingían convulsiones cuando hombres lindos entraban a sus casas jsjdjs. También aunque fuera corto me gusto la pequeña crítica que hizo a la medicina de esa época
Obra entretenida de leer con versos ingeniosos. Es bueno conectar con uno de los escritores más importantes de nuestro periodo de independencia y apreciar sus guiones 200 años después.