Siento que me dejé llevar por un tipo de pensamiento que tenía hacia él. Estaba buscando (no sé por qué) algo más rico en literatura, algo así como un estilo marcado, ya que
Gonzalo
es reconocido por ser el creador del Nadaísmo. Pero, todo esto que digo es más por ignorancia. Pese a que reconozco esto, siento que no me habló del todo esta obra, no me llego en este momento, cosa que tal vez sí haga luego.
Me sorprendió encontrarme con alguien profundamente desencantado con las estructuras de poder, ya sean políticas, religiosas o económicas. Me suena a una mezcla entre un poeta místico, un pensador revolucionario y un predicador rebelde.
Él estaba convencido de que la única forma de salvarse (como individuo y como sociedad) es regresando a una especie de pureza original, a un estado de libertad interior donde ni los gobiernos, ni las iglesias, ni los sistemas económicos te dicten quién ser o cómo pensar.
Hay una reivindicación de la tierra, de la identidad, de lo ancestral, mezclado con una visión espiritual personal (cree en Dios, en Jesús, pero no en las iglesias).
Me voy con un fuerte mensaje y con una clara identidad de sus pensamientos, pero con un sin sabor, como si algo faltara para comprender su verdadero impacto. Espero encontrarlo en sus otras obras no tan poéticas.