Muy buena antología de Rampo. Los relatos son variados y originales y exploran buena parte de las fijaciones del autor. Agradezco que se haya traducido a Rampo directo del japonés y que ya no se tenga que recurrir a esa infame antología traducida del inglés, «Japanese tales of mystery and Imagination», que mutila parte de los relatos. Al fin y al cabo, esta era casi una transcripción de los relatos que Rampo le iba contando al traductor sin entrar en demasiados detalles.
Mientras que «Crímenes selectos» —la otra antología de Rampo publicada por la misma editorial— se decanta por el crimen y el misterio, esta antología se orienta más al macabro y a las ilusiones (de espejos y románticas). Entre las dos antologías, diría que esta edición tiene una mejor selección de relatos. Eso sí, aunque "Crímenes selectos" sea en general más flojo, si que incluye el que para mí es el mejor relato de Rampo: «La butaca humana». En fin, que ambas ediciones tienen sus pros y sus contras, pero siento que «La mirada perversa» es una mejor antología.
Entrando en detalle:
-El que pasea por el revés del techo: ★★★★☆
Un relato que a mí me cae en gracia. Tener al protagonista rondando por el techo a cuatro patas para cotillear a sus vecinos es tan absurdo y perverso que me ha parecido resultón. Casi llegando al final, el relato toma un tono detectivesco con la aparición de Kogoro Akechi (una especie de Sherlock Holmes novato y un personaje recurrente en los relatos de Rampo)y, a pesar de que la conclusión es interesante, siento que no es del todo sólida. Para mi el relato habría granado mucho si Rampo se hubiera dejado a Akechi en su casa y hubiera seguido explorando los recovecos más perversos de la psique del protagonista.
-Pulgarcito baila: ★★★☆☆
Relato breve que se inspira en una de esas fijaciones típicas del ero-guro, el mundo del circo. Está bien, no destaca especialmente, pero tiene su aquel. Un cúmulo de escenas crueles y extravagantes.
-El infierno de los espejos: ★★★★☆
El más complejo de la antología y uno de los relatos más destacables del autor. Rampo explora aquí esa fijación suya por los espejos y teje una historia surrealista llena de ilusiones ópticas. Aunque me parece uno de sus relatos más creativos, no he conseguido entrar del todo en la historia. A mí parecer, el relato cojea en su narrativa. Toda esta fijación del protagonista por los espejos se narra en episodios ajenos, pues el narrador, tal y como explica, busca dar ejemplos para entender el descenso a la locura del protagonista. Y ese siento que ese es el fallo, que nos narra la historia como una compilación de escenas empastadas. Al final, el relato termina siendo una recopilación de escenas resultonas sobre juegos de espejos que cada vez van a más, hasta que se llega a ese clímax final. En lo personal, siento que lo he disfrutado a medias y que, con unos cuantos retoques que lo hicieran sentir menos troceado, el relato hubiera sido redondo.
-Un amor inhumano: ★★★★☆
Diría que es el único relato de misterio de la antología. El autor se desenvuelve con gracia y establece un misterio interesante. De entre todo el relato, destaco especialmente ese último capítulo, con esa estampa final tan macabra. Elegante y tétrico. Quizá no sea de sus relatos más originales, pero es uno de los que más he disfrutado leyendo.
-La oruga: ★★★★★
El relato más oscuro, sexual y macabro de la antología. Un hombre sin brazos ni piernas, idéntico a un gusano, vive a merced de su esposa, una mujer sádica que lo tortura a su antojo. Como cabe esperar con su premisa, «La oruga» es definitivamente un relato de un imaginario horripilante. Viéndolo en perspectiva, no he leído nunca algo parecido, con tan poco pudor en empaparse en el horror de las malformidades y la perversión. A todo este grotesco tan característico, tan propio de Rampo, se le añade una crítica velada al militarismo de la época. Para mí, un clásico del body-horror y uno de los mejores relatos del autor, llegando casi casi a la calidad de "La butaca humana".
-El hombre que viaja con un cuadro en relieve: ★★★☆☆
El relato que más desencaja en la antología. Las fijaciones de Rampo están presentes, aparece el interés en los espejos y los amantes irreales y perfectos, pero no bajo esa visión macabra (la que para mí hace que Rampo sea Rampo). No me parece malo, tampoco mediocre, pero me sabe a poco. Un cuento que se queda solo en extravagante.