La pregunta por el origen suele ser un ritual de paso a la adultez, pero la respuesta pocas veces inicia pesquisas tan profundas como aquella que llevó a José Carlos Yrigoyen a indagar en la vida de su abuelo, Carlos Miró Quesada Laos, periodista y diplomático que, en la margen derecha de la vida política peruana, fue sin duda uno de sus más polémicos protagonistas.
El resultado de esta investigación familiar es una conmovedora novela de no ficción marcada por las filias y fobias del antepasado: en el primer bando estarán Mussolini y Hitler, ambos en el pináculo de sus respectivas carreras y, por tanto, en el centro de sus horrores; en el lado de los antagonistas, en cambio, sobresale la figura espectral del fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre, y todo aquello que se pueda asociar con él. La emoción no parece tener sosiego sino es a través del amor, que en sí mismo es otro campo de batalla...
Narrada con un aparente deseo de distancia, pero con la ansiedad del náufrago que por fin atisba una balsa en el mar de la Historia, Orgullosamente solos puede leerse como un intento por contar aquello que se resiste a la Literatura: el pasado no como símbolo o nostalgia, sino como un hallazgo del cual es imposible desentenderse.
No es "imprescindible", ni "causa epífanias" ni es "innovador" como han dicho por ahí. Para los que hayan leído "La distancia que nos separa", encontrarán una historia similar ,aunque en vez del Gaucho Cisneros aquí aparece Carlos Miró Quesada, el abuelo fascista del escritor. La historia de la esposa de éste me generó mayor interés y hubiera quedado mejor si se ahondaba más en ella. A su vez, por momentos resultaba repetitivo el que el narrador mencione su deseo por no juzgar a su abuelo. Tal vez me anime a escribir más al respecto más adelante.
Muy personal, Entretenida, Encantadora, pero sobre todo, real. Toda la vida de la abuela fue algo que me cautivó de principio a fin. Me gustó también la mezcla entre discurso biográfico, historia del Perú, historia universal y luchas personales del autor por descubrir su identidad indagando en el pasado. El último capítulo del libro es el mejor de todos y las últimas frases me han dejado una profunda melancolía. Muy recomendable.
Y pensar que el sobrino de mi bisabuelo Racso (primo de mi abuelo Paco), Carlos Miró Quesada Laos, fue el llamado "Mussolini Peruano", fiel precursor del fascismo en el Perú, admirador de Hitler y el "Duce" Benito. Un vicio de lectura, más si al hurgar el historial familiar del autor, encuentras también el tuyo...
Está bien. Aporta datos interesantes y poco conocidos para mi sobre el Siglo XX en el Perú, por ese lado me resultó útil. Aunque el foco se pone desde el principio en el abuelo del autor, realmente es también la historia de su abuela lo que es bueno porque resulta interesante y fresco para la narración. Es corto (tiene la extensión justa) y está bien narrado de forma que mantiene el interés. Por el lado más personal del autor (de búsqueda de sus raices y como conciliar la imagen que tenía de su abuelo con lo que resultó ser) no conecté mucho, y prefiero no opinar.
Me había cruzado con este título en algunas librerías de la ciudad. Lo recuerdo porque su portada me parece muy llamativa. Creo que la combinación del color del fondo con la fotografía de Carlos Miró Quesada Laos, el protagonista de la historia, genera un muy buen efecto al momento de captar la atención de quienes pasean la mirada por los anaqueles llenos de libros nuevos. Sin embargo, no fue hasta que lo liberaron en su versión digital debido al aislamiento social obligatorio que me animé a leerlo.
La premisa es sencilla: en sus épocas universitarias, el autor descubre que su abuelo, de quién le habían contado que era un hombre amoroso, buen padre, buen esposo, etc., era recordado en los libros de historia como uno de los principales representantes del fascismo en el Perú. Yrigoren, confundido y molesto por esta otra versión de su abuelo, decide iniciar una investigación para descubrir la verdad. A raíz de este proceso, surge esta novela de no ficción que presenta a Carlos Miró Quesada Laos como un personaje ambivalente, lleno de contradicciones y que podía ser el padre y esposo que todos recordaban y, a la vez, uno de los más vehementes admiradores del nazismo y el fascismo en el país.
La forma en la que es contada la historia me resultó atractiva. A pesar de ser un tema que podría parecer un poco complicado, creo que el autor logra transmitir su proceso de investigación y sus respectivos hallazgos de manera sencilla, clara, sin vueltas innecesarias. Lo que sí me hizo ruido fue que el autor mencionara constantemente que no tenía intenciones de juzgar a su abuelo. Si bien es importante decirlo, me parece que en un momento llega a ser repetitivo.
