Un libro muy interesante sobre antropología que consigue ser una crítica muy potente tanto a las teorías psicológicas sin apoyo como la del apego, que echan en la infancia y en la crianza la raíza de absolutamente todo, como a la forma en la que los occidentales hemos convertido la crianza de nuestros hijos en algo veinte veces más complicado de lo que tiene que ser, supuestamente en nombre de su "bienestar psicológico", pero en realidad simplemente como una forma de conformidad con unos valores culturales que no son, ni de lejos ni necesariamente, mejores que otros.
En los múltiples ejemplos lo que se establece es que, básicamente, por todo el mundo hay padres y madres criando a sus hijos de formas que, supuestamente, deberían producir poblaciones enteras de personas traumatizadas, amargadas y destruidas emocionalmente, sin que por supuesto eso sea lo que ocurre. Pero no hace falta irse a ejemplos extremos como pensar en etnias como los Hausa Fulani, donde la madre tiene prohibido hablar con el niño, mirarle a los ojos o expresar afecto por un tabú cultural: uno de los ejemplos más alucinantes es un estudio según el cual, de acuerdo con la teoría del apego, los niños alemanes de la ciudad de Bielefeld deberían tener todos trastornos del apego a juzgar por su conducta en el pseudoexperimento conocido como "la situación extraña". Pero por lo que sea, los niños alemanes son igual de felices que el resto.
La lectura es interesante, pero se ve lastrada quizá por un exceso de texto y una prosa un tanto prolija, y además da vueltas en círculos revisitando las mismas culturas de ejemplo desde distintos ángulos, para explicar diferentes cosas. Sin ser un libro largo, podría haber sido un poco más conciso. Pero igualmente, una lectura importante e interesante, que hubiera querido hacer antes de nacer mi primera hija.