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Las niñas de Santa Clara
La Santa Clara de Gabriel Sosa, tan elusiva/alusiva como la Santa María de Onetti, está arrimada a un río que “se hace el distraído” y portadamarca frontera con el Brasil, histórico puente mediante, tránsito pesado en todos los sentidos y sin ninguna inocencia. Allí llega –cuarenta machucados, rutinarios años montevideanos– el periodista casi en retiro efectivo Gustavo Larrobla, solo y a intentar desatar –o menos que eso: apenas espiar, atisbar– un ominoso paquete colectivo de secreto criminal. Poner en evidencia la verdad, en suma.
208 pages, Paperback
First published January 1, 2016
About the author
Gabriel Sosa
18 books5 followersGabriel Sosa (Montevideo, 1966) es escritor y periodista. Entre otras ocupaciones periodísticas, fue crítico de cine de la revista Posdata, redactor del suplemento “Qué Pasa” del diario El País, y colaborador durante una década de El País Cultural. Publicó los libros de relatos Orientales Excéntricos y Qué difícil es ser de izquierda en estos días. Vive en Montevideo, generalmente a su pesar.
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Community Reviews
Displaying 1 - 3 of 3 reviews
November 1, 2017
Gustavo Larrobla es periodista. Supo ser periodista de investigación, de los jugados, de los comprometidos, pero ahora paga las cuentas colaborando con “Posmo”, una revista de “tendencias” (sea lo que sea que signifique esto) capitalina que, de repente, pretende un viraje hacia un periodismo más serio, con la peregrina idea de atraer otro tipo de lectores al medio. Esto le significa a Larrobla la oportunidad de volver a sus viejas artes al momento de investigar una denuncia de abuso infantil en el pequeño pueblo de Santa Clara, en la frontera con Brasil. Santa Clara es apenas un puñado de casas que sobrevive por la instalación de free-shops que motivan escasas visitas del resto del país y es prácticamente -como comproborá el periodista poco después- tierra de nadie dónde el ya mencionado abuso infantil es apenas la punta de la madeja que descubrirá Larrobla. Así, Larrobla -primero a desgano, más convencido a medida que pasa el tiempo- irá descubriendo mucho de lo todo que pasa de malo en ese lugar.
Gabriel Sosa (Montevideo, 1966) es, al igual que su protagonista, periodista y eso le permite recrear con completa verosimilitud una investigación periodística -que además está basada en hechos reales, por lo que uno imagina sin demasiada dificultad a Larrobla como un alter ego del propio Sosa- y compone una novela que en materia de producción nacional puede estar hermanada con la saga que generara Pedro Peña con su periodista Agustín Flores para la colección Cosecha Roja. La diferencia de fondo, si se quiere, entre esta novela y las escritas por Peña, es la investigación y la manera en que sus personajes protagonistas la realizan. Si bien “Las niñas de Santa Clara” se inscribe en el género negro -desde el momento que está editada dentro de la colección temática argentina Negro Absoluto, prologada por uno de los mayores exponentes de este género en ese país como es Juan Sasturain- no se aparta Larrobla en ningún momento de su condición de periodista que reporta los hechos, y no interviene en ellos ni trata de modificarlos en manera alguna. Larrobla viaja hasta allí, constata los hechos, pregunta, consulta y trata de sacar la mejor nota posible (o, al menos, la que “Posmo” le permitirá publicar) pero los hechos -más allá de horrorizarlo o conmocionarlo- permanecerán fuera de su órbita. No es Larrobla un vengador o un justiciero. Es simplemente un periodista y a eso se mantiene Sosa completamente fiel.
Lo hace incluso desde la prosa que elige para narrar su novela. Alejada de cualquier vuelo poético, Sosa apela a una narrativa llana, sencilla y contundente. Reporta los hechos que le acontecen a Larrobla con la misma conciencia de oficio que suponemos tendrá el periodista a la hora de reportar lo que ocurre en ese pueblo de frontera. Los días de Larrobla en Santa Clara van pasando inexorables y Sosa los data como si se tratara de una bitácora más interesada en señalar cada uno de los hechos que ocurren más que de darles profundidad dramática o estilo narrativo. Parecería que confía -y hace bien- en el lector para que haga esto. Sosa, tal como Larrobla, sólo se limitará a narrar los hechos y a nosotros nos tocará darles su justa importancia.
