Asur es un caballero villano de Castilla que, buscando a los ladrones de las ovejas de su pueblo, llega al castillo de un noble leonés, al cual los suyos masacran. Huyendo de lo que han hecho, acaban escoltando hacia Córdoba a Orduño, el recién destronado rey de León, que está en el centro de una conspiración castellana.
Por empezar por la parte positiva, la ambientación histórica de esta novela está muy lograda, digamos, en lo macro. Las relaciones entre Navarra, León, Castilla y Al-Andalus, las instituciones jurídicas, el politiqueo, la disparidad entre nobles y villanos... El problema es que, cuando descendemos a lo micro, nos encontramos errores de bulto que, al menos a mí, me sacaron de la novela: personajes que cuentan el tiempo en minutos y miden en metros, comunicaciones rapidísimas, relaciones personales no muy creíbles, grupos conspiradores que se autodenominan "células", etc.
Además, el autor está tan enamorado de lo bien que le está saliendo la ambientación que abunda y abunda en ella hasta el aburrimiento. El ejemplo más obvio es Almanzor, el gran caudillo andalusí, que aparece aquí siendo un joven don nadie que aún no ha adoptado ese nombre, y cuyo rol en la novela es... que los personajes se sorprendan por las cosas que hace y se den unos a otros codazos mientras dicen "este chico llegará lejos" y le guiñan el ojo al lector con complicidad. Porque más no hace.
Aparte de eso, es mentira que sea la historia de cuatro caballeros: es la historia de uno, con otro como secundario y los otros dos como terciarios y gracias. Ningún personaje tiene personalidad y la historia, fuera de la parte de las conspiraciones y el politiqueo, es manida como ella sola.