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332 pages, Kindle Edition
Published September 16, 2016


"Aquellas cinco putas iban a matar a un ángel. Enloquecí por completo. Muy pocas veces en mi vida he matado con tanta ira. Supongo que fue porque era la primera vez que mataba por una razón, lo cual me convertía en un asesino diferente. Lo comprobé en cuanto terminé de quitarles la vida. Era como si otro Diávolo se hubiese apoderado de mí."

"Podría estar horas describiendo la imagen de Jianna mientras bajaba aquellas escaleras y todo lo que yo sentí mientras lo hacía. Ya no quedaba nada de la escuálida joven sucia que encontré en la penumbra. Sí es importante que sepas que el que otros hombres la miraran de la misma forma que yo me llenaba de ira. Los hubiese matado a todos, pero era difícil matar con Jianna delante. (...) Después de mucho meditarlo, lo único que podía hacer desaparecer de mi cabeza la idea de matar a cada hombre que la pretendiera, era conformarme con tenerla cerca. No buscaba que se enamorara de mí, yo soy un ser condenado y ella un ángel. (...) Pero Jianna tenía algo que no tenía nadie más y que hizo que todos los hombres y un Diávolo aquella noche cayeran a sus pies."
"Pasé del entusiasmo y la euforia que me producía ver en los ojos de otros el terror de mis actos, a la ira que me invadía al oír la curiosidad que ella despertaba. (...) Era consciente de que debería empezar a acostumbrarme a que hombres que apreciaba y que despreciaba pudieran tocarla a cambio de una suma muy alta.
Yo mismo tendría que pagar por ella, aunque eso no me importaba, solo me preocupaba poder contener mi ira y no introducir mi debilidad en La Serenissima."
"Estaba convencido de que mataría a la primera persona que entrara en el callejón, pero entonces vi a Jianna. Aquella joven harapienta y sucia hizo que se desvaneciera el infierno bajo mis pies y, por un instante, dejé de ser ese monstruo al que llamaban Diávolo."

Diávolo no dejaba de moverse por el granero.
─No puedo dejarlo con vida ─le decía a Jianna.
─Tienes que pagar por lo que has hecho ─continuaba Marcelo.
─Deja que lo mate ya ─repetía Diávolo
─¡Cállate de un vez! ─le gritó Jianna y hasta Marcelo temió alguna represalia por parte del asesino. Pero Diávolo tan solo la miró silencioso un instante y salió del granero. Marcelo observó a Diávolo, la silueta del asesino acechando como un animal sin apartar los ojos de él a través de la puerta, y seguidamente miró a su hermana.
─¿Qué clase de mujer eres ahora, que te atreves a gritar y a empujar al demonio al que todos temen y él no es capaz de reprenderte?
─Ese demonio me salvó la vida...

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