Por esta razón decidió escribir su último libro, Conversaciones con Violeta, dirigido a una mujer que hubiera podido ser su hija. Violeta, joven mujer de 30 años, profesional, perteneciente a un estrato sociocultural privilegiado. Violeta, porque es el nombre que le hubiera gustado para su hija, pero también porque es “el color del alba, del nacimiento, de la liberación, es el color de la utopía y consecuentemente de las feministas” (Pg. 18). Con ella conversará a lo largo de doscientas catorce páginas en las cuales se ve, en ciertos momentos, el intento por imaginar los posibles cuestionamientos de una generación de violetas que se enfrenta a situaciones difíciles en el amor, lo laboral y la maternidad. Una generación que no encuentra fácilmente afinidad con el feminismo.
Para Florence ese acercamiento debe hacerse desde la conciencia de ser mujer, de constituirse como sujeto femenino y ésta sólo se adquiere en el conocimiento de nuestra propia historia como mujeres-cuerpos y como mujeres de lucha. De ahí nace, sin duda, el primer capítulo. Un capítulo que al mostrarnos la historia de las luchas por la igualdad que nuestras abuelas y bisabuelas llevaron a cabo, pretende hacer caer en cuenta de que las mujeres, antes que alimentar esa “rivalidad construida minuciosamente por la cultura patriarcal que nos prefiere rivales que cómplices y solidarias” (Pg. 20), deben crear conciencia de género. Sólo esto podría asegurar ese relevo generacional que intuye tan tímido, esa continuación de una lucha que aún está inacabada pero cuyos debates forman, sin duda alguna, parte importante de la modernidad.
Hace entonces un recuento de los hechos históricos que han sido determinantes en el proceso de la revolución femenina: lograr el derecho al voto (lo que significaba dejar de ser interdicta judicial), la llegada de los derechos sexuales y reproductivos, momentos que las mujeres de esta generación desconocen, pues todo eso forma ya parte de sus vidas. Y sitúa precisamente esta parte de los derechos sexuales y reproductivos como el gran logro de la revolución. “La anticoncepción moderna es la piedra angular de nuestra liberación, de nuestra emancipación, palabra tan bella que significa salirse de las manos de alguien” (Pg. 46). A partir de ahí nos reconocemos como cuerpos, decimos “este cuerpo es mío” y comienza a desaparecer ese cuerpo para el otro, lugar por excelencia del poder patriarcal. Nos damos cuenta que ese universalismo que han pretendido vendernos los hombres tiene un rostro aún muy masculino y comenzamos a construirnos como sujetas. El panorama nos lo muestra a partir de historias de vida y a partir de cifras que entran a formar parte de esa conversación como vías para que se conozca de una forma lo más tangible posible (estadísticas) la realidad de las mujeres en el mundo y en nuestro país. Violeta se enfrenta a datos que buscan hacerle ver que era necesaria esa revolución, la única pacífica, “sin un solo muerto, sin un solo fusil, sin un solo tanque” (Pg. 63), que era necesaria, sí, pero que aún sigue teniendo sentido.
Todas y todos deberíamos leer este libro, seamos feministas o no. Con más motivo si no lo son. Increíble y resumida explicación sobre lo que ha sido la situación de las mujeres a lo largo de la historia y porqué es tan importante el movimiento feminista en esta sociedad que nos sigue matando y maltratando.
Para todos y todas los que estén interesados en conocer el verdadero norte del feminismo (porque aún queda mucho por hacer) y entender la situación de la mujer, específicamente en Colombia, este libro es un buen comienzo.
Un libro ideológico feminista que espera, no sólo ser leído, sino también compartido y, a ser posible, especialmente contagioso. No por nada Thomas es una referencia feminista en el país: datos históricos, vividos, soñados, anhelados y temerosos se juntan en un discurso que busca tener cada vez más voces y actrices (y actores).
Lo que más me disgustó, fuera de los terribles y reales acontecimientos que narra, fue la elevación del pecado de Eva como un gran acto de valentía, de orgullo y hasta de revolución. Quiero creer que estos calificativos se ordenan dentro del discurso del texto que busca destacar a las mujeres por encima de un sistema patriarcal en el que Dios mismo las castiga, y castiga especialmente, a la mujer. Pienso, entonces, que puedo entender su punto en este apartado, pues coincido en la manipulación de la Doctrina para emancipar al hombre y reducir a la mujer - asunto con el que, por cierto, Jesús jamás estuvo de acuerdo-. Sin embargo, sigo sin considerar la desobediencia de Eva (ni la de Adán) como un acto legítimo de revolución femenina frente al sistema que tanto las vulnerabiliza. Antes, bien, me inclino más por el pensamiento de que esta situación patriarcal es parte de lo que nació con el desobedecimiento de Adán y Eva y, por lo tanto, de la entrada del pecado en todos los seres humanos.