Por supuesto, lo que más llama la atención son los personajes que se presentan y el trasfondo que posee cada uno. Para los que no conocen al protagonista (yo estaba igual antes de leer el libro), les puedo adelantar que Miró Quesada Laos fue parte de la familia propietaria de El Comercio, el periódico de mayor circulación en el Perú. Además, a lo largo del libro, iremos descubriendo que fue un político importante (fue embajador en diferentes países, fundó su propio partido político e incluso se postuló a la presidencia del país, pero sin éxito). Además, era uno de los más acérrimos adversarios del APRA, partido político al que acusaba del asesinato de sus padres. Escribió diversos libros de corte político, algunos con relativo éxito en diferentes países, pero sin mayor trascendencia en la actualidad. Aun así, el personaje que más disfruté y el que considero que es muchísimo más rico interesante que el propio Miró Quesada Laos, fue el de Beatriz Eguren, la abuela del escritor y a quién le dedican la publicación. No puedo contar mucho más para no spoilear, pero realmente es un personaje con una historia muy enriquecedora.
En un comentario previo al mío, Sebastian Uribe menciona que de este libro se dice que es “imprescindible”, “innovador”, que “causa epifanías”. Definitivamente, estoy de acuerdo con Sebastian. Aun así, disfruté la lectura, pues está bien escrita y es interesante; sin embargo, siento que se queda ahí. Para mí, un buen título es aquel que, además de estar bien escrito, me deja conmovido, pensando, queriendo saber más. Por eso, la puntuación que le doy a este libro es de 3 sobre 5.
La novela de no ficción se ha ido consolidando como género en Hispanoamérica para explorar el pasado autoritatorio y fascista que las familias, y estas sociedades en conjunto, cargan sobre sí. Está pendiente explicar el porqué de la elección y el éxito de este género, en lugar de otros, como el testimonio, las memorias, la no ficción o la historia. Creo que se debe a dos motivos. Primero, permite a los autores hacer cuentas personales con los silencios familiares y el legado moral de sus antepasados; segundo, ofrece un registro flexible en el que presentar el proceso de la investigación y los resultados, usualmente fragmentarios, en sus varias dimensiones.
Orgullosamente solos, de Yrigoyen, se enmarca en esta ola narrativa. Es una buena novela sobre su abuelo, el fascista Carlos Miró Quesada Laos. Aunque algo se ha explorado sobre el fascismo peruano, no hay realmente nada sustantivo hasta el momento. Su novela contribuye a superar este vacío narrativo e historiográfico a partir de la historia de una de sus figuras más prolíficas y destacadas. Se lee bien. Aunque hay algunos momentos mal logrados al inicio (frases ampulosas, por ejemplo), la prosa agarra empuje rápido, y lleva a que uno se enganche y acabe el libro de un tirón.
Sin embargo, la historia le quedó grande a Irigoyen. El material es bueno, pero el lector queda con la sensación de que pudo haber tenido un mejor desarrollo. En aspectos formales (estructura, ritmo, voz narrativa, etc.), aunque muy corta, la novela funciona. Donde falla es en cómo aborda el tema en sí. Algo que diferencia a los autores latinoamericanos de este género de sus pares españoles, es la procedencia familiar. Los antepasados fascistas y dictatoriales de autores como Irigoyen o Cisneros no fueron soldados rasos o gente del común, sino parte de la élite política y militar local. Sus descendientes no solo heredaron cargas morales, sino también su posición en el mundo, ser blancos letrados de clase media o alta en un país donde el racismo estructura la exclusión cívica, social, educativa y económica.
Entonces, el intento de Yrigoyen de superar el silencio resulta insuficiente. Por ejemplo, presenta el descubrimiento del pasado fascista de su abuelo en una separata de la universidad, pero falla en abordar lo que significa esa ignorancia cómplice familiar y qué hacer con ello. Trata también de construir una narrativa familiar heroica de clase media baja, pero le falta un poco de ubicaína para dimensionar realmente las cosas. La consecuencia de no examinar bien ese otro legado del que aún se beneficia es que, en su prosa, se filtra aún el clasismo y racismo, llamando chusma a las multitudes o contraponiendo el atractivo de un "mulato repelente" contra los "ojos azules magnéticos" de un blanco. En este marco, esperar que el autor complemente el otro lado de la historia, todo aquello y aquellos a los que su abuelo se oponía, y tener un relato más integral y sólido resulta casi un despropósito.
El género no se ha trasladado bien aquí. La herencia de los antepasados fascistas y autoritarios no es solo un legado moral, sino una posición y visión del mundo, que los autores no saben abordar. El resultado son narrativas patéticas de blancos buscando empatía y redención por sus antepasados fachos. Espero que el género aquí pueda superar estas trabas recurrentes.
