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Poemas - Blancanieves

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El presente volumen reúne una colección de Poemas (1909), que constituye su primera publicación del género, y Blancanieves (1902), uno de los cuatro dramas en verso o poemas dramatizados que escribió. Se trata de sus obras líricas más tempranas, pero presentan ya cuajadas todas las características de las novelas (Los hermanos Tanner, El ayudante, Jakob von Gunten, Der Räuber) y las prosas breves que le han hecho un autor conocido y apreciado.

166 pages, Paperback

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About the author

Robert Walser

220 books848 followers
Robert Walser, a German-Swiss prose writer and novelist, enjoyed high repute among a select group of authors and critics in Berlin early in his career, only to become nearly forgotten by the time he committed himself to the Waldau mental clinic in Bern in January 1929. Since his death in 1956, however, Walser has been recognized as German Switzerland’s leading author of the first half of the twentieth century, perhaps Switzerland’s single significant modernist. In his homeland he has served as an emboldening exemplar and a national classic during the unparalleled expansion of German-Swiss literature of the last two generations.

Walser’s writing is characterized by its linguistic sophistication and animation. His work exhibits several sets of tensions or contrasts: between a classic modernist devotion to art and a ceaseless questioning of the moral legitimacy and practical utility of art; between a spirited exuberance in style and texture and recurrent reflective melancholy; between the disparate claims of nature and culture; and between democratic respect for divergence in individuals and elitist reaction to the values of the mass culture and standardization of the industrial age.

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3 (16%)
1 star
1 (5%)
Displaying 1 - 3 of 3 reviews
Profile Image for d.
219 reviews206 followers
June 29, 2017
Mucho tiempo esperando esto, los poemas del amigo Walser. La joya brillante se lo lleva Blancanieves. Bello fragmento en el prólogo:

En verano no escribí nunca un poema. La floración y el resplandor me resultaban demasiado sensuales. En verano me ponía triste. Con el otoño se instalaba una melodía en el mundo. Me enamoraba de la niebla, de la oscuridad, que cada vez comenzaba antes, del frío. La nieve me parecía divina, pero más hermosas y divinas me resultaban las oscuras y cálidas tormentas salvajes de la primavera precoz. Durante el frío invierno, relucían y titilaban los atardeceres fascinantes. Los sonidos me hechizaban, los colores hablaban conmigo. Huelga decir que vivía inmensamente solo. La soledad era la novia a la que yo rendía homenaje, la compañera que prefería, la conversación que amaba, la belleza que disfrutaba, la sociedad en que vivía. Para mí no había nada más natural ni amistoso. Yo era un criado generalmente sin empleo fijo. Era lo que me convenía. ¡Ah, la deliciosa y ensoñadora melancolía, el dulce temor, la hermosa y celestial desgana, la afable tristeza, la encantadora austeridad! Amaba los suburbios con sus aisladas figuras de obreros. Los campos nevados se me dirigían confidencialmente… ¡Me parecía que la luna derramaba lágrimas sobre la nieve fantasmagóricamente blanca: las estrellas! Era magnífico. Yo era tan principescamente pobre y tan majestuosamente libre… En las noches de invierno, de madrugada casi, me ponía en la ventana abierta y dejaba que el rostro y el pecho cubierto apenas con el pijama respiraran su gélido aliento. Y entonces tenía la extraña sensación de que todo ardía a mi alrededor. Habitualmente, en aquella remota habitación en que vivía, me postraba de rodillas y pedía a Dios por un verso bonito. Después salía por la puerta y me perdía en la naturaleza.


(Hölderlin, cita invisible, afinidad sentimental, etc:

Como en un día de fiesta, al alba,
sale el labrador a ver el campo
después que los relámpagos han caído sin parar
refrescando la noche cálida
y siguen aún a lo lejos retumbando los truenos.
El río retorna a su cauce
y el suelo, refrescado, reverdece ya;
los viñedos gotean por la lluvia benéfica
de los cielos y los árboles del bosque
relucen quietos bajo un sol apacible.

Así están ellos cuando el clima es propicio,
ellos que no fueron educados por un solo maestro
sino por la bella Naturaleza, maravillosa,
omnipresente y dominante, entre dulces abrazos,
y así es como a veces, en ciertas épocas,
ella parece dormitar en el cielo, entre las plantas
o entre los pueblos, así se entristece también
el rostro de los poetas que parecen estar solos
pero están siempre presagiando el futuro;
y así ella, de esa misma manera, descansa también.