Lo que más me gustó, y el motivo por el que terminé de leer el libro, fue el capítulo referente al amor: el amor que nosotros damos, ofrecemos, brindamos y el amor que ellas desean; el amor que a nosotros nos han enseñado y el amor que nace con ellas. Aunque si bien difiero en algunos puntos muy específicos - especialmente sobre el amor y la libertad, o sobre las lesbianas-, me parece un muy gran aporte a nosotros sobre cómo podemos amarlas mejor: amarlas a ellas, por ellas mismas, y no por el deseo que nosotros encontramos o saciamos en ellas. Saciar el deseo con ellas, junto a ellas, y de ellas también.
Otro contenido que quiero resaltar brevemente es el del poder, la política y el lenguaje: tres sistemas complementarios pero complejos que, de ser tratados, podríamos vislumbrar un poco más de equidad entre ellas y nosotros.
Si bien no es un libro para todo el mundo y, especialmente, para todo hombre, me ha hecho pensar y reflexionar en algunos aspectos en los que no puedo evitar aceptar su juicio sin caer en lo mismo que ella critica con razón.
En fin, si somos hombres preparados para escucharlas, para conocerlas y para dejarnos guiar un poco por ellas, como ellas ya han cedido y siguen cediendo tanto por nosotros, este libro puede gustar notablemente.
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Un libro necesario para todas y todos. Para ser conscientes de que el feminismo no es una moda, ni mucho menos un invento de "histéricas" por tratar de acaparar la atención.
Florence Thomas abarca tópicos importantes. Habla, a manera personal, sobre como el feminismo es un movimiento que buscar reivindicarnos, darnos voz en una sociedad que continúa siendo violenta con nosotras, nos demuestra como el feminismo es una lucha, una revolución que busca dar respeto a todas y todos en esta sociedad.
Un libro importante para cuestionarse lo que significa nacer y hacerse mujer en este tiempo, para entrar y conocer el feminismo, no desde los calificativos despectivos que lo asemejan con el machismo, por el contrario, este libro recoge las preguntas básicas que nos mueven a reclamar nuestro lugar en esta cultura fundada en una supuesta supremacía masculina. Fácil de leer, entretenido, sin muchas pretensiones académicas.
Conversaciones con Violeta fue el libro que me introdujo al mundo del feminismo, le dio sentido a lo múltiples sinsabores que vivía en la cotidianidad y me enseñó que en esta lucha diaria somos más fuertes cuando nos tenemos las uñas a las otras. Es un libro que toda mujer debería leer en algún punto de su vida.
Un libro indispensable para entender lo que realmente significa el feminismo, con la suficiente explicación teórica, pero escrito de manera que sientes que estás hablando con tu mamá. Un libro que debería leer todo el mundo
“Conversaciones con Violeta” es la forma ingeniosa en la que Florence Thomas nos cuenta, porque muchas veces desconocemos, el contexto de la situación de la mujer en Colombia en los últimos 50 años. Violeta es cada una de nosotras que alguna vez ha sentido y pensado que el feminismo no es relevante, que ya tenemos ganado nuestro lugar en esta sociedad y cómo, en nuestra perfecta burbuja, nada pasa. Sin embargo, esto está muy lejos de ser de esta manera. En Colombia sólo hasta hace cerca de 50 años las mujeres tiene el derecho constitucional de votar; los derechos reproductivos todavía se debaten, sólo es legal el aborto en 3 causales, las cuales muchas mujeres desconocen todavía o el sistema de salud obstaculiza. Las labores domésticas están centralizadas en la mujer, estas labores por supuesto no están remuneradas. Pero además, en esa falsa concepción de la liberación femenina, las labores domésticas no se han repartido entre esposos y compañeros, sino que además de tener que ser exitosas laboralmente, sin el salario o reconocimiento justo, cada mujer deberá llegar a su casa a ser la madre y esposa perfecta. Este libro debe ser la gran introducción al panorama no solo del feminismo sino del ser mujer en un país como Colombia.