Pocos escritores como Víctor Muñoz, porque jamás traiciona su estilo y su apuesta personal por la coherencia. Es decir, vuelve cada que puede, y siempre puede, por lo visto, a los temas más complejos y simples de la vida de los guatemaltecos. Así, lejos de desgarramientos, realiza una disección fría de nosotros mismos. Pero esa frialdad es aparente, porque en estos textos volvemos a encontrar esa particular mirada que lo ha llevado a construir una obra sólida y, sobre todo, sin mayores pretensiones que escribir bien.
Es un libro de cuentos, que tiene buenas historias y otras no tanto. Esperaba más del autor después de haber leído La Noche del 9 de Febrero, pero tuvo algunas historias que me lograron transportar con los protagonistas y otras que únicamente quería que terminaran.
Algunas faltas de ortografía en la edición hicieron que la lectura no fuera tan agradable.
Me encanto mucho, ha sido uno de los mejores libros Guatemaltecos que he leído, sus historias son profundas y en serio demuestran la crueldad de muchas personas en la vida Real. Lo único que siento es que el título no es algo que resalte mucho en el libro pero el resto estuvo increíble.