Pero ahora está clareando el día. Esperé este momento,
lo he visto venir y mi palabra hace bueno lo que vi.
Pues la Naturaleza, ella misma, más antigua
que los tiempos, está por encima
de los dioses del Oriente y del Occidente
y se alza ahora con estrépito de armas
y desde lo alto del Éter a lo hondo del abismo,
según leyes estables nacidas del sagrado Caos
desde siempre, siente surgir de nuevo
una exaltación que da vida a todo lo existente.

Y así como un fuego brilla en la mirada del hombre
que ha proyectado algo grande,
así estas nuevas señales y hazañas del mundo
encienden también una hoguera en el alma de los poetas.
Y lo que antaño ocurrió sin apenas entenderlo nosotros,
ahora se nos manifiesta por primera vez
y reconocemos en ello a las vivificadoras fuerzas de los dioses,
aquéllas que antes, sonrientes y como si fueran
esclavos, labraban nuestros campos.

¿Me preguntas tú por ellas? Su espíritu sopla
en el canto que nace del sol del día y de la tierra acogedora,
de tormentas en el aire y de otros fenómenos
que, habiendo surgido de la profundidad de los tiempos
y siendo más comprensibles y a nuestro alcance,
tienen lugar entre el cielo y la tierra
y entre los pueblos. Los pensamientos del espíritu,
comunes a todos nosotros, reposan sosegados
en el alma del poeta que, atrapada de repente

y abrasada por el sagrado rayo,
y desde siempre habituada a lo infinito,
consigue el fruto que nace del amor,
que es el canto, obra de los hombres y de los dioses
y testimonio de todos ellos.

De esta manera, según cuentan los poetas,
cayó el rayo sobre la casa de Sémele,
pues deseó ver al dios y entonces,
divinamente herida, concibió al sagrado Baco,
fruto de la tormenta.

Por eso ahora los hijos de la tierra beben
sin peligro el fuego celestial.
Pero a nosotros los poetas, nos corresponde
aguantar con la cabeza desnuda las tormentas del Dios,
asir con las manos ese rayo del Padre
y poder brindar al pueblo, con nuestro canto,
el don celestial y, si tenemos un corazón puro
como los niños y unas manos inocentes,

el rayo sagrado del Padre no nos consumirá;
y, aunque estemos hondamente estremecidos
compartiendo los sufrimientos más fuertes,
nuestro corazón permanecerá firme
cuando nos sobrevenga la tormenta del dios.)
Profile Image for Eadweard.
604 reviews520 followers
November 11, 2018
TIEMPO POR DELANTE

Me esfuerzo por reír
y por estar alegre,
pues así debo hacerlo:
hay tiempo por delante.
Por la trillada senda
de un corazón cansado
van antiguos dolores:
hay tiempo por delante.
Tengo que controlar
esta tendencia al llanto
junto con otras cosas:
hay tiempo por delante.
----




¿NO?

Acostado en mi cuarto me atormentan
desgraciados recuerdos de lo mal
que lo he pasado siempre, y cómo sigo
obligado a pasarlo todavía.
¿Pero es que acaso hoy no luce el sol?
Están todos los pobres de rodillas
postrados con sus grandes corazones
y sus rostros inquietos por el miedo.
¿Pero es que acaso hoy no luce el sol?
----




COMO SIEMPRE

Ahí sigue la lámpara,
la mesa sigue ahí,
y yo sigo en el cuarto,
suspirando anhelante,
como siempre.
¿Ahí sigues, cobardía?,
¿y tú también, mentira?
Me llega un negro sí:
ahí sigue la desgracia,
y yo sigo en el cuarto,
como siempre.
----




Y SE MARCHÓ

Agitó su sombrero y se marchó:
le llaman caminante.
Arrancó las hojas y se marchó:
le llaman duro otoño.
Repartió su sonrisa y se marchó:
le llaman majestad.
De noche dio en la puerta y se marchó:
le llaman pesadumbre.
Mostró su corazón y se marchó:
le llaman pobre hombre.
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UNA HORA
Hora viene, y hora va;
cabe tanto en una hora,
cabe el amor contrariado,
cabe el anhelo que sopla
igual que el viento del alba.
Dice el día en una hora
su plegaria o su blasfemia;
y yo soy la casa pobre,
llena de gozo o de pena.
Cabe el mundo en una hora,
ajeno y sin pretensiones,
aunque yo no siempre sé
dónde dormita mi mundo.
Profile Image for Micaela *CLONAZINE*.
591 reviews7 followers
August 14, 2023
Muchos poemas sobre la nostalgia y la melancolía. Después la obra de Blancanieves me encantó cómo estaba escrita pero el final me pareció medio falopa. Amé el estilo del autor.
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