Nadie escribe hoy como María Martoccia. El juicio, que define una exclusión, implica en apariencia un elogio y exige o merece un argumento. Nadie considera como ella la superficie y la hondura de la novela, nadie la explora con esa intranquila y radiante suficiencia, con esa desconfiada superioridad. Esta suficiencia y esta superioridad, sin embargo, no son atributos del sujeto sino habilitaciones del género, licencias provistas por el talento con el que se lo ha interrogado. Desde el comienzo María Martoccia lo hizo con la misma asidua violencia e intensidad. Los personajes en esta novela se observan y son observados. Adquieren, gracias a esas distancias y mesuras de la mirada, requisitos y servicios dignos de la novela decimonónica. ¿Anacronismo, atraso? Todo lo contrario: el estilo, al retrotraerse sin gesticulación evidente, evita la contracción del homenaje y la parodia. Los requisitos y servicios se convierten, sin pleitesía, en procedimientos y recursos propios, de la autora. La lectura de Años de gracia comporta el más extraordinario de los placeres literarios: el de conocer esas vidas dentro de un mundo cerrado, a la vez imperfecto y completo, insuficiente y ávido como la realidad, descripto con palabras precisas, exactas en su invencible hábito de invención. Ah, y cómo se respira el viejo oficio de escribir de María Martoccia, cómo se extraña ese tiempo en el que el trabajo y la felicidad se reclaman mutuamente. Luis Chitarroni
Al finalizar la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires y junto con su marido Raymond, profesor de lingüística, viajó por el mundo (viviendo en Inglaterra, Yemen, Tailandia, Malasia y Marruecos). Desde hace diez años que residen con su pequeño hijo en San Marcos Sierras, en el valle de Punilla (Córdoba). En 1996 publicó Caravana, un conjunto de cuentos irónicos y oblicuos que atraviesan los temas del extranjero, la lengua materna, el viaje y las relaciones familiares. Años después publicó su primera novela, Los oficios, ambientada en un pueblo de clase media en Córdoba, donde hace gala del recurso de la figuración del bilingüismo de los personajes, que conversan en inglés en clubes serranos. Con Javiera Gutiérrez publicó una serie de artículos sobre mujeres célebres, como Billie Holiday o Frida Kahlo, afectadas por enfermedades, luego compilados en un libro (Cuerpos frágiles, mujeres prodigiosas). Este libro fue traducido y editado en portugués también.3 Cuentos editados e inéditos integran antologías de la literatura argentina contemporánea.4 En diciembre del 2006 publicó su segunda novela: Sierra Padre, editada por Emecé. Además de su trabajo como escritora, Martoccia también se dedica a la traducción de libros, siendo muy reconocidas las realizadas de las obras del Premio Nobel de 1968, Yasunari Kawabata.
Pienso darle una oportunidad más a la autora porque su forma de narrar me pareció bastante bonita, además de que la sentí muy argentina. La historia gira en torno a un accidente, que no se sabe si realmente fue así o fue un asesinato. Los capítulos se me hicieron muy amenos y divertidos, los diálogos son muy entretenidos, sentía que estaba adentro de la historia. Sin embargo, no todo es color de rosa. Me hubiese gustado una conclusión con más peso, que cierre la historia que nos narra la autora; sinceramente, el final, me dejó con sabor a poco. Recomiendo para pasar el rato.
me sentí en una peli desde que lo empecé, la descripción detallada pero no extensa de los hechos y las cosas, y la fluidez del relato me hizo sentir que iba paseando de lo bien que me podía imaginar todo no le doy más estrellas porque siento que hay capitulos extraños, cómo inconclusos
No quiero calificarlo, quisiera que alguien a quien le haya gustado, me cuente por qué. Un narrador omnisciente, decimonónico, y descripciones estilo guión. No me atrapó pero quisiera darle una chance