La historia del Perú contemporáneo, más bien, del siglo XX, parece conducirnos siempre a los conflictos, a los desarraigos, a la formación de la Historia y del pensamiento.
Podemos hablar de una heterogeneidad, como planteó Cornejo Polar, o, de una polifonía, una abstracción antojadiza, desde luego, que contiene voces escuchadas, sin escuchar, olvidadas, que chiflan, que murmuran en un espacio al que llamamos territorio.
En ella han sucumbido hombres por sus ideas, ideales, se han cometido crímenes, se han celebrado revoluciones, y todos han caído; prácticamente ninguno ha triunfado. La literatura y la política comparten ese decurso expresivo, un continuum narrativo.
Al principio la lectura parece llevarnos a una superficie personal, íntima, marcada por los recuerdos, por los sufrimientos, las decepciones y la revelación. Así lo podemos contemplar en la primera novela, Pequeña novela con cenizas (Planeta, 2015), donde el narrador representa una historia que transita por dos vías: la relación padre-hijo y la vida del poeta y director de cine italiano Pier Paolo Pasolini. Yrigoyen había escrito dicha novela como una entrega vital que incorporan los escritores en su debut, es decir la representación de un hecho íntimo, filial, figuras, como lo entiende Barthes a ciertos retazos que propone un discurso. El lenguaje tenía un papel preponderante, propio de la poesía; sin embargo, nos mostraba un dominio de la prosa que podía tener un amplio despliegue en un proyecto de mayor dimensión. Este proyecto es Orgullosamente solos (Literatura Random House, 2016).
Los recuerdos que amasan y masifican la memoria anclan en la historia del abuelo. Pienso en La isla de la infancia, en el inicio, sobre todo por ese proceso de recordación de niño, de no tener muchas imágenes en la cabeza y apoyarse en las fotografías, en los recuerdos de otras personas para luego dejar correr la memoria; también en Conversación en la Catedral, ese encuentro entre el protagonista y el antiguo chofer de la familia que desemboca en una historia familiar, nacional y política… Pero estoy equivocado.
Orgullosamente solos posee una estructura episódica, como una recolección de argumentos o datos, para indagar en la vida de Carlos Miró Quesada, considerado un “directo representante político en el Perú” del fascismo, pero esta indagación también parte del trabajo intelectual de abuelo como escritor, apoyándose en los recuerdos brillantes de Beatriz Eguren, la abuela. Es una documentación exhaustiva, completa. De ese modo Orgullosamente solos nos plantea hechos mayores todavía. El “sutil latrocinio”.
El contrapunto ya no es con Pasolini, sino con Carlos Miró Quesada, ya no con el cine, sino con la política y la historia del Perú. ¿Una reavivación? Así la novela poco a poco se va tornando en histórica y periodística, que tiene al diario El Comercio como el artefacto principal de las luchas y denuncias contra un movimiento nuevo y ferviente: APRA, una lucha que no tiene perdón ni olvido.
El relato se acentúa en el abuelo materno, sí, en aquel descubrimiento: su simpatía fascista en aquellos años 30, que por instantes el narrador puede sentir empatía: “Hasta hoy no sé por qué en mucho de lo que he escrito, e incluso en ciertos momentos de definición personal, irrumpen imágenes y pensamientos cargados de totalitarismo y represión que no puedo derrotar y que con cada victoria me apartan más de lo que los demás han consagrado como el lado correcto de las cosas.”
Ideas que en ese tiempo y una parte de Lima se asumía como bandera, pues en Europa se celebraban los discursos, las acciones tanto del fascismo como del nazismo, los nacionalismos y los ultranacionalismos, a pesar de las trasgresiones y las violaciones que ya se denunciaban. En este punto, la línea argumental aún conserva el estilo de la crónica, de documental; los saltos de la memoria, que se apuntan en el lienzo, en la escritura, aún no nos da toda la certeza de lo que verdaderamente perfora el espíritu del narrador, porque no es solo a partir del tema del abuelo fascista que la lectura empieza a formarse, a cimentarse, sino de otra revelación, una mayor, una que encabeza su abuela, que transciende a sus hijos, a la madre del narrador, y seguramente a la generación por venir: “Tomó por primera vez conciencia de que su situación era ilegítima y que por lo tanto pertenecía a los predios de lo subterráneo, de lo oculto”.
Entonces las respuestas empiezan a concretarse. La gran virtud de Yrigoyen es movernos por ambas historias sin que ninguna prevalezca sobre la otra. La tensión y el tono es el mismo, y la voz no duda ni conserva ambigüedad sobre las pruebas. La vida se explica por sí sola, pero necesita de herramientas inteligentes para ser contada. ¿Cómo una niña arequipeña, de la “la oligarquía local”, llega a ser la mujer de “un hombre público atiborrado de distinciones y medallas”, hijo de “uno de los patriarcas de la familia propietaria de El Comercio”? Todo aquel proceso, recorrido, es reportado, pero sin caer en excesos periodísticos como hemos visto en otros escritores.
