Juan Gavito es un reconocido poeta y profesor universitario que, hastiado de la soledad y el sufrimiento que representa vivir, emprende un camino hacia la autodestrucción, un auténtico descenso a los infiernos que es narrado por su fiel discípulo y amigo Eladio. Para Juan sólo hay una manera de enfrentar la futilidad y el dolor de la por medio del arte y la literatura, aunque él mismo haya dejado de escribir. Para Eladio sólo existe una obsesió reunir las obras inéditas de su maestro y terminar sus trabajos que quedaron inconclusos. Las vidas de ambos se entrecruzan, se oponen, se reflejan, se comparan en una especie de dialéctica socrática entre alumno y maestro, y de esa misma manera se contrapuntea el relato de uno con los sueños y memorias del otro, su correspondencia, sus diarios y hasta las notas de su he ahí la multiplicidad narrativa a que se refería Daniel Sada cuando dijo que «Pedro Ángel Palou es muchos autores en uno».
Autor de novelas, ensayos literarios y crónicas históricas. Pertenece a la llamada Generación del Crack, junto con Ignacio Padilla y Jorge Volpi.
De formación literaria —estudió Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla—, ha sido funcionario público, académico, profesor universitario, investigador, editor, promotor cultural, chef, árbitro de fútbol. En 1991 obtuvo una maestría en Ciencias del Lenguaje en su alma máter y en 1997 se doctoró en en Ciencias Sociales por El Colegio de Michoacán.
5 días y +5000 scrolleadas en el Kindle. El último libro de 2019 y qué manera de cerrar el año lector.
Probablemente haya sido el libro "mejor escrito" de todo el año, la belleza de su narrativa es algo muy superior a casi cualquier cosa que he leído. Sigo totalmente asombrado con la narrativa y la temática.
Un poeta en decadencia y su historia.
Deseo leer todo lo posible del autor.
Es algo que le recomendaría a lectores que puedan apreciar la belleza en sus letras y en su putrida historia. Realmente es algo superior a muchas cosas leídas.
Probablemente no habrá reseña, pero es un libro maravilloso que necesita una relectura.
En México, al menos desde mi punto de vista tan ignorante, no nos falta tela de donde cortar en cuanto a literatura se menciona. Siento que, a pesar de ser un país que estadísticamente lee poco, se llega a producir una considerable cantidad de literatura. Desde la política biográfica, a la comedia o a la novela negra, pasando por la lectura de narcotrafico hasta la fantasía. Ya sea en libros publicados o revistas digitales. México es un país culto, al menos en ciertos círculos, que tristemente, pueden llegar a ser pocos.
Pará mí, las lecturas más fuertes del país, son la novela negra y la novela poética, si es que hay dicha clase de novela. Y Paraíso Clausurado, cae justamente bajo este apartado.
Juan Gavito es un poeta prodigio. Un hombre de letras y mundo. Un tesoro nacional, como se le diría más adelante en la historia, y esto, lejos de alabarlo le ofende. Juan Gavito es todo para el mundo de la literatura poética, solo hay un ligero problema, Juan Gavito, es un depresivo alcohólico melancólico que busca la muerte a través de poemas inconclusos y mucho alcohol. Toda su triste historia es contada a través de los ojos de su aprendiz Eladio Villagrá, quien conoce lo mejor y lo peor del poeta durante todas las facetas adultas que el dolor, las mujeres y el alcohol dejan en Gavito.
Una joya de la literatura mexicana, profunda, densa y por momentos, aunque se sienta muy pretenciosa, es dinámica además de culta. La recomiendo, aunque también les digo que le tengan paciencia a ciertos capítulos. Pero en general es una belleza.
Solo puedo decir que quizas todos necesitamos un Gavito en nuestras vidas, alguien que nos impulse a explorar preguntas difíciles de la vida. A lo largo de la novela sin duda la relación de Eladio y su maestro son de mucho aprendizaje. Algo diferente para terminar el año.
La relación maestro-alumno funciona bien en esta novela: le permite al autor plasmar sus teorías sobre la melancolía (principalmente), las relaciones afectivas, amorosas, sexuales, fraternales… y sobre la literatura (universal y mexicana), entre otras cuestiones. Sin embargo, el uso y abuso de las citas literarias (no dudo que haya seres que conozcan tantos libros y autores como el poeta Gavito, pues bien sabemos que la realidad siempre supera a la ficción; sin embargo, en la novela se siente muy forzado, como si el autor se hubiera dedicado más a buscar qué citar en su relato que al desarrollo del relato en sí). No obstante, hay varios elementos rescatables: eventos chuscos como la persecución del discípulo Eladio a manos de unos empistolados norteños; las descripciones de las relaciones del maestro y el discípulo, con sus respectivas féminas, en diferentes pasajes de México y Europa; incluso las menciones de todos esos autores, algunos ya leídos por quien esto escribe, pero tantos otros que no, o al menos no las obras que se mencionan de ellos… Como dice Daniel Sada, “Novela inquietante, de atisbos socráticos, ‘Paraíso clausurado’ es una apuesta frenética e insólita en nuestro medio. Una tragicomedia cargada de ideas que, por fortuna, no está circunscrita a los apremios del lector promedio ni mucho menos a su excitación falsaria. De cualquier manera queda una interrogante: ¿cómo debe ser el lector de ‘Paraíso clausurado’? Debo suponer que entrará al libro no esperando intrigarse de inmediato, sino dejándose contagiar por el idealismo y la incertidumbre de los personajes. Si esta es una condición de lectura, también lo es la necesidad de poner a prueba nuestra capacidad de asombro”.