Mi perfil de lector es: hombre, sesentón, jubilado, padre de dos hijos, aficionado a la lectura (sobre todo las novelas históricas de estilo clásico) y al senderismo.
Me ha costado mucho terminar este libro, aunque están muy bien el planteamiento, la trama (el desarrollo de una relación de amistad muy especial entre una mujer pagana y una mujer hondamente cristiana durante un larguísimo viaje juntas, en el s. IV de nuestra era), la protagonista (no una, sino dos mujeres bien perfiladas, cada una interesante por motivos diferentes, lo cual es un punto a su favor, porque me encantan las novelas históricas centradas en mujeres) y la calidad de la escritura de la autora, Coia Valls, además de estar bien documentada y bien ambientada.
Otra cosa a su favor (para mí, lector de más edad que prefiere mucho más saborear un buen libro que devorarlo en uno o dos días, en plan "vuelapáginas"... para eso están los periódicos, o el cine, ¿no?) es el ritmo relativamente pausado, sin muchos sobresaltos ni suspenso en cada fin de capítulo, que me parece más bien un defecto impuesto a las novelas históricas de ahora que una virtud. No está centrada en emperadores degenerados, ni en batallas apoteósicas, ni en escándalos subidos de tono, en absoluto. La trama y los personajes evolucionan "desde dentro", porque en realidad, aparte de algunas anécdotas de interés del largo viaje que hacen juntas (que no quiero mencionar en detalle, para no estropear las pocas sorpresas que hay), lo importante es cómo influyen entre sí las dos mujeres, y van cambiando, y van abriéndose la una a la otra, o mejor dicho, cada mujer al mundo y a las circunstancias de su compañera de viaje. Las dos tienen virtudes, pero también defectos, y es ese lado humano el que las hace tan fáciles de comprender y simpatizar con ellas, da igual cuáles sean las convicciones del lector, si es ateo o cristiano convencido. En ese sentido, merece leer esta novela porque es un canto a la tolerancia y a la humanidad a nivel personal.
Y el tercer punto a su favor es la profundidad psicológica de las dos protagonistas, el contraste enorme entre su formación, su educación, el ambiente y las familias de las que han salido, y las convicciones de cada una, que aportan el interés
Nada que objetar al tema, pues, a los personajes, a la ambientación, a la época elegida, o al nivel general. La gran pega, para mí, acostumbrado a esperar una cierta homogeneidad entre el género y el estilo de la novela, su continente y su contenido, es que el estilo y los diálogos son totalmente y deliberadamente contemporáneos, más bien adecuados a una novela ambientada en nuestros tiempos (o, como mucho, a partir de finales del s.XIX) que a una novela 100% histórica clásica en todo lo demás, y que, por tanto, no pegan ni con cola con el tema elegido ni la época, y a mí me rompieron por completo la "credulidad lectora de buena fe" en cada página, si no en cada párrafo. No es que espere que cuanto más "antigua" sea la época en que tiene lugar la novela, tanto más "anticuado" o engolado espere que sea el estilo y los diálogos, para nada, pero es que en "Etheria" son tan anacrónicos que chocan y chirrían mucho, y parece algo casi forzado.
A lo mejor este contraste radical entre el tema clásico y el estilo hipermoderno es un experimento de estilo de la autora, no lo sé; pero el resultado, por este detalle que a mí me frenó mucho, desmerece un conjunto que por lo demás recomiendo sin dudarlo a los lectores de cualquier edad.