Orgullosamente solos es un cuadro difícil de pintar, donde se representan la nostalgia, la crudeza, la mezquindad, las mentiras, las miserias, las obsesiones, las codicias, y también el amor. En síntesis: el ser humano. Pienso que este último tópico puede diluirse por otros de mayor condimento histórico como la política, que es tan o mucho más pasional. ¿Qué puede justificar las decisiones, las conductas de los personajes? Hay una heroína, hay un antihéroe, y estos encierran y engendran un mundo. El narrador está en el marco, conducido en un inicio por el padre, luego por el abuelo. La cultura y formación masculina que lo atrapa, que lo salpica y que por consiguiente pretende reposar, luego es conducido por la abuela, la madre, y termina en la distancia, la separación, o quizá el orgullo.
“Todos están solos y desean estar unidos, dirigir toda suerte de hilos hacia cosas que son siempre iguales. ¿No tienen todos algo bueno, no albergan ciertas preocupaciones, no basta con eso?”, escribe Robert Walser en su libro Sueños.
Orgullosamente solos nos muestra todo eso y más. Una novela, un gran salto, que todo escritor siente orgullo en su soledad y que, ciertamente, todo lector, le agradece.
El autor cuenta una historia en secuencia perfecta de como el se entera de las cosas familiares del pasado y llega atraparte en su relato, es resaltante entender que el autor se ubica en su espacio y lugar con una identidad tan clara como los relatos y trata de - no solo - tener todas las perspectivas de lo que relata, sino tambien, entender el porque de las cosas, finalmente invita a preguntarte ¿que otras historias escondidas aun no han sido descubiertas o publicadas?, esperemos continue en esa linea editorial que ha convertido este relato en una historia apasionante de leer.
Parece que en nuestro país se está poniendo de moda hablar de los antepasados, por que este libro es un viaje al antepasado del abuelo del autor y su interés por el fascismo peruano en los hombros de Carlos Miro Quesada. Con una perspectiva histórica que rodea los tiempos de los años 50´s en el Perú, te cuenta cómo se desarrolla la vida política, profesional y sus intereses ideológicos acompasados con su vida personal cuya doble vida con una segunda familia, rodea y permite definir al personaje de manera completa. Puede ser interesante si quieres contextualizar la historia del Perú de esta época, sin embargo, no logra capturarte como lector al no concluir como novela ficcional, ni como novela histórica.
Buen ritmo y sin necesidad de maquillar la narración con exceso de adjetivos. En resumen, la (re)construcción de un perfil histórico y, sobre todo, la significancia que dicho (re)descubrimiento tiene para el narrador (para discusiones sobre protagonista/Autor Real, género de autoficción y demás, irse a una revista académica) en su propia búsqueda de aprehender ese fragmento de identidad familiar que le era ajeno, si es que no esquivo.
Es una lectura interesante y entretenida, que da brochazos de entendimiento de un Perú político específico dentro de un mayor marco global, y a la luz de la interpretación que del personaje Carlos Miro Quesada Laos hace el narrador.
Pero, más allá de eso, no hay mucho que decir, no hay mucho que escarbar, no hay mucho que pensar ni ver más allá. En su ligero ritmo narrativo y exposición de hechos, y salvo una que otra intervención del narrador para generar críticas socio-políticas a los eventos históricos y al accionar del personaje-objeto del libro, es una obra que no ahonda más, un muy examinado átomo dentro de un organismo someramente revisado.
Me ha gustado enterarme de lo que se publicaba en el Perú antes y durante la segunda guerra mundial, sin embargo lo que más me han gustado son las historias de la abuela del autor, lo cuál me deja con muchas dudas, en el aspecto de saber que todo iba a ser publicado, como se sentía al.compartir cosas tan íntimas, siento que es más fácil contar algo ajeno que algo tan cercano y personal como es el caso, sienro que requiere de muchas agallas y a la vez habilidad para escribir de alguien cercano y hacer una historia, Sé que el personaje en cuestión era el señor Miro Quezada, sin embargo nunca llegué a conectar con sus verdaderos propósitos.
Me quedé con ganas de saber más sobre Beatriz Eguren, especialmente, la mujer que compartió su vida con el personaje central del libro, Carlos Miró Quesada Laos, abuelo del autor. Personaje llevado por sus pasiones e ideales a vivir al límite y en peligro a nivel emocional y político, fiel defensor de Mussolinni, admirador de Hitler. Esta es una novela de búsqueda, investigación histórica y personal, y descubrimiento. Un proceso sentido e íntimo, que el escritor entrega al lector para revelarse a sí mismo.