“Las niñas de Santa Clara” es la tercera colaboración de Gabriel Sosa para la colección Negro Absoluto, pero la primera en solitario. Las dos anteriores fueron “El doble Berni” y “Los muertos de la arena”, ambas en colaboración con el afamado escritor rosarino Elvio Gandolfo. Antes de éstas, había publicado los libros de relatos “Orientales excéntricos” y el muy recomendable “Qué difícil es ser de izquierda en estos días”. Dada la costumbre de la colección Negro Absoluto de generar sagas con sus personajes protagonistas -tanto “El doble Berni” como “Los muertos de la arena” eran protagonizadas por Lucantis, una curiosa mezcla entre detective y encargado de una tienda new age-es de esperar el regreso de Gustavo Larrobla (y del propio Sosa) en una nueva aventura. Ojalá.
Gabriel Sosa (Montevideo, 1966) es, al igual que su protagonista, periodista y eso le permite recrear con completa verosimilitud una investigación periodística -que además está basada en hechos reales, por lo que uno imagina sin demasiada dificultad a Larrobla como un alter ego del propio Sosa- y compone una novela que en materia de producción nacional puede estar hermanada con la saga que generara Pedro Peña con su periodista Agustín Flores para la colección Cosecha Roja. La diferencia de fondo, si se quiere, entre esta novela y las escritas por Peña, es la investigación y la manera en que sus personajes protagonistas la realizan. Si bien “Las niñas de Santa Clara” se inscribe en el género negro -desde el momento que está editada dentro de la colección temática argentina Negro Absoluto, prologada por uno de los mayores exponentes de este género en ese país como es Juan Sasturain- no se aparta Larrobla en ningún momento de su condición de periodista que reporta los hechos, y no interviene en ellos ni trata de modificarlos en manera alguna. Larrobla viaja hasta allí, constata los hechos, pregunta, consulta y trata de sacar la mejor nota posible (o, al menos, la que “Posmo” le permitirá publicar) pero los hechos -más allá de horrorizarlo o conmocionarlo- permanecerán fuera de su órbita. No es Larrobla un vengador o un justiciero. Es simplemente un periodista y a eso se mantiene Sosa completamente fiel.
Lo hace incluso desde la prosa que elige para narrar su novela. Alejada de cualquier vuelo poético, Sosa apela a una narrativa llana, sencilla y contundente. Reporta los hechos que le acontecen a Larrobla con la misma conciencia de oficio que suponemos tendrá el periodista a la hora de reportar lo que ocurre en ese pueblo de frontera. Los días de Larrobla en Santa Clara van pasando inexorables y Sosa los data como si se tratara de una bitácora más interesada en señalar cada uno de los hechos que ocurren más que de darles profundidad dramática o estilo narrativo. Parecería que confía -y hace bien- en el lector para que haga esto. Sosa, tal como Larrobla, sólo se limitará a narrar los hechos y a nosotros nos tocará darles su justa importancia.
“Las niñas de Santa Clara” es la tercera colaboración de Gabriel Sosa para la colección Negro Absoluto, pero la primera en solitario. Las dos anteriores fueron “El doble Berni” y “Los muertos de la arena”, ambas en colaboración con el afamado escritor rosarino Elvio Gandolfo. Antes de éstas, había publicado los libros de relatos “Orientales excéntricos” y el muy recomendable “Qué difícil es ser de izquierda en estos días”. Dada la costumbre de la colección Negro Absoluto de generar sagas con sus personajes protagonistas -tanto “El doble Berni” como “Los muertos de la arena” eran protagonizadas por Lucantis, una curiosa mezcla entre detective y encargado de una tienda new age-es de esperar el regreso de Gustavo Larrobla (y del propio Sosa) en una nueva aventura. Ojalá.
September 10, 2025
incluso mejor que el segundo, una gran crítica a la sociedad que uruguaya que calla, muestra el otro lado maldito y silencioso del Uruguay profundo. Hermoso.
January 14, 2024
Es un libro siempre, fácil de leer y con una historia muy dura de asimilar.
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