Canto a la infancia perdida, nostalgia de la región primera, adonde vuelve el poeta cada tanto y recuerda minuciosamente el vibrar de las hojas de los árboles, el vuelo de las aves arrastrando la tarde consigo, los caballos fuertes, reflejando al sol en sus grupas. Es un poemario de la memoria, de la evocación, de la nostalgia, donde la música es la protagonista, "el bosque para los oídos". La cadencia, la ruptura del verso en fragmentos que se diseminan por la hoja en blanco, y la descripción precisa, exacta, de todos los paisajes del sur.
Pero no solo eso. En este relectura pude ver, también, algunos poemas donde Aurelio Arturo rompía ese pasado armonioso y lanzaba su mirada a la urbe, cantaba la música de la urbe, las luces de las calles, el corazón que casi no se oye por el ruido de la ciudad.
Los "otros poemas" (que yo los tenía tan pendientes) están llenos de candidez e inocencia, me sigue encantando imaginarme al sol trabajando a la par con los jornaleros.