A los sesenta años, pobre, sin casa y cesante, “derrotado incluso como escritor”, un exiliado vuelve a Chile para encontrar una ciudad de Santiago paupérrima y peligrosa. En su melancólico y obsesivo deambular conoce a Sofía, la cajera de fuente de soda que le enseña una nueva dimensión del sexo, y al cineasta Ruiz, compañero de la izquierda fracasada que lo introduce en una red criminal de pornografía, además de personajes entrañables como el taxista Waldo. Con suspenso de policial y humor corrosivo, Ídola es una de las mejores y más raras novelas de Germán Marín: su poder verbal llega a la apoteosis para mostrar la vida grotesca y corriente en medio de la devastación histórica, mientras la persistencia de su narrativa, de manera quizá conmovedora, excava hacia las ignotas fuentes del deseo.
ídola es una novela sórdida como pocas, en las que se entrecruzan el mundo burgués con lo que ocurre en las calles de un Santiago oculto a la legalidad y la moral. Frente a un telón de fondo repulsivo suceden hechos con los que uno no puede sino arrugar la cara y pensar en los contextos que proveen esta realidad. En Ídola se encuentra la peor estética del capitalismo, aquella que nadie quiere ver, pero que subsiste a partir de la misma, embellecida a punta de sangre y horror. Con un panorama devorado por violaciones, un machismo imperante en una ciudad ceñida por los ojos de un dictador y un silencio que cubre los edificios, Ídola se erige como una reseña a la búsqueda por tener una parte del pastel que es Chile, un país en donde, el autor confiesa: "la sangre ayuda a limpiar". Por otro lado, me parece chocante la forma en que German Marín utiliza sinónimos sobre chicas de 13 o 14 años; además de ciertos comentarios que, más allá de ser una ficción, se vuelven innecesarios y que demuestran más de lo que una novela puede decir. La pedofilia dentro de la obra pareciera pasar por alto, además de frases misógenas que hacían perder a la novela la esencia que arrastraba antes de la aparición de Raúl Ruiz a la vida del protagonista. La escena de la violación me pareció repugnante y ha sido una de las peores cosas que he leído. Me hizo repensar sobre lo que estaba leyendo, dejándome con ganas de cerrar el libro y todo, en realidad.
La profesora iba a traer a Germán Marín a clases a comentar el libro. Después de nuestro review, especialmente desde la bancada femenina, canceló la visita. A mí no me desagradó pero tampoco me llamó la atención.
Magnífica y delirante novela de Marín. Un mundo muy sórdido e imaginativo en esta historia de un solitario retornado en el Santiago de fines de los 80. La acabo de releer con mucho gusto.